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lunes, 26 de noviembre de 2012

MIS AMIGOS LOS INDIES: FRANCISCO BELMONTE


Estrenamos esta serie de entrevistas a autores de la llamada Generación Kindle con un escritor a quien le tengo un aprecio especial por su generosidad y gratitud, virtudes bien escasas en el mundo que nos ha tocado vivir. Es un hombre que confiesa sin pudor llevar más de 15.000 muertos a sus espaldas, con un aspecto serio detrás del cual se oculta un enorme talento y una mente fecunda que le aseguran muchos años de fruto literario.
Hoy visita este blog Francisco Belmonte.

Bienvenido, Francisco. Vamos con la entrevista…

¿Quién es Francisco Belmonte?
Francisco Belmonte soy yo. O yo quisiera ser. Un tipo que fue nacido en Córdoba hace 38 años y traído a Madrid con apenas dos, por lo que ni soy cordobés ni soy madrileño, o soy ambos. Trabajo como enterrador en un cementerio privado de la capital, una sacramental, una de las más ilustres y añejas del país. Llevo ya 20 años. Es decir, más dentro que fuera. Como alguna vez he apuntado: “llevo 20 años en el oficio y más de 15.000 muertos a mis espaldas”. También estudio Historia por la UNED, aunque ya sin motivación. Resumiendo, podría decir que soy un enterrador que escribe.

¿Cuándo supiste que deseabas ser escritor?
No sé si alguna vez me lo llegué a plantear. De hecho, comencé a garabatear historias, que yo recuerde, a los diez años más o menos, en el colegio, cuando la compañera que tenía delante me llamaba la atención y despertaba en mí sensaciones nuevas, diferentes. Mi timidez e introversión me impedían acercarme a ella de palabra, en persona, por lo que lo hice en verso (lo que yo creía era verso), y de ese modo poder transmitirle mis impresiones.
Esa naturaleza recogida me condujo a ir ampliando los textos y a meterme en la prosa para fantasear, imaginar mundos venturosos, modelar la realidad a la que un niño tenía acceso por aquel entonces, hasta que el cúmulo de los mismos me empujó a intentar dar forma y mayor volumen a las historias que iban saliendo.
Con 18 años tomó forma el primer trabajo, que me fue publicado además, un mamotreto de 700 páginas… Pero creo que nunca quise ser escritor. Me refiero al hecho de albergar la esperanza de serlo profesionalmente. Era solamente una necesidad, a pesar de mí y por encima de mí. No daba por bueno un día en el que no hubiese escrito.
Tras esa primera publicación colgué la pluma por un período de 10 años, inexplicablemente (de hecho, ni ahora comprendo cómo pude hacerlo), y lo retomé con algunos guiones para cine y tv.
En 2010 me publicaron Memorias de un enterrador. Libro Primero. Y desde entonces he alumbrado otros ocho títulos. Lo cierto es que actualmente la cosa fluye, las musas me acompañan.
Y sigo sin saber si quiero ser escritor, por no darme con un muro supongo. Porque en España, ¿quién lo es? No aludo a quien escribe sino a quien come de lo que escribe. Por eso sigo viviendo y escribo. Si algún día la fortuna llama a mi puerta le abriré, desde luego. Pero primero vivo.

