NÚMERO DE VISITAS

jueves, 27 de septiembre de 2012

EL JUICIO DE DIOS

Generación Kindle.
Bajo esta denominación alguien ha decidido ir uniendo a aquellos autores que publican ebooks en Amazon, artistas de la escritura aparentemente desahuciados del totalitario sistema editorial que, no obstante, han dado un ejemplo de imaginación, valor y tenacidad ciertamente envidiable.
No sé si también pueden sentirse parte de este grupo de seres audaces quienes han comenzado a utilizar el lector de libros electrónicos de dicho nombre, aparcando momentáneamente el placer de sentir un libro de papel en las manos, con su peculiar tacto y aroma. Si es así, entonces yo también lo soy.
Pero me siento parte de la Generación Kindle porque antes que lector de libros electrónicos fui autor desahuciado. Sé perfectamente qué es lo que se siente cuando, ilusionado al máximo, crees que con lo que llevas bajo el brazo las editoriales caerán rendidas a tus pies. En mi caso, ni siquiera esperaba que publicasen mi novela; gasté un dineral en hacerlo yo mismo. Pensé, ingenuo de mí, que teniendo un libro físico “tan bueno” en las manos sería coser y cantar. Solo había que convencer a alguna distribuidora… ¡solo!
De aquello han pasado casi cuatro años y conservo un cajón lleno de cartas de agentes literarios, editoriales y distribuidoras que “lamentan profundamente no poder ampliar autores en este momento”.

Hace pocos meses, una buena amiga me puso en contacto con una editorial especializada en ebooks, (yo no conocía Amazon, aunque pueda resultar sorprendente) que aceptó mi trabajo y con quienes firmé un contrato. Desde entonces lucho a favor de lo electrónico, aunque sigo soñando con sentarme en el Metro y ver a alguien leyendo mi novela en papel, para poder reconocerla, y me solidarizo con otros autores noveles. Todo el mundo sabe de mi compromiso con ellos, que en realidad es conmigo mismo, como se puede ver en mi web.
Por eso, me faltó tiempo cuando me regalaron el Kindle para descargar 11 novelas de Amazon correspondientes a otros tantos escritores desconocidos para mí. Y eso aunque tenía en agenda media docena de títulos pendientes de comprar de manera convencional.
He estrenado el dichoso aparato con El juicio de Dios, de Ríos Ferrer. (Pinchando en la portada de la obra se puede descargar la misma). Y quiero dejar constancia en esta entrada de mi opinión como lector.

El Juicio de Dios

El juicio de Dios es una novela con un argumento, a mi parecer, insólito. Nunca había leído algo similar. Además, compré el libro sin conocer la sinopsis, así que no tenía ni idea de qué trataba. Es la historia de un bufete de abogados norteamericanos, de esos asquerosamente ricos e inaccesibles, que se enfrenta en nombre de su cliente, una mujer con una experiencia traumática a la espalda, nada menos que a la Iglesia Católica y a su máximo exponente: el Papa. Para ir comprendiendo la sólida y complicada historia que narra, el autor traslada al lector de aquí para allá a varios escenarios, algunos paralelos y otros tan antiguos como los primeros años de nuestra era. Sin embargo, las transiciones son cómodas y van cimentando el contenido de la novela.
A medida que leía, me preguntaba cómo se las arreglaría Ríos Ferrer para concluir la historia, pues página tras página iba creciendo en expectativas. Y puedo decir que está bien rematada, es creíble y satisfaciente. Odio las obras que se elevan más y más, se hacen tan intensas que el autor no sabe cómo llevarlo a buen puerto… y acaban apareciendo extraterrestres y se “aclara” todo. No es así en éste caso.

Si tuviese que poner una “pega” diría que precisa de una revisión de signos de puntuación y auxiliares (guiones, comas, puntos y comas…). Reconozco que al principio me costó un poco de trabajo hacerme con el estilo. Pero sin duda no le resta valor a la obra que, para mí, es ciertamente recomendable.
No puedo olvidar que aquella novela que me atreví a publicar, y de la que estaba tan orgulloso, estaba impregnada de laísmo por doquier. Algunos lectores valientes me advirtieron del hecho, aunque comprendieron que no desmerecía la historia. Y yo agradezco tanto aquellas críticas…
Así lo pienso, y así lo escribo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

POLLO AL AJOPIPU

Literatura y cocina. Cocina y literatura.
Ambas palabras juntas, sin importar el orden, no solo resultan en una eufonía redonda; además, tienen un nexo de unión invisible y, sin embargo, real.
Los amantes de la historia medieval o los lectores de novela histórica saben cuán estrecha era la relación entre ellas. En los monasterios, por ejemplo, mientras los religiosos comían juntos en el refectorio, escuchaban en silencio la lectura de textos. De hecho, no se empezaba a comer hasta que el lector subía a su lugar.

