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viernes, 6 de diciembre de 2013

EL POZO DE HAROD... POR FIN EN PAPEL

Dice uno de los personajes de mi novela que “la paciencia es una virtud”. Y así es.

Han pasado 7 largos años desde que comenzó la aventura que concluye con EL POZO DE HAROD. Años en los que ha habido de todo, pero sobre todo: corrección. Y ahora puedo asegurar que la novela está a la altura de las circunstancias.

A los escritores independientes se nos suele asociar con poca calidad (en muchos casos porque algunos confunden calidad con precio). Sin embargo, en este asunto me considero uno de los abanderados, porque estoy obsesionado con la idea de que los independientes, si queremos alcanzar un estatus digno dentro del panorama literario, debemos trabajar con ahínco en la calidad del trabajo que presentamos.

Por eso, cuando comparo la semilla (No a nosotros, Señor) con el árbol (El pozo de Harod), siento verdadera vergüenza por haber osado distribuir un libro tan mal escrito como aquel, y orgullo sincero por el resultado tras los mencionados 7 años de labor.

Es ahora y solo ahora cuando puedo permitirme el lujo de enseñarlo en papel con la certeza de que, sin entrar a valorar si la historia es interesante o no (el lector será el juez), su maquetación y presentación es tan correcta como puede ser las que luzcan cualesquier otros libros editados por editoriales, valga la redundancia… y encima, a mejor precio, porque un libro de 514 páginas por menos de 13 euros/16 dólares, me parece más que razonable.

Sí, me siento orgulloso, no lo voy a negar.
Pero El pozo de Harod, siendo mi niño querido, ha crecido y creo que lo llevo en brazos demasiado tiempo. Eso me ha impedido atender a sus hermanos más pequeños, otros proyectos literarios que han quedado apartados como consecuencia del trabajo que mi primogénito me ha dado. Ha llegado la hora de que se vaya al cole. Solo me falta comprarle una cartera bonita (un espectacular booktrailer), algo que espero hacer antes de Navidad. 


Este escueto post sirve como presentación en sociedad, como puesta de largo de mi niño. Ojalá madure con dignidad mientras cosecha la experiencia que se logra con el paso del tiempo y mediante la crítica constructiva.

Actualmente está disponible en Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña a través de sus tiendas Amazon (amazon.com, amazon.es, amazon.fr, amazon.de, amazon.it y amazon.co.uk). Cualquiera de ellas te lo enviará a tu domicilio en 3 días o menos.
El resto del mundo (menudo lujo poder escribir esto) podrá obtenerlo a a través de mi web www.eduardoperellon.com. Será a partir de Enero de 2014, cuando este sitio de Internet esté en pleno funcionamiento (ahora mismo estamos en obras para mejorar su calidad y funcionamiento).

Muchas gracias a todos los que de un modo u otro habéis colaborado para que llegue este día.

Si queréis apoyar a este pequeño autor independiente, podéis hacerlo no solo obteniendo el libro, sino también compartiendo este post a través de Facebook o Twitter y votando con un solo clic sobre el logo de HispaBloggers situado arriba.

Así lo pienso y así lo escribo.

sábado, 16 de noviembre de 2013

UN POCO DE HISTORIA

Dos oficios se disputan el supuesto honor de ser los más antiguos del mundo: la prostitución y la literatura.
Si aceptamos que la humanidad comenzó con una primera y única pareja, lo que dificulta sobremanera compartir el lecho con terceros, y asumiendo la necesidad incorporada en la mismísima esencia de los genes humanos de contar lo que ocurre alrededor o en el interior de la cabeza, entonces se reducen considerablemente las posibilidades. Al final, el oficio de escritor es el más antiguo.

Yo sé que tengo imaginación y un cierto don para escribir, aunque jamás pueda exhibir en la contraportada de una obra la autoridad que supone ser profesor de literatura en una universidad de prestigio, tener un doctorado en ciencias, filosofía o historia, un máster internacional en letras, teología o filología, o una brillante carrera de periodismo con un premio Pulitzer incluido.
Tampoco puedo presumir de ser famoso de profesión, como esos parásitos de la sociedad cuyo currículum se amplía proporcionalmente al número y a la categoría de aquellos que pasan por su cama, y que se arrastran de plató en plató describiendo sus patéticas aventuras y escarceos a cambio, claro está, de suculentos e indecentes contratos millonarios. Luego llega el colmo y escriben un libro... Bueno, alguien se lo escribe. Y parte de esta sociedad enferma premia tales inmoralidades y a sus fatuos protagonistas gastándose el dinero en comprarlo.
Ni chorizo público con vocación de escritor, personajes más o menos poderosos, cuya piel tiene en muchos casos el color y el perfume del talego, que diría aquel, y listos a más no poder. Sus aficiones: el pádel, el golf, la caza, la vela, los desfalcos, las estafas, los pelotazos inmobiliarios y la corrupción a distintos niveles, ya sea de carácter política, judicial, policial o periodística. A los miembros de ese selecto club “de la gomina” les resulta casi imposible no ceder a la tentación de alardear de sus hazañas y acabar poniéndolo por escrito; solo es cuestión de tiempo. Entonces la gente corre de nuevo hacia las librerías en busca del librito y hacen colas interminables para conseguir la dedicatoria personal del sinvergüenza de turno.