Háblanos de tus obras.
Ahora mismo lo que hay en el mercado es una serie de 12 volúmenes titulada Memorias de un enterrador. Han salido 4.
Memorias de un enterrador
La serie trata de las vidas y las muertes (sobre todo de las vidas) de personas, (yo los considero “personajes”), que por diferentes motivos pasaron por aquí, por el cementerio. Es sorprendente la cantidad de registros que se muestran, que se descubren. Siempre pienso que con cada féretro enterramos una historia, y llevo 20 años haciéndolo.
El cementerio data de 1847. Y tiene Historia… la misma que un pueblo, que un país. De hecho, es el fiel reflejo de los acontecimientos a pequeña escala, en un universo muy particular. Retrata las vidas de gente que luchó, que amó, que venció y que fue derrotada, con la particularidad de que la inmensa mayoría ya están aquí, descansando o no, enterrados.
Habla del siglo XIX, de la Guerra Civil, de la Posguerra, de la actualidad… Casi todas son de pasión, con pasión. Amoríos, traiciones, grandes empresas. Son historias peculiares, increíbles. Y reales, sobre todo reales.
Creo que es una mezcla de novela histórica, costumbrista, erótica en algunos capítulos, negra…
Recomiendo encarecidamente la serie. No por mí, que la he escrito y no podría decir otra cosa de éste mi engendro, sino por todo aquello que han dicho de ella. Por lo buena que han asegurado que es (sobre todo mi madre).
Bromas aparte, me siento bien con este trabajo. Algo orgulloso. Porque sigo haciéndolo: enterrar y escribir. Y porque cada mañana, de cada día, llego al cementerio de anochecida, ilusionado, y le pregunto: “a ver con qué me sorprenderás hoy…”

Después tengo otra serie de 6 ó 7, con las dos primeras ya disponibles: Las crónicas de las noches. (Vida de un portero de discoteca). Confío en que para Navidad esté el tercero.

Crónicas de las noches
Esta serie de novelas puede clasificarse como negra, policíaca. Tratan de un tipo de unos 40 que escribe y monta una editorial pequeña para publicarse. Un tipo que vive bien, muy bien, con muchos posibles. Licenciado, listo, inteligente, con muchos recursos para buscarse la vida. Alguien que decidió pasarse al “lado oscuro” en lugar de buscarse un trabajo y malvivir. Un tipo que empezó de portero de discoteca y fue subiendo como la espuma, para labrarse un futuro como había soñado.
Hablamos de mafia, corrupción política y policial, extorsión, tráfico de estupefacientes, prostitución, sexo, drogas, apuestas ilegales… Y sé de lo que hablo, porque anduve un tiempo, cuando más joven, trabajando en eso mismo. Porque escribo de lo que sé, de lo que siento o he sentido, de lo que vivo o he vivido.

También saqué Mis putas y yo. (Memorias Tristes).
Mis putas y yo
Es la historia de un hombre perdido, de un corazón roto. De un joven que se suicida y un amigo que va a vivir al apartamento de su colega recién muerto. Se supone que soy yo. El que queda, digo. Descubre cómo vivió el finado y lo que le condujo a la muerte. Y se sume en un mundo de drogas, sexo y rock and roll. Y se pierde. Pasa de su trabajo, de su novia de toda la vida, de la vida que había conocido… Y comienza a sentir, a experimentar, a formarse como hombre.
Una novela muy curiosa e interesante.

Y para concluir, Los Miserables. (Vendetta).

Los miserables. (Vendetta)
Novela negra costumbrista. Una urbanización de chalets, una ahorcada en el arco de entrada, una investigación de la Guardia Civil, un retrato de las miserias de las gentes. Casualmente, es la misma urbanización en la que yo resido.
Seguro que sorprende. Y prometo que hará reír.

Cuando escribes, ¿en qué te inspiras? ¿Tienes alguna rutina u horario establecido?
Cuando escribo me inspiro en lo que veo, en lo que siento, en lo que vivo. O en lo que he visto, he sentido o he vivido. Escribo de lo que sé, como catarsis particular.

¿Has intentado publicar tu trabajo por los medios tradicionales, agentes literarios, editores, distribuidoras…? ¿Cuál ha sido tu experiencia al respecto?
He trabajado con tres editoriales convencionales, con asesores editoriales y todo. De hecho, actualmente tengo contrato con una, que prescribe a primeros del año que viene. No ha sido mala la experiencia, incluso he aprendido mucho. La ventaja que tienen las editoriales es que tienen un filtro, o varios, que si los pasas, te proporcionan ciertas garantías de, digámoslo así, “calidad”. No insinúo que aquellas obras que no han pasado los mismos no la tengan (muchas veces obedecen a criterios específicos o particulares). Entonces concluyo que la experiencia ha sido grata. Y espero que siga siéndolo.
Por otro lado, la “autopublicación” (la llamaré así porque creo que es así como la llaman), me proporciona principalmente un acercamiento real a los lectores. Y la libertad de publicar lo que yo quiera y cuando yo quiera. Sin respetar estudios de marketing ni fechas de entrega.
Hace poco he rechazado dos contratos con dos editoriales tradicionales. Tenía que amoldarme a sus requerimientos de publicación y, sobre todo, firmar como mínimo por 3 ó 5 años. Y si deciden aparcar tu trabajo hasta que consideren que les interesa sacarlo, pues te aguantas. Por eso lo he rechazado.
Claro, que si mañana me llaman de una de las grandes, me lo pensaría.