Lo escrito, sin importar si era o es de carácter clerical o laico, para entretener o formar, antiguo o moderno, impreso sobre arcilla, piel, pergamino, papel o dispositivos electrónicos, abunda de referencias directas o indirectas hacia lo que la cocina representa: una necesidad casada con un placer.
Cuando hablo de literatura y cocina no estoy pensando en escritores “triperos”, (y esto lo digo con profundo respeto, pues yo mismo me considero así). Pienso en aquellos que no se han resistido a mostrar una escena en su obra en la que se desarrolla una parte importante de la historia que cuenta, o simplemente haciendo divinamente humanos a sus protagonistas, permitiendo que el lector vea unos fogones a pleno rendimiento o una mesa bien surtida. Pienso en esos temerarios del papel en blanco que han compartido olla y cuchara de madera, mesa y mantel, con la musa.
Estos sentimientos son los que me empujan a inaugurar esta sección de los miércoles en este humilde blog. Y tal y como prometí, voy a desvelar la misteriosa receta del pollo al ajopipu que, como veréis, no es tan misteriosa. Mientras lo hago, imagina a Carla, Pablo e Iñaki, protagonistas de El pozo de Harod, en la escena que se narra allí…

Pollo al ajopipu
Poco a poco había caído la noche y Carla, dándose cuenta de que aquello se alargaría indefinidamente, decidió dejar a los chicos en la biblioteca y preparar algo de cenar.


INGREDIENTES:
1 pechuga de pollo hecha filetes, 2 contramuslos de pollo hechos filetes, 1 pimiento rojo, 1 puerro, 5 dientes de ajo, 5 patatas, 4 cucharadas de harina de trigo, 1/2 vaso de vino blanco, perejil picado, aceite de oliva virgen extra, sal gorda, sal fina, pimienta negra molida y agua.

PREPARACIÓN:
Picar en juliana el pimiento y el puerro, una vez lavados. En una cazuela con un chorrito de aceite pochar el picado. Mientras tanto, cortar el pollo en trozos medianos y salpimentar. Pelar las patatas y cortarlas en tamaño algo mayor que un dado (ideal como las patatas bravas). En una sartén con aceite bien caliente, freír las patatas y, una vez fritas, apartar, escurriendo el aceite sobrante.
Pelar los ajos y, en un mortero, majarlos con un poco de sal gorda. Después, echarlo en 1/2 vaso de vino blanco, mover bien y apartar.
Una vez pochado el pimiento y el puerro, añadir el pollo y remover hasta mezclar. Añadir la harina y rehogar con la mezcla de vino y ajos. Luego cubrir con agua y cocer entre 20 y 30 minutos sin dejar de mover para evitar grumos. (Nota: el tiempo de cocción permitirá la reducción del agua y el espesamiento de la salsa, interrumpiendo éste al gusto).
Cuando el guiso esté a punto, añadir las patatas y remover 5 minutos más a fuego lento. Servir, adornando el plato con un espolvoreado de perejil picado o utilizando la imaginación.

—¡Iñaki!, ¡Pablo!, venid. Esto ya está —les dijo.
Agotados, con el cuello dolorido por mirar tantos libros, dejaron todo y acudieron a la cocina. El olor de la cena les devolvió la sonrisa.
—¡Hum! Huele fenomenal.
—Mejor sabrá —respondió ella, halagada.
—Seguro que sí.
Mientras se acomodaban en la mesa y Pablo servía algo de vino, Carla trató de ponerse al día.
—¿Habéis encontrado algo?
—No —contestó Iñaki, desolado.
—Tal vez estamos perdiendo el tiempo. Quizá no hay nada que encontrar porque no hay nada que buscar —dijo ella.
Y comenzaron a cenar.
—Esto está buenísimo, Carla.
—Gracias, Pablo. ¿Sabes?, cuando era una niña, mi padre y yo inventamos este guiso.
—¿En serio?
—Sí. Tomamos prestada una receta, lo ajustamos a nuestro gusto y cambiamos su nombre.
—¿Cómo lo llamáis?
—Pollo al Ajopipu—respondió ella.
La cara de perplejidad de Pablo obligó a Carla a explicarle la razón de tan excéntrico nombre, pero Iñaki se adelantó.
—Lleva ajo, pimiento y puerros... Ajo-pi-pu.
—¡Ah!, ya comprendo —dijo Pablo—. Bueno, el nombre es poco comercial, pero lo importante es lo bueno que está.
—¿Os habéis parado a pensar en que, a lo peor, papá no ha dejado ninguna pista, porque no era necesario? —preguntó ella, y añadió—: ¿Para qué hacerlo? Los tres conocían lo que se traían entre manos y no hacía falta dejar rastro de eso, ¿no?
—Espero que no sea así, porque si no... —se lamentó Pablo.
—Pero —intervino Iñaki—, ¿por qué han asesinado a sus amigos, y de esa manera?
—Esa es la cuestión —dijo Pablo, mientras se limpiaba los labios con una servilleta—. Llevo toda la tarde pensando en ello…

¿El secreto de hoy? Alguien dijo que "cuando uno escribe una novela, escribe su biografía". Y, sí. Mi hija y yo inventamos este guiso tal y como se narra en el relato.
¡Que aproveche!
Así lo pienso, y así lo escribo.

martes, 25 de septiembre de 2012

TRAS LOS PASOS DEL ARCIPRESTE DE HITA

“He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas…”