En fin, con ese tipo de cosas hacen ostentación algunos de los escritores que venden miles y miles de ejemplares, que adornan las tapas de sus libros cual bombillas en un árbol de Navidad, que parecen ser los mayores (cuando no los únicos) avales del trabajo que se esconde entre sus páginas, por cutre, simplón y previsible que este pudiera ser, y que parecen poseer la llave mágica que abre las puertas vetadas para el resto, que son la mayoría.

En mi caso, cuando en 2009 terminé de escribir No a nosotros, Señor (el germen de El pozo de Harod) creí, con una ingenuidad que rayaba lo pueril, que había bastado con dedicar tres años e infinidad de investigación para construir una buena historia. Dediqué cantidad de tiempo y recursos viajando para captar “los exteriores de la novela”, para localizar y estudiar documentación fiable que casi siempre incluía traducción, o para maquetar e imprimir la obra... todo con el fin de alcanzar mi sueño: su publicación.

Me ilusioné pensando que, después de todo aquel esfuerzo, ganaría con justicia un afamado premio de novela, de esos en los que se juzga el trabajo sin atender amiguismos y compromisos, es decir, de los que se cuentan con los dedos de una mano. O tal vez la obra cayese en manos de un agente literario que convencido de sus posibilidades, pusiera en funcionamiento el monstruoso y elitista engranaje del éxito. Entonces los editores colapsarían mi teléfono pretendiendo lograr la exclusiva, las distribuidoras redactarían a cual mejor contrato, el dichoso libro estaría expuesto en los escaparates y cabeceras de las librerías más importantes, los medios de comunicación se harían eco de la noticia... y, claro, Alejandro Amenábar compraría los derechos de explotación cinematográfica y realizaría la película con Elsa Pataky y Miguel Ángel Silvestre en los papeles estelares.
Pero la realidad es que en el mundo literario, si te apellidas Follet da igual lo que escribas, aunque todo regrese una y otra vez al tamaño de los genitales de los protagonistas y a la longitud de sus pelos, que no cabellos.

Mil veces me pregunté (aún lo hago): “¿Cuántos Einstein, Pasteur o Cervantes habrá en los campos de refugiados? Personas con capacidad, con posibilidades, pero sin la más mínima oportunidad. ¿De verdad les cuesta tanto a los protagonistas del sistema editorial y a los medios de comunicación apostar solo un uno por ciento de sus recursos a los autores noveles? ¿Es que acaso los ya consagrados no lo fueron un día? ¿Es que no se harían de oro si descubriesen al escritor revelación?”

Es verdad que, a pesar de las correcciones que aquella novela había sufrido, aún tenía un manojo de expresiones gramaticalmente mejorables y la estela del laísmo que suele delatar a los madrileños, que a muchos les chirría cuando se encuentran con él, y que a mí mismo me sorprendió sobremanera al releer la obra una vez publicada, con la mente crítica que algunos lectores me habían transmitido.
Comencé justificándome argumentando que el laísmo no suele modificar el espíritu del contexto en el que se encuentre. Seguí mi proceso de cicatrización emocional recordando que este defecto se extendió durante el Siglo de Oro español, con el traslado de la Corte a Madrid en 1561, cuando los prestigiosos escritores de la época, que estaban contagiados con dicha imperfección, comenzaron a publicar sus obras. Y llegué al colmo de convencerme del “hecho” de que esos detalles no solo no enturbiaban la historia; incluso podrían haber terminado convirtiendo los 2.000 ejemplares que imprimí en objetos de culto, en piezas raras perseguidas por coleccionistas, puesto que las futuras ediciones, que sin duda contarían con mejores medios, rectificarían los fallos. Tres errores garrafales.