¿Cómo llegaste a publicar en Amazon y de qué manera valoras tu experiencia ahí?
Lo hice una vez vi que estaba en España, aunque no recuerdo con exactitud el motivo. Creo que fue la editorial quien lo propuso.
Me gusta. Y ya sabemos que publicar en Amazon no te garantiza nada. Que la tarea más ardua, incluso mayor que la de escribir otro “Quijote”, es la de darte a conocer, la de convencer a un desconocido o una desconocida  para que te compre una novela que no cuesta ni lo que un triste café. Por eso me agota usar las redes sociales, único recurso creo, para tal fin. Pero bueno, va saliendo la cosa. Con la ayuda de gente como tú, Eduardo, con sus blogs, referencias, enlaces, apoyándonos unos a otros para que poco a poco vaya calando nuestro trabajo. Porque estamos solos en esto…

¿Qué haces para promocionar tu trabajo?
Fundamentalmente tiro de Facebook y de Twitter. También tengo un blog que me ha hecho una amiga. Pero me cuesta mucho. Me da la impresión de que doy el “coñazo”. No me gusta entrar en las páginas y grupos de Facebook de otras personas a anunciar que he escrito un libro y que pueden comprarlo. Por eso sólo uso la mía, y sé que así no llego tanto, no voy tan lejos, no tengo mucha proyección. Pero bueno, qué le vamos a hacer.
Y luego está Twitter. Agradezco enormemente que alguien me “retuitee”. Y yo “retuiteo”.
Aunque no he comprobado el verdadero efecto, el alcance real de estas acciones. Desconozco si funciona.

¿Tienes entre manos algún proyecto? ¿Puedes compartir algo de él?
Ahora mismo estoy liado con la tercera parte de Las crónicas de las noches y con dos entregas más de Memorias de un enterrador, las más ambiciosas hasta el momento, que tratan entre otras cosas del primer trasplante a corazón abierto realizado en España, considerado un éxito porque el paciente sobrevivió unos pocos días. Como puedes imaginar, el paciente está enterrado en mi cementerio. La entrega doble de Memorias de un enterrador tendrá un subtítulo, que será: El doctor Álvarez, en homenaje a mi tío, médico.

¿Qué esperas del futuro?
Tener suerte, fuerzas, salud e inspiración. Y que me den el Planeta, a ver si me llega para la hipoteca.

Para terminar esta entrevista, me gustaría lanzarte 6 preguntas con respuestas rápidas. Lo llamo “La ametralladora”. ¿Listo? Ahí van…

¿Un color? Negro.
¿Un cantante, grupo o tipo de música preferido? Uno solo no podría. Aunque hace mucho que no escucho música.
¿Tu comida favorita? Soy agradecido con la comida. La que me dan hecha.
¿Un libro imprescindible? Ninguno en particular. Hace mucho que no leo.
¿Un autor/autora a quien admires? Ninguno en particular.
¿Un deseo? Tantos…

Éste es Francisco Belmonte, enterrador y escritor, a quien agradezco sinceramente que se haya prestado a este juego.
Y aquí está su obra. Pinchando en las imágenes enlazarás directamente con la tienda Amazon, donde podrás descargarlas en un solo clic. No me digas que no te apetece…

Y el lunes que viene, Josep Capsir.
Así lo pienso, y así lo escribo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