Tomo prestadas estas palabras de Machado porque me dan un extraordinario pie para esta entrada.
Muchos saben de mi afición al senderismo, que no prodigo como quisiera por falta de tiempo. Pero hoy voy a compartir un agradable paseo de una hora y media de duración aproximada y no muy exigente. Al disfrutarlo, no solo transitaremos por un paraje incluido en el recién aceptado anteproyecto de Parque Nacional. Además está impregnado de matices literarios. Claro, para realizarlo será necesario acercarse a la sierra de Madrid, concretamente a la localidad de Guadarrama.
El recorrido de la ruta que propongo debe su nombre a Juan Ruíz, Arcipreste de Hita, quien emprendió una gira al final de un ya lejano invierno con el objetivo de “provar todas las cosas”, como él mismo escribió.
Una parte de dicha gira acontece en las inmediaciones del Puerto de Tablada, a medio camino entre Guadarrama y lo que hoy conocemos como el Puerto de los Leones. Aquí cuenta que tuvo contacto con la última de cuatro mujeres serranas de peculiar aspecto.

En fin, el recorrido comienza en el km. 56 de la N-VI, en plena subida al puerto, a la derecha, donde un dolmen de piedra marca el inicio de una pista forestal que nos conducirá al monumento al Arcipreste de Hita, declarado en 1930 Munumento Natural de Interés Nacional a petición de la RAE. Aquí se puede dejar aparcado el coche.
El camino es ancho y cómodo, en suave descenso. Resulta ser una vía que atraviesa un hermoso pinar con abundantes helechos, un solitario espacio donde disfrutar de los sonidos del bosque y de las impresionantes vistas.
Si afinamos el oído y dejamos volar la imaginación, es posible escuchar al pastor trashumante de otra época contando la historia de aquel:

“Como dice Aristóteles, cosa es verdadera.
El mundo por dos cosas trabaja: la primera
por tener mantenencia; la otra cosa era
por tener juntamiento con hembra placentera”.

Versos escritos por el Arcipreste siguiendo las normas del Mester de Clerecía y su Cuaderna Vía, igual que las pistas que Carla y Pablo siguen en El pozo de Harod.
En cierto momento, y a la izquierda, aparece un monolito de piedra que avisa del inicio de un sendero de 800 metros que conduce directamente al monumento. Se trata de un camino en constante ascenso, pero fácil de recorrer y bien señalizado, a veces mediante hitos, otras veces con montoncitos de piedras apiladas.
Entre historias de tiempos pasados llego a la Fuente de Aldara, cuyo nombre es tomado del que tenía aquella cuarta serrana, tan horrible y grande que el Arcipreste afirma:

“En el Apocalipsis, San Juan Evangelista
no vio tal figura ni de tan mala vista”.

Y aunque él clérigo recorre la sierra probando el amor de las mujeres, buscando “compañía siempre nueva, porque es bueno saber bien y mal y usar lo mejor”, ni por dinero es capaz de tener trato carnal con ella.
Prosigo el camino hasta llegar a una pradera, antesala del último esfuerzo antes de llegar al monumento a su autor. Las señales son visibles y fáciles de seguir. Y a la izquierda aparece el objetivo, a cuyos pies se protege un arcón de madera que guarda un ejemplar de su obra: el Libro del Buen Amor y las anotaciones de cuantos llegan hasta allí y desean inmortalizar su paseo dejando escrito un comentario.



Y mientras desando el camino, no puedo evitar pensar en el “golfo” del Arcipreste y en cómo éste personaje inspira admiración al otro Arcipreste, mi amigo Carlos Picatoste, uno de los que más me ayudaron en mi afición y a quien menciono con sincero respeto en la lista de agradecimientos de mi novela.
Así lo pienso, y así lo escribo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

CANON, DE PACHELBEL

Inicio esta serie en la que iré presentando cronológicamente la música que acompaña a mi novela “El pozo de Harod” con una pieza de música clásica universalmente conocida. Se trata del Canon (o Kanon, en el original alemán) de Pachelbel.
Johann Pachelbel compuso esta melodía en 1680, en plena época barroca. Fue concebida como música de cámara, es decir, aquella que se interpretaba en una habitación por un reducido número de músicos y sin director. En este caso, Pachelbel lo escribió para tres violines y un contrabajo. Y aunque se han realizado innumerables versiones, a mi modesto entender sigue siendo más bella cuanto más se ciña al original.

La suavidad y armonía que impregna esta maravilla afectaba profundamente a Luis Martín, uno de los protagonistas principales de la novela.

Johann Pachelbel
Como se puede leer en ella, él paseaba por su impresionante biblioteca mientras el ambiente se llenaba con las notas del Canon, invadido por un sentimiento de paz interior pese a empezar a comprender que estaba muy enfermo.
Haz clic en la imagen del compositor y, cuando se abra, minimízalo, cierra los ojos y déjate llevar por la música hasta la biblioteca de Luis Martín.