Nada más comenzar a distribuirla, recibí dos o tres críticas destructivas. Una era de alguien que empezó a leer el prólogo de la novela, presentado en mi primera página web, y se había asfixiado al faltar una coma en uno de los primeros párrafos; algo tan imperdonable y dramático que le impidió continuar leyendo lo que inmediatamente calificó como “un tocho infumable”. Para evitar ahogarse, seguramente jamás habrá leído algunas obras de José Saramago, premio Nobel de Literatura, que eliminaba adrede todos los signos de puntuación porque consideraba que, al hacerlo, impedía la pasividad del lector y le estimulaba a construir el texto. Como él solía decir: “Todo lo que debe saber está allí, aunque parezca oculto”.
Yo nunca soñé con un Nobel, y jamás habría tenido la osadía de imitar a quien lo obtuvo con total reconocimiento. Pero, ¡hombre!, la falta de una coma en una primera novela corregida por el mismo autor... La saña y enojo cruel y rencoroso que destilaban los dos correos que me envió aquella persona me produjeron la sensación de que detrás de la desconocida identidad, con un más que probable problema de estreñimiento físico y mental, se ocultaba alguien a quien conocía y que por algún irrazonable motivo tenía algo personal contra mí.
Lo mismo ocurrió con otro individuo, de esos que algunos calificarían como “cagón de portales”. Este personaje, oculto tras una identidad falsa, se dedicaba a pregonar las supuestas maldades del autor como persona a partir de su manera de escribir, y para más inri, después de haberle apoyado en el pasado.
Estoy convencido de que, en ambos casos, solo se trataba de intentar provocar daño gratuito, ridículamente innecesario, absolutamente estéril y de escaso mérito, a juzgar por la enorme cantidad de incongruencias, faltas de ortografía y mala educación que abundaban en los textos que con tanto “esfuerzo” debían haber conseguido preparar, creyendo que componían una crítica literaria responsable, seria y respetable.
Y luego estuvo aquel pobre hombre con nombre de pez que, sin siquiera llegar a tener un ejemplar en sus manos, dijo tal cantidad de idioteces sobre la obra, y con la cobardía que añade hacerlo a espaldas del autor, que hizo buena la frase atribuida a Groucho Marx: “Más vale estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar la duda”.

Sin embargo, el tiempo y las experiencias que he compartido con otros autores me han enseñado a valorar todo en su justa medida y a ver con cierta distancia lo que antes llevaba permanentemente entre los ojos. Aprendí a no fijarme tanto en las muchas opiniones positivas y a extraer lecciones de las críticas constructivas (las otras no merecen ni el espacio que ocupa esta frase). Había creado una buena historia, sin duda, pero necesitaba someterla a una corrección seria, algo fundamental si se quiere conseguir respeto entre los lectores. Y me puse manos a la obra comenzando con la inmediata retirada de la novela de todos sus puntos de venta.
Modifiqué su estructura, introduje nuevos personajes, aumenté el nivel de suspense, rectifiqué el final y cambié la portada… 3 años más de trabajo. Y nació El pozo de Harod.

Como publicar de manera convencional sigue siendo algo casi imposible, entré en el mundo de la autopublicación digital en Amazon a finales del verano de 2012. Los primeros meses no vi resultado alguno, y a la paciencia tuve que añadirle la gran paciencia. Seguí los consejos de otros que ya habían recorrido un buen trecho del camino que yo estrenaba: Blanca, Josep, Frank, Puri, Antonia, María José, Mayte, Carmen, Julio, Manuel, Mercedes, Enrique, Lola… Y sin darme cuenta empecé a cosechar los frutos: más de 600 amigos en Facebook, más de 1.400 seguidores en Twitter, casi 25.000 visitas en mi blog, 60 opiniones públicas de lectores (la mayoría de ellas constructivas), varios correos memorables y alrededor de 6.000 descargas de la novela a través de distintas plataformas (algunas piratas), lo que significa que tengo el inmenso privilegio de ser leído en todo el mundo. Para la posteridad quedarán los números 1 alcanzados en el ranking general y por categorías en USA, España, México, Brasil y la India, que aún me parto de la risa cuando veo los “pantallazos” de estos dos últimos países.

Eduardo Perellón
(Como aparecerá en la versión de papel)
Ahora, después de someter la novela a una maquetación profesional y añadirle contenidos extras, puedo decir que el trabajo está prácticamente terminado. Solo queda pendiente la creación del booktrailer y la salida del libro en papel a través de CreateSpace (ambas cosas en las dos o tres próximas semanas).

Y con la satisfacción del trabajo bien hecho y la experiencia siempre a mano, concentraré mis esfuerzos en terminar mi segunda novela: El enigma de Calaf.

Moraleja: ponerle pasión, no escatimar el esfuerzo, regar con mucha paciencia y, sobre todo, estar comprometido con la calidad.