ALEGATO


Uno, que según las estadísticas ya ha consumido algo más de la mitad de su vida, y que presume de tener una mentalidad abierta y progresista, no debería verse sorprendido por demasiados asuntos. Sin embargo, leo y escucho algunas cosas que aún me dejan estupefacto.
Que no podemos caerle bien a todo el mundo es un hecho que únicamente no aceptan quienes no pisan tierra firme. Que, como consecuencia de lo anterior, no hay quien no acumule un puñado de contrarios, es en cierto modo normal. Pero que esos acaben convirtiéndose en enemigos… eso ya resulta increíble.
Leo la definición de “enemigo” que hace la RAE y me asombro todavía más: “Persona que tiene mala voluntad a otra y le desea o hace mal”.

¿Cómo es posible que haya quienes se consideren enemigos de algunos escritores simplemente por el hecho de tener cierto éxito? ¿Será envidia? ¿O es alguna enfermedad mentad para la que los psiquiatras aún no tienen cura?

Hace unas semanas discutía con un joven, a quien sobrevaloré considerándole adulto, que defendía ir por libre de todo, no pertenecer a nada, despreciar los grupos y la unidad… la independencia total, vamos. Yo argumentaba a favor de todo lo contrario: del sentimiento de equipo, de remar todos en la misma dirección, de la necesidad intrínseca del ser humano a formar parte de algo. Al final, lo que yo consideraba “bloque” él lo calificó de “amiguismo”, como si ambos términos no significasen cosas bien distintas. En fin…

Tengo el privilegio de formar parte de un grupo de escritores muy especial. Hay hombres y mujeres, de este país y de otros, padres e hijos. Unos peinan canas, otros no y algunos ni siquiera pueden peinarse. Cada uno de ellos tiene sus propias angustias, alegrías y sueños. Los hay con convencimientos políticos y sociales de este lado y del de más allá. Cuando se ponen a escribir nos hacen reír, llorar, mirarnos al interior, sentir miedo, conocer la historia, imaginar otros mundos y personajes, emocionarnos, estallar de rabia, enamorarnos, recordar, viajar, nos excitan, nos relajan… Y todo ello con tal impresionante talento que uno se siente más pequeño a su lado.
Hay muchas cosas que sirven de amalgama entre ellos, por ejemplo y sobre todo, el sentido del humor, la capacidad de saber reírse de ellos mismos y compartir, no solo el extraordinario y efímero instante en que alcanzas la “gloria”, sino cuando ésta te es esquiva y desciendes aún más deprisa al infierno. Pero resulta verdaderamente asombroso otra cosa que tienen en común: enemigos, sí, de esos que desean el mal ajeno y dedican un considerable tiempo a provocarlo.

No estoy hablando de los que se molestan cuando leen tuits promocionales de aquellos a quienes voluntariamente siguen. Por cierto, para éstos, un recordatorio no muy difícil de entender: basta un clic para dejar de seguir a los tales. No es muy complicado, ¿verdad?

No. Hablo de quienes, ocultos detrás de un cobarde anonimato, se pasean por foros, blogs y similares haciendo un calculado y miserable esfuerzo por encontrar las palabras necesarias para hundir la autoestima del escritor que corresponda. Aunque, en realidad, olvidan algo fundamental: una persona capaz de parir una historia, ponerla por escrito, corregirla, maquetarla, convertirla a tal o cual formato, intentar venderla de mil y una maneras, autoeditarse, autopromocionarse y mucho más, tiene una capacidad de aguante, constancia, valentía y sentido común que le hace impermeable a los estériles intentos de los cagones de portal.
Luego están las plataformas que toleran semejantes publicaciones que atentan contra la dignidad de las personas… pero eso es otro tema, tanto o más lamentable.

Hoy he querido poner por escrito estos sentimientos que compartimos la mayoría de los que no sentimos vértigo ante una página en blanco, porque voy a crear un nuevo espacio en este blog. A partir del próximo lunes, y cada uno de ellos, utilizaré esta humilde plataforma pública para presentaros a algunos de estos valientes, de esos que poseen una enorme talla como personas y autores y a quienes respeto profundamente. Será mi modesta contribución a sus trabajos a la vez que servirá para acercarlos más a sus lectores y futuros lectores.