Percibe el olor de madera noble y viejos libros mezclándose con el sutil perfume de la leña que se quema lentamente en la chimenea. Escucha sus pausados pasos sobre el suelo de piedra natural, mientras medita en la inmensa responsabilidad que descansa sobre sus hombros por ser quien es.
Imagina los amplios ventanales por los que penetran los primeros rayos de sol del nuevo día. Observa a través de ellos la inmensidad verde de Cantabria y la calma que transmite ver aquí y allá pequeños grupos de vacas pastando en un paisaje infinito de pueblecitos de madera y piedra.
Ahora siente el aroma del café recién hecho y de bollitos acabados de sacar del horno. Y contempla a Luis Martín a punto de comenzar a hojear un periódico cuyo contenido le obligará a tomar una decisión que dará comienzo a una impresionante historia…

Voy a desvelar un secreto directamente relacionado con esta creación literaria. En un comienzo, los primeros borradores de la obra incluían un comentario sobre Luis Martín y el Canon: “… una melodía que soñaba que sonaría en la boda de su hija…”. Después pensé que no iba a encajar en el desarrollo de la novela, así que lo eliminé. Pero yo también soñaba eso y, a diferencia del personaje, pude cumplirlo el día que acompañé a mi hija agarrada de mi brazo el día de su boda. Fue un sueño hecho realidad.
Así lo pienso, y así lo escribo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

REPLANTEO

Llevo varios días sin acercarme a este atril. No es que me haya olvidado de él, y mucho menos que me haya cansado. Estoy ocupadísimo ultimando los detalles de lo que, para mí, será la culminación de un proyecto en el que creo absolutamente. Solo faltan unos días para el lanzamiento mundial del book-trailer de mi novela “El pozo de Harod”, hecho del que avisaremos con tiempo. Será el fruto de un enorme y complicado trabajo, sobre todo teniendo en cuenta los medios utilizados. Pero estoy seguro que despertará el deseo de leer la obra y será el punto final al trabajo de creación; ya solo quedará la promoción… ¡casi nada!
Este novedoso método está empezando a ganar adeptos, porque una buena música acompañando imágenes impactantes siempre deja huella. Por eso no comprendo bien por qué tantos autores que hacen book-trailer sobre sus obras no se lo curran más. He visto algunos verdaderamente cutres y lo cierto es que no se necesitan grandes medios para lograr un resultado digno, que es lo mínimo que mi equipo y yo buscamos.
Pero otros son sorprendentes, como el que os invito a ver pinchando aquí, realizado por el Consejo del Libro de Nueva Zelanda con la intención de estimular a la gente a leer. No solo resulta impactante cómo está realizado, sino el mensaje final: “Where books come to life” (Donde los libros cobran vida). Videos como éste me empujan a esforzarme por conseguir que el que estamos preparando esté a la altura de la novela en la que se basa, trabajo del que me siento orgulloso.

Pero hoy quiero hacer un replanteo en el blog.
Un blog de las características de éste debe tener vocación de servicio público. Quiero decir que debe servir para compartir; por eso está abierto a la opinión de quienes lo siguen. Yo pongo a vuestra disposición lo que tengo: mi trabajo, aficiones, inquietudes, opiniones, experiencias, etc. Y estoy encantado de recibir a cambio lo que tenéis vosotros, seguramente bastante más que yo.

Siguiendo este patrón, voy a ir incorporando algunas “secciones fijas”, si se me permite la expresión. Comenzando la semana que viene, cada lunes iré compartiendo la música de mis novelas, la banda sonora de la historia narrada. ¿No te parece original leer y a la vez escuchar lo que los protagonistas oyen? Intentaré encuadrar cada melodía en el contexto de la novela. De esta forma se podrán comprender sus sentimientos, incluso los del autor.

Los miércoles vamos a hablar de gastronomía. Quienes me conocen saben de mi afición por la cocina. Por eso pretendo presentar platos contrastados en mi propia cocina, comenzando por un guiso contenido en “El pozo de Harod” y sobre el que me han preguntado muchos lectores: pollo al ajopipu. Algunos dirán que incluir recetas de cocina en un blog de escritor chirría. Pero estoy convencido, porque a mí me ocurre, que tanto la música como la cocina inspiran cantidad de escenas susceptibles de ser incorporadas a una obra literaria. Y si no, ya he dicho que pretendo compartir lo que tengo, en este caso, aficiones.

Me haría ilusión dedicar cada viernes a recuperar alguno de los relatos que tengáis a bien enviarnos. Así no solo estarían publicados en la web, sino en un blog. Pero para eso es necesario que nos los enviéis, de manera que vuelvo a invitar a todos los autores noveles a honrar nuestra página con sus trabajos.
Es un placer y un privilegio hacer lo que hago.
Así lo pienso, y así lo escribo.

