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martes, 2 de octubre de 2012

MI PRIMERA VEZ

Dicho así, parece que voy a hablar de otra cosa. Pero no.
Hoy quiero escribir acerca de la primera novela que leí. Y para ello, voy a recuperar todo un clásico, un libro leído por millones de personas desde que se publicó en 1883: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. (Si pinchas sobre la portada del libro, que además es el que aún conservo con tanto cariño, puedes leer el artículo de Wikipedia en el que se cuentan un montón de anécdotas curiosas sobre la obra).
 
La isla del tesoro
 Pocos escritores de hoy no habrán leído esta trepidante historia de piratas. A mí me regalaron el libro cuando tenía poco más de 13 años y me afectó tanto que nada más terminar de leerlo me puse a escribir. Estoy convencido que aquella novela despertó en mí la necesidad de contar historias.
La isla del tesoro comienza así:

“Soy Jim. El magistrado Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros amigos míos me pidieron que escribiera la historia entera de la Isla del Tesoro, desde el principio hasta el fin, sin omitir ningún detalle. Por eso comienzo mi relato en el año 17… y me remonto a la época en que mi padre poseía la posada de “Benbow” y el viejo marino moreno, con el rostro cruzado por una cicatriz, se hospedó por primera vez bajo nuestro techo.
Le recuerdo como si hubiese llegado ayer a la puerta de la posada, con su cofre de marino, que se había hecho llevar tras sí en una carretilla: era un hombre alto, fuerte, pesado, moreno, con una mata de pelo que se desparramaba por las hombreras de la mugrienta casaca azul; las manos fuertes y agrietadas, con uñas negras y rotas, y la cicatriz en una mejilla, una señal sucia, de color blanquiazul. Le recuerdo cuando recorría la bahía con la mirada mientras silbaba para sí mismo; luego estallaba en esta vieja canción marinera que más tarde cantó tan a menudo con una aguda y temblorosa voz de viejo:

¡Quince hombres sobre el cofre del muerto!
¡Yo, ho, ho, y una botella de ron!...”

Y no pude dejar de leer.
Compré una linterna con la paga de mi abuelo y me escondía debajo de la ropa de cama, en mi cueva, viviendo alucinado las aventuras de Jim Hawkins, trasladándome con la mente a los mares del sur, a la Hispaniola, a la isla del tesoro.
Me resultó tan maravillosa la experiencia de leer aquello que decidí intentar escribir algo parecido. De hecho, casi al instante parí la idea de “Pasaje a la muerte”, la imposible historia de un viaje a Marte.
Comenzaba así:

“Soy Ted. Mi amigo Charlie y su hermano Robert me han pedido que cuente la realidad de una historia que, por cobardía, nadie ha querido contar. Es la historia de un viaje a la muerte, un viaje sin regreso, un viaje… a Marte.
Por eso empiezo mi relato el día 16 de Enero de 1970.”

Como se puede apreciar, estaba claramente afectado por La isla del tesoro.
En fin, hoy recuerdo con cariño aquellos días en los que los niños de 14 años pasábamos horas enteras delante de un libro, ejercitando la imaginación y no los dedos.
 
Hoy hay en el mercado un buen surtido de novelas para jóvenes, aunque un clásico siempre será algo especial. Así que, ¿por qué no le regalas a un niño a quien conozcas un ejemplar de La isla del tesoroQuién sabe si con un gesto así estés alimentando a la siguiente generación de escritores.
Así lo pienso y así lo escribo.

1 comentario:

  1. No puedo dejar pasar la ocasión de resaltar algo muy especial que hoy, 20 de noviembre de 2012 a las 15:30 h. ha ocurrido: El pozo de Harod, mi primera novela publicada, y La isla del tesoro, la primera novela que leí y que tanto me influyó como "escritor", ocupan la misma posición en el ranking general de Amazon.es: el nº 33. ¡Qué curioso!

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