Que este sencillo gesto sirva para recordar a los "independientes radicales" que la unión hace la fuerza y a los “críticos destructivos” lo inútil de su labor. Pero sobre todo, que eleve la dignidad de los escritores autoeditados por sentirse orgullosos de ser quienes son y hacer lo que más les gusta: inmortalizar su imaginación.
Así lo pienso, y así lo escribo.

jueves, 15 de noviembre de 2012

LA PÚRPURA NEGRA, DE LUIS MURILLO


Noviembre de 1148
El piadoso enfermo había entrado en agonía a media tarde y desde entonces se había apoderado de él una lacerante pesadilla que no le dejaba morir en paz. El aire no encontraba hueco en sus pulmones y huía enronquecido por la boca entreabierta. De su arrugada frente manaba un sudor frío y la piel del semblante comenzaba a adquirir el tinte cerúleo de la muerte.
A su lado, cogiéndole la mano para confortarle en el terrible tránsito al otro mundo, se hallaba Bernardo, su hermano en Cristo, fundador y abad del famoso monasterio francés de Claraval, cuna del resurgimiento de la orden cisterciense en Europa. Aparte del dolor que le causaba ver a su amigo en tan lamentable estado, le intrigaban poderosamente las palabras inconexas y repetitivas que expulsaba su lengua a lomos de unos ronquidos sobrecogedores.
—¡Obnuntio… multitudo… crucifixio… luces… cuartadecima…! …

Luis Murillo, con una considerable trayectoria como guionista cinematográfico, nos presenta La púrpura negra, la primera entrega de una saga protagonizada por Dan Foster, un escritor de best sellers que en cada obra investiga un tema de impacto mundial que se convierte en fuente de amores, misterios y peligros para él, contados por el autor con el dramatismo y la tensión de quien conoce a la perfección la manera de plasmar en cine una novela. Su maestría al respecto queda patente por el insistente pensamiento que asalta al lector mientras devora página tras página: ¡Qué buen largometraje sale de aquí!

La púrpura negra
En La púrpura negra se narran los acontecimientos que tienen lugar alrededor de la figura del recién nombrado papa Adriano VII, un hombre con un secreto inconfesable y, sin embargo, decidido a refundar el catolicismo mediante la aplicación de medidas concretas polémicas en extremo. Esta firme intención le convierte en el objetivo de varias complicadas conspiraciones contra su vida, detrás de las cuales hay desde políticos hasta médicos y, por supuesto, religiosos, mientras una supuesta profecía declarada más de 800 años atrás puede ser la clave de todo.

Se trata de una absorbente obra de lectura amena en la que el autor exhibe una enorme riqueza de vocabulario y un profundo conocimiento técnico (resulta impresionante, por ejemplo, la recreación de la secretísima parafernalia que acompaña a un cónclave y a la inauguración del nuevo papado). Además, realiza una exhaustiva descripción de los lugares donde se desarrolla la historia (carreteras, calles, plazas, edificios, monumentos, etc.), a mi juicio algo excesiva aunque sin entorpecer la tremenda trama, cocinada con la pericia de un gran escritor en varios escenarios del planeta a la vez y que a ratos se ralentiza solo para tomar impulso y acelerar hacia su sorprendente desenlace.
La púrpura negra es, sin duda, una novela entretenida y muy recomendable, que nos sirve para conocer al protagonista de la saga, Dan Foster, antes de enfrentarle a su nueva aventura y que me ha permitido descubrir a un veterano de las letras.
Así lo pienso, y así lo escribo.

martes, 13 de noviembre de 2012

RISOTTO DE CHAMPIÑÓN Y SETAS CON HUEVO ESCALFADO


Vamos a aprovechar que nos encontramos en plena temporada de setas para preparar un risotto de champiñón y setas.