viernes, 14 de septiembre de 2012

COMPROMISO CON LOS NOVELES


La primera vez que ejercí como monitor en una Escuela-Taller fue sustituyendo a un compañero que se acababa de jubilar cuando aún faltaban ocho meses para terminar aquella promoción.
Me encontré con ocho alumnos de 17 años, desahuciados del sistema educativo y excluidos de la sociedad. Me miraban con recelo y yo me preguntaba cómo iba a enseñar albañilería a niños (en poco tiempo se convirtieron en “mis niños”) cuyos únicos objetivos cada fin de semana eran emborracharse y tirarse a alguna chica.
Uno de ellos, que se había ganado a pulso entre mis colegas docentes y sus mismísimos compañeros el título de “vago profesional”, me explicó que jamás había colocado un azulejo. Esa afirmación era sorprendente habida cuenta de que llevaban consumidos dieciséis meses de un curso en el que no se hacía otra cosa. Pero su permanente mala actitud desde el principio empujó a mi antecesor a marginarle recogiendo escombro y limpiando herramientas. Y estaba amargado al máximo.
A mí se me ocurrió dedicarle más tiempo e interés, enseñándole lo más elemental del oficio, como si acabásemos de empezar el proyecto. Él me siguió la corriente, seguramente convencido de que, más pronto que tarde, arrojaría la toalla. Pero no me conocía. Durante varios días me esforcé por persuadirle de lo maravillosa que es la tarea del albañil que, como suelo explicar a mis alumnos, es el que “divide el espacio y que, sin su trabajo, ningún otro oficio efectuaría sus labores”.
En fin, fue capaz de poner cinco o seis azulejos en una jornada de siete horas. Yo me sentí satisfecho, pero él mucho más. Tanto que cada mañana, antes de empeñarse en mejorar la marca del día anterior, miraba el trabajo que había realizado y lo mostraba orgulloso a todo el que quisiera prestarle un poco de atención.
Estoy seguro que hoy andará detrás de alguna chica y que no se dedicará al menester que traté de enseñarle. Pero yo aprendí una lección: cuando realizamos una tarea, da igual si se trata de poner azulejos o escribir una poesía, nos sentimos bien si otro lo ve y realiza algún comentario elogioso. ¿Acaso no es eso lo que necesitamos para seguir luchando?
Soy un autor novel, para quien es un privilegio enseñar mi trabajo, así como recibir tanto elogios como críticas constructivas. Y comprendo que otros como yo deben sentir algo parecido. Además, hace poco leí a Blanca Miosi en su blog Cómo vender un libro de manera eficiente: “Durante el día no suelo promocionar mis libros en España porque existe una diferencia de siete horas. Pero tengo un ejército de buenos amigos que me hacen el favor de retuitear o twitear las noticias de mis libros. No se imaginan lo gratificante que es encontrar a mi regreso del trabajo una cantidad apreciable de publicidad hecha por mis amigos. ¿Cómo pago yo ese inmenso favor? En las horas que sí estoy disponible y que en América todavía la gente está despierta, 4, 5, 6 de la tarde o más, promociono los libros de los que lo han hecho por mí, mientras España duerme”.
Según esto, y comprendo lo inteligente del argumento, esta gran escritora no tiene miedo a ayudar a que otros autores sean conocidos.
Pues la verdad es que me siento orgulloso de haber puesto desde el principio en marcha una idea apoyándome en mi web www.eduardoperellon.com, una que no he visto desarrollar a ningún otro autor (no soy omnisapiente, de modo que no puedo saber si hay alguno que lo haya hecho y no lo he visto. Perdón por ello).
Tenemos habilitado un espacio al que mi equipo y yo denominamos NOVELES desde donde pretendemos recopilar relatos escritos por autores noveles o desconocidos (aunque estaríamos encantados si algún escritor consagrado tuviese a bien honrarnos con uno), con las sencillas condiciones descritas allí. A cambio, nos comprometemos a publicar en la web tales relatos. Pinchando aquí se puede ver un modelo del resultado. En este caso, se trata de algo que muchos de mis amigos ha pedido: leer mi primera novela, escrita con 15 años. (Como siento bastante vergüenza, tendrán que conformarse con el arranque de la misma).
Para quienes no hayan podido publicar su obra, creo que resulta una opción enriquecedora. Por lo menos yo habría estado encantado si alguien me hubiese dado semejante oportunidad de hacer público lo que de otro modo casi nadie vería ni juzgaría.
Así que quiero invitar desde aquí a todos los escritores a honrar nuestra web con sus trabajos. Si tienen a bien recomendar el mío a otros, fantástico. Pero si no es así, no importa. Me daré por satisfecho sin un gran autor de mañana se acuerda de que fuimos nosotros quienes pusimos su nombre debajo de una luz.
Así lo pienso, y así lo escribo.

martes, 11 de septiembre de 2012

RECUERDOS DE ORO

Conozco a un hombre, escritor aficionado como yo, que ayer se enfrentó a una situación extraña, una que no habría imaginado experimentar hace unos años. Y yo, solidario, acepté su petición y le acompañé.
Visitamos varios locales, lamentablemente cada vez más abundantes al frío de esta crisis, de esos en los que se compran recuerdos de un pasado dorado a cambio de unos pocos billetes de 20 euros, más abundantes cuanto más pesados sean aquellos.
Después de valorar cuatro o cinco opciones, decidió hacer el canje en uno de ellos. No eligió ese por ser menos cutre que los demás; tan lamentable es la proliferación de estos negocios por lo que significan, como el bajísimo perfil que tienen todos, que uno no sabe si le van a dar dinero o si van a salir cuatro maromos por una puerta y hasta ahí ha llegado la breve historia de uno en este mundo. Tampoco le dio importancia al céntimo de diferencia que se ofrecía en otro.
—¡Qué más da! —me dijo resignado—. Me van a engañar de todos modos.
Le vi sacar una bolsita de plástico y depositar sobre el mostrador varios recuerdos. Me llamó la atención uno en particular: en su día sirvió como inspiración para una historia que escribió, que él criticaba constantemente, pero que a mi modesto entender era bastante buena.
No lo dudó ni un instante. “Los recuerdos siempre están con nosotros, aunque no podamos tocarlos”, pareció decirme con la mirada. Y asentí.
Nos despedimos en la calle, pues yo aún tenía que hacer un par de gestiones en Madrid. Contemplé cómo se alejaba cabizbajo, seguramente con la mente dividida. Al menos yo me sentiría así.
Barrio de las Letras (Madrid)

