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jueves, 6 de septiembre de 2012

INSOMNIO

Llevo varios días durmiendo con menos luz que la habitual, con la persiana más baja que de costumbre. Pero anoche no podía dormir. Mi cerebro se empeñaba en no desconectar. Sentía que se estaba consumiendo la noche, aunque no podía ratificarlo mirando el reloj de la mesilla. Sin lentillas veo menos que un muerto boca abajo, y la oscuridad reinante no me ayudó en nada. Hasta que, en medio de un sinfín de cambios de postura, las campanas de la iglesia del pueblo donde vivo me confirmaron lo que imaginaba: las cuatro de la madrugada.
He repasado no sé cuántos asuntos personales, intentando organizarlo todo y, a la vez, consciente de que tenía que parar. Dos mujeres, que no son las mías, han estado presentes en algunos episodios de mis atribulados pensamientos: María Dueñas y Eva García Sáenz.
Es que ayer leí en el periódico El País una entrevista con la primera, donde presentaba su nueva novela que, por cierto, encontré nada más entrar en un supermercado a última hora. Recuerdo que cuando publicó El tiempo entre costuras, se lo regalé a mi esposa. En aquellos días todo el mundo hablaba de aquella escritora novel que había sorprendido a propios y extraños. A medida que irrumpía en el mundo literario promocionando su trabajo, me pareció una persona humilde y sencilla.
Pero ayer se me desmontó parcialmente el mito. Reconozco una primera parte de la entrevista francamente inteligente. Concuerdo del todo con ella cuando dice que “estamos obsesionados con confundir la cantidad de ventas con la calidad de la literatura”, y al afirmar que “la mayoría de las veces que los autores recibimos opiniones negativas proceden de quienes ni siquiera han leído el libro”.
No obstante, cuando Rocío Huerta le enfrenta al bombazo del verano Cincuenta sombras de Grey, María Dueñas se sincera: “La empecé a leer pero no pude terminarla, porque no me interesa en absoluto. Me parece que, literariamente, no tiene ninguna identidad”.
En mis años de sumiller conocí a un profesor que decía: “El sol, alrededor del que giran un montón de planetas, no se olvida de madurar aquel grano de uva”. Con este argumento defendía el trabajo que hay detrás de todos y cada uno de los bodegueros, sin importar el tamaño de su bodega, las cifras que maneje, la región a la que pertenezca e incluso la calidad final del vino. Y me enseñó a jamás desprestigiar el trabajo de otro.
Sin embargo, yo cometí ese error hace varios años, cuando intentaba lanzar mi primera novela autopublicada No a nosotros, Señor, un boceto de no muy buena calidad a partir del cual surgió la obra que en la actualidad trato de promocionar El pozo de Harod. Sin siquiera haberla leído, un supuesto lector me escribió algo tan corrosivo como personal. Y perdí la gracia cuando le respondí que no me interesaban las opiniones de quienes leen cómics de Marvel cuando, lo que de verdad quería decir, era que no soy aficionado a dichos cómics.
El paso del tiempo enseña dos cosas: que todo trabajo merece ser apreciado y jamás descalificado, sobre todo si ni siquiera se tienen todos los elementos de juicio, y que cada uno acaba ocupando el lugar que se merece.
Creo, siendo absolutamente consciente de mi insignificancia, que María Dueñas se ha equivocado al enfocar su opinión. Yo no he leído Cincuenta sombras de Grey y lo más probable será que no lo haga. Pero no se me ocurrirá desprestigiarlo.
Y ahora voy a quitarme el sombrero por Eva García Sáenz. En todas las entrevistas que he leído destila la elegancia y humildad del novel, a pesar de tener en su bagaje un gran trabajo: La saga de los Longevos. Eva, no cambies nunca. Sigue siendo novel.
Así lo pienso, y así lo escribo.

2 comentarios:

  1. Oh por favor mi amigo, he comenzado a leer el libro la saga de los longevos y..... que magnífico libro; no he dejado de reir desde el capitulo uno, me imagino que lo devoraré en tres dias, muchas gracias.
    Fan

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  2. Hola Fan.
    No sabes cuánto me alegro de que mi blog te haya dado la oportunidad de conocer otro autor, en este caso Eva García Sáenz, y su magnífica obra. Espero que disfrutes con La saga de los Longevos, como hice yo. Un saludo.
    Eduardo Perellón.

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