Los ingredientes que necesitaremos serán ( para 4 personas):
300 gr. de champiñones            albahaca
300 gr. de setas                             1 litro de caldo de pollo
200 gr. de arroz                            4 huevos
1 cebolleta grande                        agua
2 dientes de ajo                              vinagre
1 vaso de vino blanco                  sal
queso parmesano rallado          aceite de oliva virgen extra

                                                PREPARACIÓN:

Risotto de champiñones y setas
Pela y pica los dientes de ajo y la cebolleta y ponlos en una cazuela con un chorrito de aceite y sal. Deja pochar. Mientras tanto, lava generosamente los champiñones y las setas, eliminando los tallos, y escúrrelo bien. Trocéalos en un tamaño algo mayor que juliana y lo agregas a la cazuela, espolvoreándolo con albahaca. Cocínalo a fuego medio.
En una olla aparte, ve calentando el caldo. Yo, sin duda alguna, prefiero que éste sea casero. Así que lo preparo el día anterior de la siguiente manera: Pon agua a cocer y añade un esqueleto de pollo, un par de huesos de caña, dos puntas de jamón y un cuarto de gallina. Cuando comience a hervir, desecha el agua y pon agua nueva. Una vez oí a un gran cocinero recomendar esto para quitar del caldo parte de la grasa y la suciedad que suelen tener los huesos. Ahora vuelve a poner todo a hervir, añade una ramita de perejil fresco, un par de zanahorias, un puerro y mi toque mágico: unas hebras de azafrán. Si nunca has preparado caldo con él, te sorprenderás. No le eches sal, pues el caldo tiende a salarse con el paso de las horas. Es mejor añadirle lo que corresponda cuando lo utilices, tanto para el risotto como para preparar una sopa o consomé. Deja hervir a fuego lento dos o tres horas, hasta que las puntas estén blanditas, añadiendo agua para compensar lo que se evapora. Entretanto, puedes seguir leyendo o escribiendo, pues el caldo no demanda mucha concentración.
Cuando las setas y los champiñones estén dorados, añade el arroz y el vino blanco. Vierte dos cacitos de caldo caliente y remueve.
Sigue añadiendo el caldo poco a poco, sin dejar de remover. Esto es fundamental para hacer un risotto, pues con el constante movimiento el arroz va liberando su fécula, que será lo que confiera al risotto su apreciado tacto suave y meloso en la boca. Cocina a fuego medio durante 18 ó 20 minutos, rectificando de sal si procede, comprobando la dureza del arroz y sin dejar de remover. Tendrás que dejar la lectura de tu novela favorita o la escritura de lo que será tu próximo gran best seller, porque el risotto requiere toda tu atención. Puedes poner música mientras tanto, a la vez que disfrutas de una copa de vino blanco joven, del mismo que le diste a beber al arroz.
Cuando esté listo, espolvoréalo con el queso parmesano y apártalo. En una sartén, echa un poco de agua, un chorrito de vinagre y una pizca de sal. Cuando hierva, casca un huevo y lo trabajas como si estuvieses friendo de manera convencional. No dejes que la yema se cuaje demasiado y apártalo.
Sirve cada plato con el risotto y un huevo escalfado encima. Con un cuchillo bien afilado, corta en cruz la yema y abre ligeramente los bordes para que ésta se descuelgue sobre el arroz.
Si decidiste disfrutar al máximo de la magia de cocinar tomando aquel vino, acompaña al plato hasta el final con el mismo.
Y después, cuando hayas recogido todo lo que has dejado por medio, regresa a tu novela favorita.
Así lo pienso, y así lo escribo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

CANTO GREGORIANO


Con esta entrada concluye la banda sonora de El pozo de Harod.

Hoy traigo un estilo musical de profundo calado religioso; de hecho es utilizado en la liturgia de la Iglesia Católica. Y yo, ajeno por completo a las creencias que lleva implícita dicha religión, presento esta música porque no puede ser de otra manera al contar una historia como la que se narra en la novela. Cuando pinches en la imagen y, mientras escuches la selección, leas el contexto en el que suena en la obra, comprobarás la veracidad de lo que digo.