Y mientras dirigía mis pies hacia la Biblioteca Nacional, cruzando de lado a lado el Barrio de las Letras, donde había ocurrido todo, no pude evitar pensar en la paradoja: algunos de los escritores cuyos nombres adornaban placas y calles, y que daban el título al barrio, alcanzaron la inmortalidad después de abandonar este mundo sin haber encontrado un remedio alquímico que prolongase su vida hasta permitirle ver y disfrutar el fruto de su trabajo. Muchos de ellos vivieron vidas miserables y jamás supieron hasta dónde llegaron sus obras y sus nombres. Y mi amigo escritor había acabado cambiando metal por papel allí, como si eso fuese el lastimoso destino de quienes tienen la manía de dejar su huella escrita sobre un papel…

El edificio de la Biblioteca Nacional se erguía orgulloso ante mí. En su escalinata, el protagonista de la novela que ahora mismo estoy escribiendo (El enigma de Calaf), repasaba mentalmente los sinsabores del autor novel, ignorante del vuelco que daría su vida minutos después. Por cierto, se puede leer parte de esta historia pinchando aquí.
Fotografié su fachada con la intención de añadir la imagen a la colección de fondos de escritorio disponibles en mi web www.eduardoperellon.com que corresponden con los exteriores de dicha novela.
Y crucé Madrid a pie, camino de mi otra gestión, sin dejar de pensar en mi amigo y en si un día seré yo quien regrese al Barrio de las Letras, no como suelo hacer para disfrutarlo, sino dispuesto a dejar atrás alguno de mis recuerdos. Quizá no tenga que hacerlo si encuentro el elixir de la eterna juventud.
Así lo pienso, y así lo escribo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL RECHUPOSO

He ido a desayunar a mi cafetería preferida y no me apetecía cambiar la costumbre, para qué. Así que Fernado ha colocado una napolitana de chocolate en un plato mientras caía un descafeinado de la máquina. Siguiendo una inconsciente parafernalia, quién sabe desde cuándo establecida en mi cerebro, he comenzado a cortar la napolitana por los bordes, poco a poco, sin tocar el centro. Lo hago sin detenerme a pensar en lo poco que me llama la atención dichos trozos de dulce, pues mi objetivo está en esa parte central, blandita, cargada de chocolate cremoso, tan pequeña que solo es un bocadito y que mi sobrina favorita denominaba "el rechuposo". No tengo ni idea de cómo surgió el nombre, pero la sola palabra creo que expresa bien la sensación que tiene uno cuando por fin lo introduce en la boca y estalla dentro, llenándolo todo del maravilloso sabor.
Ignoraba en ese momento la campaña que llevaba 24 horas fraguándose a través de la red.

Muchos saben que me dedico a la enseñanza en una Escuela-Taller, donde enseño un oficio a personas con circunstancias difíciles. Y me quedo alucinado cuando veo a los gobernantes ir recortando "la napolitana" de los derechos sociales que tanto tiempo costó alcanzar, desechando sin el más mínimo interés todo lo que les parece que sobra, sin darse cuenta del verdadero coste de su no meditada actuación, como si el pastel del que todos nos alimentamos solo se concentrase en el rechuposo. Un bocado que, como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, jamás ha estado al alcance del pueblo llano, sino de cuatro poderosos.
Con la mano izquierda se destinan miles de millones a salvar a quienes son responsables directos de la catástrofe económica en tanto que, con la derecha, se recorta de donde no se debería.

Hoy me entero de que la Comunidad de Madrid ha decidido suprimir las políticas de empleo: Talleres de Empleo, Casas de Oficios, Escuelas-Taller, Programas de Orientación para el Empleo y Programas de Obras y Servicios. ¿Alguien se da cuenta de que cada una de estas políticas contiene en su denominación la clave del desarrollo de un país? ¿Cómo es posible que nadie vea el coste real de dichas supresiones?
Los alumnos que se benefician de estos programas, que en todo caso salen de las listas del paro, no solo pueden dar de comer a sus familias un año. Además ven elevada su autoestima y su capacidad intelectual, mejoran sus relaciones interpersonales, amplían sus posibilidades de ganarse la vida, producen riqueza al municipio correspondiente, se colocan en mejor posición para ocupar un lugar en esta sociedad, generan recursos y estimulan el consumo. Si son jóvenes desahuciados del sistema de enseñanza, que suelen acabar como todos sabemos, los programas mencionados les sacan de la calle, les enseñan un oficio con el que ganarse la vida, les ayudan a ver futuro donde no suele haberlo y los prepara para formar parte de los cimientos que sujetan el edificio del país.