Dicen que quienes olvidan su historia están condenados a repetirla. De ahí este post.
Así lo pienso y así lo escribo.

domingo, 15 de septiembre de 2013

A PROPÓSITO DE DAN BROWN

Lo confieso: he leído casi todo lo de Dan Brown. Aun así, creo no haber perdido mi imparcialidad. Al fin y al cabo, adoro a mi esposa y, sin embargo, sé apreciar sus inmensas virtudes y señalar lo que la hace absolutamente diferente a mí.

Que nadie espere en este post una reseña literaria sobre su último trabajo: Inferno. Por una parte, porque solo soy un aficionado. Y aunque sé distinguir perfectamente lo que me gusta de lo que no, me parece que no estoy a la altura requerida para alardear de crítico literario. Y por otra parte, porque en la red y en los demás medios de comunicación abundan hasta el hastío tales reseñas. De hecho, aunque leí Inferno hace un par de meses, ha sido ahora cuando me he decidido a escribir a propósito de su autor.

Dan Brown había escrito alguna obra antes del dichoso Código Da Vinci, prácticamente sin éxito alguno. Entonces lo hizo y pulsó el botón del triunfo, ese que casi todos buscamos y no solemos encontrar. Marcó un antes y un después en estilo (a partir del Código miles de autores aficionados tramamos historias buceando en similares caladeros. Ver El pozo de Harod). Es como lo que ocurrió con las 50 sombras… parece que a nadie se le había ocurrido escribir literatura erótica hasta ese momento. Cuestión de modas.

Sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero reconozco que, habiéndome encantado El Código, me gustó más Ángeles y Demonios. Y también creo que Dan Brown no ha vuelto a estar a la altura. Cuando publicó El símbolo perdido, se publicitó como la novela más esperada desde El Código Da Vinci… humo. Hace unos meses Inferno alcanzó el primer lugar en el ranking de ventas de Amazon sin siquiera haber sido publicada (cosa tan misteriosa como el secreto del éxito en el mundo literario). Y el marketing indicaba como gancho: “del autor de El Código Da Vinci”. Incluso el autor ha tenido que rescatar a su héroe particular… agua. ¿Quién habla ya de Inferno?

Hace algún tiempo participé en un taller de novela. La “profe” insistía en que nuestras historias deben ser creíbles para los lectores. Entonces me encuentro con una escena en la que el guardia de seguridad del Palazzo Pitti en Florencia estaba viendo por la tele y en directo un partido de fútbol (no soccer) entre la Fiorentina y la Juventus… ¡un lunes por la mañana antes de abrir las puertas del palacio a los turistas! Jolín Dan Brown, podías haber dedicado unos minutos a averiguar a qué hora y qué día de la semana hay campeonato de liga en Italia, en realidad, en toda Europa. Luego leo del héroe Robert Langdon una página y otra y otra y otra en la que, da lo mismo la ciudad, el monumento, la iglesia o el pasadizo donde se encuentre, siempre conoce a alguien que trabaja allí y que le ayuda a salir del problema. Y yo me pregunto: ¿a qué se dedica Mr. Langdon? ¿No es profesor en Harvard? ¿Y cómo es posible que, teniendo que dedicar un horario regular a la enseñanza en USA, sea capaz de conocer a tanta gente en tantos lugares del mundo lejano? A mi modesto entender, su creador podría haber hecho que don Robert saliese de los apuros en los que él mismo le mete con algo más de imaginación.

Pero lo que más me molesta de Dan Brown es que, siendo multimillonario para siempre, sabiendo que al recuperar a Robert Langdon tiene película asegurada (menudo chollo tiene mi admirado Tom Hanks), siendo consciente de que aunque se haga caca sobre un papel volverá a vender millones de copias (yo mismo volveré a comprar su esfuerzo), no tenga un detalle que demuestre que se trata de una persona realista y venda Inferno en digital casi al mismo precio que en papel. Amigo Dan, ¿luchamos contra la piratería y con la misma mano la fomentamos? ¿O es que ya nos da igual todo porque estamos de vuelta de ídem?