Pero sería injusto no reconocer, pese a mi posición confesa con relación al catolicismo, la belleza, la profundidad y el poder espiritual que este canto desborda. Leí una vez un comentario de un ateo que, rindiéndose ante la evidencia, dijo: “Si esta música sonase más a menudo en la iglesia, me haría creyente”. Seguro que era una exageración (creo firmemente que asumir una creencia religiosa requiere mucho más que ser envuelto y transportado por una canción), pero ayuda a comprender el sentimiento que suele despertarse en nuestro interior cuando escuchamos un repertorio como el que aporto ahora. Estoy convencido de que la Iglesia, consciente de esto, utilizó la música sacra en el pasado en multitud de ocasiones para lograr sus fines con el pueblo llano.

El canto gregoriano no es otra cosa que rezos con música, muchos de ellos dirigidos a ensalzar la figura de Dios, como aquellos que se basan en fragmentos de las Santas Escrituras. Su ritmo sometido y la religiosidad que lo inunda impiden el lucimiento personal de alguno de los intérpretes; en realidad, el canto religioso siempre ha existido con la intención inequívoca de alabar al dios que corresponda, no a la figura que le canta.
Debe su nombre a la creencia, no confirmada, de que fue el papa Gregorio Magno quien comenzó su recopilación. Y aunque siempre se asocia a lo religioso, sirvió durante gran parte de la Edad Media y el Renacimiento para la aparición de otros estilos musicales más “paganos”. Muchos no saben que el pentagrama que hoy conocemos procede de las neumas gregorianas (notación que se empleaba para escribir la música antes del sistema actual).

En fin, aquí tienes 9,47 minutos de un canto que no deja indiferente a nadie. Éste es el contexto en el que suena en El pozo de Harod:

Mientras se acercaban a la iglesia, que ahora lucía abierta la puerta principal, repasaban las posibilidades de la implicación judía o del Santo Oficio.
—¿Uno de los condes enterrados en la iglesia era hereje? preguntó Carla.
—Cualquiera sabe.

Canto de ángeles
Una segunda puerta separaba el habitáculo que servía de recibidor de la sala sacra, donde por no haber, no había ni cura encargado de la misa. Y eso que era la una menos veinte.
—No hay mucha inquietud religiosa por aquí dijo ella.
La iglesia tenía planta en forma de cruz, con un solado de granito pulido en el que no aparecía vestigio alguno de lápidas.
—No deben estar aquí dijo Pablo—. La información que consulté hablaba del presbiterio de la iglesia.
—Ah.
Pero esa parte de la iglesia, inmediata al altar, y por donde se accede a él, estaba cubierta con una alfombra que ocultaba las supuestas lápidas.
—Pero bueno, ¿es que nada va a salir derecho? protestó Carla, casi gritando.
Pablo hizo un gesto con su dedo índice sobre los labios, solicitando que guardase silencio. La música gregoriana que se escuchaba a través de los altavoces estaba suficientemente baja como para que la exclamación lo superase. Y Pablo creyó que, en cualquier momento, aparecería un religioso que los acompañaría amablemente hasta la puerta, poniendo fin al tour.
Pero no ocurrió. Era como si nadie estuviese presente, excepto ellos dos. Ante aquello, Carla propuso levantar la alfombra, pero Pablo lo desestimó.
—¿Te crees que una iglesia es el salón de tu casa?
—No. Gracias a Dios, no dijo ella, aliviada—. ¿Se te ocurre otra idea?
—¿Qué tal si preguntamos?
—¿A quién? ¿Al fantasma del conde de Valencia?
—No seas sarcástica, por favor. Al entrar he visto una puerta, a un lado. Seguro que allí hay alguien. Si no, ¿quién ha abierto la puerta de la iglesia?
—No te contesto, porque luego dices que soy sarcástica.
Se acercaron a la puerta en cuestión y empujaron. Estaba cerrada con llave. Tocaron, esperando respuesta.
—¿Qué le vas a decir a quien salga? preguntó Carla.
—Creía que ibas a hablar tú.
—Yo no soy arqueóloga.
—Ya. Bueno, te vas a librar porque no hay nadie.
—Eso ya te lo había dicho yo.
—¿Qué hacemos?
—Vámonos. ¿Tiene algo que ver doña Sancha con esta iglesia? —insistió Carla, mientras hacía ademán de salir a la calle.
—No, solo con el castillo.
—Pues no sé qué estamos haciendo aquí.
—Aprovechar que estaba abierta para eliminar una posibilidad.
—Está eliminada. Vamos al castillo…