Por todo esto, si alguna vez te has beneficiado de estos programas, incluso si formaste parte de los equipos docentes y/o directivos o eres una persona preocupada por el nivel de desempleo (España presenta una tasa de paro del 24% y un paro juvenil del 50%), no mires hacia otro lado. Pincha aquí y firma a favor de la cordura.
Los recortes en políticas activas de empleo no disminuyen el paro ni generan empleo. Suponen un retroceso social y económico que afectará a miles de desempleados de toda la Comunidad de Madrid, además de destruir cientos de empleos de monitores, directores de programa, coordinadores, técnicos de empleo, etc.
Haz correr este mensaje. Necesitamos 100.000 firmas. Hoy es tiempo de poner el talento que se supone que tenemos al servicio de una causa superior.

Y, señores gobernantes, no crean que una napolitana de chocolate se resume en el rechuposo. Lo que están tirando sin que les tiemble la mano es la mayor parte del pastel.
Así lo pienso, y así lo escribo.

jueves, 6 de septiembre de 2012

INSOMNIO

Llevo varios días durmiendo con menos luz que la habitual, con la persiana más baja que de costumbre. Pero anoche no podía dormir. Mi cerebro se empeñaba en no desconectar. Sentía que se estaba consumiendo la noche, aunque no podía ratificarlo mirando el reloj de la mesilla. Sin lentillas veo menos que un muerto boca abajo, y la oscuridad reinante no me ayudó en nada. Hasta que, en medio de un sinfín de cambios de postura, las campanas de la iglesia del pueblo donde vivo me confirmaron lo que imaginaba: las cuatro de la madrugada.
He repasado no sé cuántos asuntos personales, intentando organizarlo todo y, a la vez, consciente de que tenía que parar. Dos mujeres, que no son las mías, han estado presentes en algunos episodios de mis atribulados pensamientos: María Dueñas y Eva García Sáenz.
Es que ayer leí en el periódico El País una entrevista con la primera, donde presentaba su nueva novela que, por cierto, encontré nada más entrar en un supermercado a última hora. Recuerdo que cuando publicó El tiempo entre costuras, se lo regalé a mi esposa. En aquellos días todo el mundo hablaba de aquella escritora novel que había sorprendido a propios y extraños. A medida que irrumpía en el mundo literario promocionando su trabajo, me pareció una persona humilde y sencilla.
Pero ayer se me desmontó parcialmente el mito. Reconozco una primera parte de la entrevista francamente inteligente. Concuerdo del todo con ella cuando dice que “estamos obsesionados con confundir la cantidad de ventas con la calidad de la literatura”, y al afirmar que “la mayoría de las veces que los autores recibimos opiniones negativas proceden de quienes ni siquiera han leído el libro”.
No obstante, cuando Rocío Huerta le enfrenta al bombazo del verano Cincuenta sombras de Grey, María Dueñas se sincera: “La empecé a leer pero no pude terminarla, porque no me interesa en absoluto. Me parece que, literariamente, no tiene ninguna identidad”.
En mis años de sumiller conocí a un profesor que decía: “El sol, alrededor del que giran un montón de planetas, no se olvida de madurar aquel grano de uva”. Con este argumento defendía el trabajo que hay detrás de todos y cada uno de los bodegueros, sin importar el tamaño de su bodega, las cifras que maneje, la región a la que pertenezca e incluso la calidad final del vino. Y me enseñó a jamás desprestigiar el trabajo de otro.
Sin embargo, yo cometí ese error hace varios años, cuando intentaba lanzar mi primera novela autopublicada No a nosotros, Señor, un boceto de no muy buena calidad a partir del cual surgió la obra que en la actualidad trato de promocionar El pozo de Harod. Sin siquiera haberla leído, un supuesto lector me escribió algo tan corrosivo como personal. Y perdí la gracia cuando le respondí que no me interesaban las opiniones de quienes leen cómics de Marvel cuando, lo que de verdad quería decir, era que no soy aficionado a dichos cómics.
El paso del tiempo enseña dos cosas: que todo trabajo merece ser apreciado y jamás descalificado, sobre todo si ni siquiera se tienen todos los elementos de juicio, y que cada uno acaba ocupando el lugar que se merece.
Creo, siendo absolutamente consciente de mi insignificancia, que María Dueñas se ha equivocado al enfocar su opinión. Yo no he leído Cincuenta sombras de Grey y lo más probable será que no lo haga. Pero no se me ocurrirá desprestigiarlo.
Y ahora voy a quitarme el sombrero por Eva García Sáenz. En todas las entrevistas que he leído destila la elegancia y humildad del novel, a pesar de tener en su bagaje un gran trabajo: La saga de los Longevos. Eva, no cambies nunca. Sigue siendo novel.
Así lo pienso, y así lo escribo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

