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lunes, 29 de octubre de 2012

JOAN MANUEL SERRAT

¡Señoras y señores! ¡Con todos ustedes: don Joan Manuel Serrat… o simplemente SERRAT!
Conozco pocas personas, que se precien de tener un mínimo de sensibilidad, que no se descubran ante el maestro.
Somos muchos los que hemos llorado literalmente al dejarnos envolver por la ternura de sus letras y músicas. Y muchos los que sonreímos socarronamente cuando escuchamos sus agudas y meditadas composiciones. Ante nosotros está el POETA, con mayúsculas y con todo el sentido de la palabra.
Joan Manuel Serrat es un compositor y cantautor de origen catalán nacido en 1943. Tan especiales son sus canciones en lengua paterna, el catalán, como en su lengua materna, el castellano, lenguas ambas utilizadas por igual, lo que causó en su día que algunos radicales le considerasen “traidor” a la causa catalanista, pero que ha permitido a quienes respetamos el idioma, pero no lo hablamos, que nos emocionemos con su inmenso talento.
Ha sido capaz de utilizar la poesía de otros, algunos enormes como Machado, Hernández, Alberti, Lorca, Neruda o Felipe, haciendo que los que no somos aficionados al estilo literario lleguemos a amar muchos versos inmortales.
Su música no entiende de edades, sexo ni fronteras, haciéndole “universal”.
En esta serie que va desvelando la banda sonora de El pozo de Harod, llegamos al momento mágico que transmite Serrat. Hoy doble ración: “Penélope” y “Aquellas pequeñas cosas”. ¡Casi ná!, que diría un castizo.

La primera canción fue escrita e interpretada por Serrat, con la música de Augusto Algueró. Eso ocurrió allá en 1969, mientras el hombre pisaba la luna… o eso nos hacían creer, que opiniones hay para todos los gustos.
Se trata de todo un clásico, una canción que trasciende las épocas, repitiéndose en la vida real de muchas personas, en tanto que se versiona una y otra vez.

Penélope

Y la segunda, escuchada en público por primera vez en 1971, forma parte del disco más conocido del autor: Mediterráneo. Con solo un puñado de palabras escogidas, Serrat es capaz de aflojar los recursos hidráulicos de nuestros ojos definiendo algo tan etéreo como los recuerdos.

Aquellas pequeñas cosas

En fin, dos piezas únicas que puedes escuchar pinchando sobre las imágenes y que Carla Martín recuerda según está escuchando la canción En el muelle de San Blas, de la que hablamos la semana pasada.
Éste es el contexto en el que suena en su mente:

El ambiente se llenó con la música de Maná. Pablo se había tomado la libertad de poner un CD del grupo en el equipo de música de Luis Martín. Sonaba la canción “En el muelle de San Blas” y Carla, que ya tenía claro qué preparar para comer, se dio cuenta de que sus versos narraban una historia muy similar a la que Joan Manuel Serrat contó en su día sobre “Penélope”. Y sus pensamientos derivaron, inevitablemente, en su padre, fan del cantautor. Recordó su canción favorita: “Aquellas pequeñas cosas”. Y aunque Maná continuaba con su historia, su mente se perdió en los versos de aquel...
“Y uno se cree, que los mató el tiempo y la ausencia. Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón...
—Carla —llamó Pablo, entrando en la cocina.
Pero ella ni se enteró.
...Como un ladrón, te acechan detrás de la puerta. Te tienen tan a su merced como a hojas muertas, que el viento arrastra allá o aquí, que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.”
Pablo supuso que su novia estaba atrapada en pensamientos tristes cuando vio lágrimas rodar por sus mejillas.
—¡Cariño! —dijo, mientras estrechaba a su novia entre sus brazos, con fuerza.
Ella regresó a la realidad y se dejó cuidar. Él no preguntó, consciente de que las irreparables pérdidas habían provocado un vórtice de sentimientos en ella. Y lo comprendía muy bien, demasiado bien.
—Lo siento —se disculpó ella, cortando desde su nacimiento una furtiva lágrima—. Me he puesto blandita.
—Te quiero —dijo Pablo, apretándola contra su pecho.
—¿Ya tenemos billetes? —preguntó ella unos segundos después, retomando el control sobre sus emociones.
—Casi. Falta confirmar y pagar —acabó diciendo.
—Usa mi Visa. Está en mi monedero, en mi bolso —contestó ella.
Pablo besó sus labios con ternura y, prometiendo regresar a su lado para colaborar en la cocina en cuanto hubiese asegurado los billetes, se dirigió con paso cadencioso hacia donde ella le había indicado.
—¡Pablo!
—¿Qué?
—¿Por qué el poema está sin traducir?
—¿En qué piensas?
Pablo desanduvo el camino y se acercó a ella…

A partir de aquí, la historia de El pozo de Harod comienza a acelerarse hacia su tremendo desenlace; pero eso es algo que hay que leer directamente en la obra.

¿Un secreto? Resulta evidente mi admiración por Serrat y su trabajo. Y aunque son innumerables las canciones que amo profundamente, Aquellas pequeñas cosas es, con toda seguridad, mi canción favorita. No importa cuántas veces pueda escucharla, siempre una mano invisible atenaza mi garganta.
Decía José Saramago que “jamás una lágrima emborronará un correo electrónico”. Y siendo esto verdad, la mayoría de escritores habremos hecho un borrón en un manuscrito cuando alguna emoción interna acude a nuestra mente y se nos nubla la vista durante unos minutos, como me ocurrió a mí al escribir esto mientras Serrat me cantaba al oído y miraba las fotos sobre mi mesa de las dos mujeres más importantes de mi vida: mi esposa y mi hija.
Así lo pienso, y así lo escribo.

4 comentarios:

  1. Joan Manuel Serrat es todo lo que dices y más. Es uno de los cantautores más admirados en América y quien no haya escuchado "Penélop", debe ser porque es demasiado joven o porque no le gusta la buena música, la de las buenas letras, que nada tienen que ver con el regetton de hoy. "En el muelle de San Blas" también nos cuenta algo similar y provoca sentimiento.
    El pasaje de "El pozo de Harod" que transcribes en tu entrada es muy tierno, y nos da una idea del carácter de Carla. Muy acertado enfatizarlo con la música de Serrat. Ya terminé tu novela, y haré una entrada en mi blog acerca de ella. ¡Impresionante hasta el final!
    Un abrazo,
    Blanca

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    Respuestas
    1. Pues me faltan palabras de agradecimiento, Blanca. Creo que nuestro idioma común es limitado en estos momentos. Como siempre, gracias y un beso enorme.

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  2. Coincido contigo Eduardo, Aquellas pequeñas cosas también es una de mis canciones favoritas, la he cantado muchas veces, es una maravilla. Cortita pero grandiosa a la vez. He empezado tu libro, ya te contaré, de momento me está gustando mucho. Un abrazo.

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  3. Hola Isabel. Mil gracias por acercarte a este sencillo blog y, sobre todo, por tu interés en El pozo de Harod. Estoy deseando escuchar opiniones de personas a quienes respeto tanto por su trabajo como a ti. Es una maravillosa manera de aprender y enriquecerse. Un beso.

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