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martes, 4 de septiembre de 2012

ACABO DE LLEGAR

¿Un blog? Quienes me quieren bien seguramente serían capaces de anotar en un papel un manojo de virtudes que suponen que poseo. Pero, desde luego, ninguno de ellos destacaría mi habilidad con las nuevas tecnologías. Formo parte de ese grupo, de los que jamás volverán a tener 40 años, que se quedan huérfanos delante de los aparatos electrónicos cuando los hijos abandonan el hogar.
Pero soy un autor novel que, después de pasar varios años tratando de promocionar mi trabajo, he seguido los consejos de otros que han andado este mismo camino y me incorporo a la corriente general que utiliza internet como escaparate.

Mi primera novela

Con la inestimable ayuda de algunas de las personas que más quiero, puse en funcionamiento un sitio web: www.eduardoperellon.com en el cual estoy volcando todo mi esfuerzo. Abrí cuentas en facebook y twitter y, como no podía ser de otra manera, he creado este blog. Y no oculto la intención: promocionar mi obra y mejorar como escritor aficionado con la colaboración de quienes se atrevan a ofrecerme una crítica constructiva.
 
Sin embargo he visto bastantes blogueros comenzar bien y terminar creyéndose tan importantes como para influir en las opiniones de quienes les siguen o utilizar este medio para avisar a sus fieles de cuándo van al servicio. Leo críticas corrosivas dirigidas contra personas honradas que solo intentan sobrevivir. Compruebo, aterrado, como el "monstruo" ha podido con ellos, convirtiendo a personas humildes en pequeños prepotentes que se han creído que están en un púlpito desde donde golpear a diestro y siniestro. Y he sentido vértigo. Yo soy tan pequeño como el punto que cierra esta oración. Tengo tanto que aprender...
Así que, ¿cómo puedo entrar en el juego que supone un blog sin traicionarme, siendo completamente consciente de mis limitaciones? En realidad, ¿a quién le puede importar lo que yo escriba aquí?
Bueno, ¿qué es lo que más me desagrada de ciertos blogs? ¿Y qué me gusta de otros? Hummm..., ¡ya sé! Tengo muy claro lo que voy y lo que no voy a hacer.
Así lo pienso, y así lo escribo.

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