CÓMO SUPERAR LA CRISIS EN TRES MESES

Esta mañana he desayunado con un email que me ha enviado una buena amiga. Debe ser algo que anda circulando por la red, pues se solicita a quien lo lea que lo reenvíe a cuantas personas pueda. Y yo, después de leerlo, no tengo ningún inconveniente en hacerlo. ¡Quién sabe si funcionará! En cualquier caso, ¡bravo! por quienes se estrujan la cabeza y dan a luz alguna idea que ilumine el camino. Paso a copiar el mensaje:

"Sabiendo que la economía global es un flujo de capitales que entran y salen de los países, ¿que pasaría si redujésemos un 80 % el flujo de salida de capitales durante 3 meses? Sencillamente, el país se recapitalizaría en un tiempo record. Adiós a la crisis antes de final de año.
Supongamos que los españoles tomamos conciencia de lo insostenible de la situación y actuamos como las hormigas, con un fin común. Supongamos que hacemos circular este correo a todos nuestros contactos y lo reenviamos tantas veces como lo recibamos. En semanas todo el país tendría conocimiento de él.
Supongamos que fijamos la fecha del 1 de octubre de 2012 para dejar de consumir simultáneamente los 50 millones de españoles productos extranjeros y solo consumimos productos "made in spain". La demanda de nuestros productos se dispararía y se iniciaría un proceso de reactivación espectacular de nuestra economía, crecería el empleo, se recaudarían impuestos y podríamos saldar definitivamente la deuda que nos está hundiendo.
Por supuesto, esta iniciativa tendría muy mala prensa en el exterior (Alemania, Austria, Finlandia, etc.). Pero al no ser una propuesta gubernamental, no podría ser sancionable.
El 1 de octubre dejaremos de comprar electrodomésticos Bosch y Siemens, no compraremos coches cuyas fábricas no estén en España, no consumiremos productos alimenticios importados, ni cerveza. Cualquier compra sería importante, desde las grandes hasta los millones de pequeñas transacciones (chicles, tabaco, bebidas, revistas).
Es tan fácil como eso y solo haciendo pequeños sacrificios (cambiar la Coca Cola por la Casera durante unos meses, nada más).
He aquí la solución. Es tan fácil, y sin embargo tan inalcanzable...
¿Seremos capaces? Si no lo haces por ti, hazlo por los 5 millones de parados que necesitan desesperadamente salir de esta situación." (Fin de la cita).

Sí, ya sé que puede parecer drástico y que a algunos le sonarán a ecos de un pasado felizmente superado. Y no seré yo quien plantee a los que lean esto que se posicionen. Pero no puedo evitar preguntarme, ¿acaso la responsabilidad de cada ciudadano del mundo no está con los que son suyos?
Hay quienes abogan por un gobierno mundial que atienda las necesidades de todos y cada uno de sus súbditos, sin importar raza, posición social o intelectual. ¡Yo me apunto!
Mientras tanto, no tendré inconveniente alguno en seguir bebiendo mi cerveza favorita, esa que se fabrica en la ciudad donde nací.
Así lo pienso, y así lo escribo.

martes, 4 de septiembre de 2012

ACABO DE LLEGAR

¿Un blog? Quienes me quieren bien seguramente serían capaces de anotar en un papel un manojo de virtudes que suponen que poseo. Pero, desde luego, ninguno de ellos destacaría mi habilidad con las nuevas tecnologías. Formo parte de ese grupo, de los que jamás volverán a tener 40 años, que se quedan huérfanos delante de los aparatos electrónicos cuando los hijos abandonan el hogar.
Pero soy un autor novel que, después de pasar varios años tratando de promocionar mi trabajo, he seguido los consejos de otros que han andado este mismo camino y me incorporo a la corriente general que utiliza internet como escaparate.

Mi primera novela

Con la inestimable ayuda de algunas de las personas que más quiero, puse en funcionamiento un sitio web: www.eduardoperellon.com en el cual estoy volcando todo mi esfuerzo. Abrí cuentas en facebook y twitter y, como no podía ser de otra manera, he creado este blog. Y no oculto la intención: promocionar mi obra y mejorar como escritor aficionado con la colaboración de quienes se atrevan a ofrecerme una crítica constructiva.
 
Sin embargo he visto bastantes blogueros comenzar bien y terminar creyéndose tan importantes como para influir en las opiniones de quienes les siguen o utilizar este medio para avisar a sus fieles de cuándo van al servicio. Leo críticas corrosivas dirigidas contra personas honradas que solo intentan sobrevivir. Compruebo, aterrado, como el "monstruo" ha podido con ellos, convirtiendo a personas humildes en pequeños prepotentes que se han creído que están en un púlpito desde donde golpear a diestro y siniestro. Y he sentido vértigo. Yo soy tan pequeño como el punto que cierra esta oración. Tengo tanto que aprender...
Así que, ¿cómo puedo entrar en el juego que supone un blog sin traicionarme, siendo completamente consciente de mis limitaciones? En realidad, ¿a quién le puede importar lo que yo escriba aquí?
Bueno, ¿qué es lo que más me desagrada de ciertos blogs? ¿Y qué me gusta de otros? Hummm..., ¡ya sé! Tengo muy claro lo que voy y lo que no voy a hacer.
Así lo pienso, y así lo escribo.