En este punto de la historia aún falta mucho que descubrir por sus protagonistas. El nivel de suspense solo va en aumento hasta su sorprendente desenlace. Y aunque, como autor, no incluí ninguna reseña musical más, eso no significa que en la mente del lector que sigue la aventura de Carla y Pablo no continúe sonando música épica, añadiendo a la trama el toque misterioso y de acción que se le supone a una novela de estas características. ¿Te atreves a imaginar cuál podría ser?
Así lo pienso, y así lo escribo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

JUEGO DE IDENTIDADES, DE ARMANDO RODERA

Ya he hablado aquí acerca de lo que pienso sobre cómo empieza una novela y cómo esas primeras líneas seguramente condicionarán que un lector continúe leyendo o lo deje. Pues la obra que hoy tengo el gusto de comentar coloca el listón a una altura difícilmente superable. Juego de identidades empieza con una frase simplemente magnífica:

“La mañana de mi entierro amaneció radiante.”

A partir de aquí, solo queda seguir leyendo, pues resulta imposible no hacerlo:

“Ni rastro del plomizo cielo que nos había acompañado durante toda la semana en la Costa Este. Mejor así; nunca me han gustado los sepelios donde los familiares y amigos del difunto, cobijados bajo enormes paraguas negros, le despiden en su postrero viaje. El sol lucía con todas sus fuerzas y no parecía querer esconderse, ni dejar que las nubes lloraran mi ausencia…”

Juego de identidades
Juego de identidades es un thriller con todos sus ingredientes: suspense, acción, amor, violencia…, enmarcado en una historia verosímil donde los protagonistas juegan con el lector desde el principio al final, impidiendo que éste último sea capaz de aventurar cómo concluirá aquella.
La novela nos presenta a Thomas Anderson, un científico de talento encadenado al ostracismo que supone trabajar en la empresa farmacéutica de su suegro, un poderoso hombre sin escrúpulos, relegado a investigar tratamientos médicos sin demasiado futuro. Sin embargo, Thomas lleva diez años desarrollando en paralelo y en secreto la base de un fármaco que supondrá una auténtica revolución mundial.
Una serie de circunstancias le darán la oportunidad de cambiar radicalmente de vida. Y cuando parece que lo va a conseguir, se coloca sin saberlo en medio de un escenario complejo, repleto de personajes con oscuras intenciones, que le llevará al borde de la muerte varias veces.

Armando Rodera, a quien tuve el gusto de conocer personalmente en una mesa redonda dentro de las actividades de Getafe Negro, nos pasea por Estados Unidos, Italia, España y Portugal de la mano de un personaje que, contrario a lo que las películas de este género se empeñan en presentar, es un hombre sencillo: con fobias, temores, debilidades, ansias y sentimientos comunes y corrientes, “más cerca de Harrison Ford que de Indiana Jones”, si se me permite la expresión y suponiendo que la verdadera vida del actor que encarna al héroe se parezca más a lo que los mortales solemos experimentar.
El constante nivel de acción existente en Juego de identidades obliga al lector a seguir leyendo la siguiente página, por lo que su lectura resulta amena y fascinante.

De nuevo nos enfrentamos a una novela digna de ser llevada al cine… o, como poco, a convertirse en el best seller del año.
Quiero recomendar encarecidamente esta obra y agradecer sinceramente a Armando Rodera que nos regale tal despliegue de talento, mientras sigue caminando con los pies completamente apoyados en tierra.
Así lo pienso, y así lo escribo.