Dicho esto, leo a decenas de autores y críticos poner a caer de un burro a Dan Brown: que si su estilo es malo, que si deja mucho que desear como escritor, que sus obras están fatalmente narradas… más o menos lo mismo que dicen de la señora que escribió las 50 sombras, cuyo nombre no puedo recordar. ¿Sabes qué es lo que me parece? Lo resumo en una única palabra: ENVIDIA.
Envidia por no haber sido capaces de encontrar el filón, aunque sea de oro de 16 quilates y no de 22 (algunos picamos granito cada día). Envidia porque Dan Brown venda 80 millones de libros. Envidia porque disponga de un equipo de publicistas que disimulen su bajo perfil como escritor. Envidia porque sus libros sean traducidos a cientos de idiomas, aunque en ocasiones simplemente tengan que emplear plantillas dado que una historia es igual a la anterior.
Y en este mundo que se mueve por sexo y envidia, en vez de aplaudir a quien se topa con el éxito, nos resulta más sencillo criticar y echar por tierra el trabajo ajeno, mientras nos damos a la labor de imitar a quienes tuvieron la idea, a ver si se aparece la virgen de turno y algún editor ve en una simple copia un trabajo original.

A nivel infinitamente más pequeño, resulta bochornoso comprobar cómo cuando un autoeditado alcanza con su trabajo los primeros puestos del ranking, siempre hay quien (lamentablemente suele ser un compañero de afición que en los grupos de Facebook o Twitter se presenta como colega y ofrece su apoyo a muerte) de manera cobarde y ocultándose detrás de un anónimo o con nombres ridículos, le casca una mala crítica o comentario para hacer que se hunda en las listas… ENVIDIA. ¡Qué asco de mundo!

En fin, Dan Brown no engaña a nadie. Ofrece historias poco creíbles pero trepidantes con una calidad literaria suficiente para millones de personas que no buscan sacar de sus novelas profundas enseñanzas ni cuestionar si su gramática es mejorable. Como reconoció una buena amiga mía, escritora de éxito: “Es un libro de sombrilla y playa”.

Por eso, te aplaudo puesto de pie, Dan Brown. Si pudieses hacer un guiño y poner tus historias en digital a un precio que no resulte un insulto para quienes hacemos de las librerías virtuales nuestro escaparate, ya sería la leche.


Así lo pienso y así lo escribo.

sábado, 17 de agosto de 2013

FALSOS DIOSES, DE PETER JOSEPH

No conocía a Peter Joseph ni había oído nada de su trabajo. Fue pura casualidad que me topase en Facebook con un hilo particular en el que no sé de qué se hablaba, pues solo me fijé en un par de comentarios de dos personas a quienes respeto: Blanca Miosi y Jordi Díez. El segundo le decía a la primera algo así como “por cierto, tenías razón cuando me recomendaste Falsos Dioses”.

Peter Joseph
Sabiendo que Blanca no recomienda nada que no le haya gustado, me puse a buscar en Amazon el título. Como el nombre del autor no me sonaba de ningún grupo de autores de los que formo parte, supuse que sería un escritor consagrado, ni siquiera español (su nombre no me dejaba ni la más mínima duda sobre ambas cosas. Felicidades por cierto al autor en este sentido).
Dispuesto a descargar la novela sin conocer su temática (no había visto la portada) y sin cuestionarme la decisión en función de su coste, me llevé una sorpresa mayúscula cuando comprobé de qué trataba y su precio: 0,95 €. Hice clic y me dispuse a leer.
Falsos Dioses, de Peter Joseph comienza así:



Al suroeste de Lhasa, Tíbet
12 de febrero de 1939

El grito del sherpa retumbó en las paredes de roca gris.
Había encontrado la entrada.
Hizo un gesto a los seis extranjeros para que avivaran el paso. La tormenta de hielo que ennegrecía el horizonte estaba a punto de engullirlos. Sin el equipo necesario y a esa altura tardarían cinco minutos en perder la coordinación muscular, diez en que se les petrificaran los órganos vitales y poco más en sufrir la muerte cerebral. Nawang había aprendido todo eso después de haber visto congelarse a media docena de escaladores.
Formaban una caravana insólita: abriendo la marcha, el hombrecillo de rostro tostado y cola de pelo negro subido a un yak cargado de bultos; y unos metros más atrás, a lomos de caballos tibetanos, la fila de barbas rubias, abrigos de piel y sombreros con la insignia de las SS...

… Lo despertó la voz.
Aturdido y escupiendo escarcha, el antropólogo consiguió estirar el brazo y agarrar la linterna. La voz pertenecía al sherpa. Estaba sentado con las piernas entrecruzadas, recitando alguna clase de oración, la vista fija en la oscuridad.
─Nawang, ve a buscar ayuda. Creo que tengo la espalda rota… ─Pero el sherpa no le oía. Parecía estar en trance─. ¡Nawang!
El antropólogo movió el haz de luz siguiendo la mirada del sherpa.
“¿Pero qué…?”
A unos tres metros de distancia, incrustado en la pared, había un enorme bloque de hielo y en su interior, el cuerpo momificado de un hombre.
En un rápido vistazo, sus ojos expertos en anatomía humana estudiaron la fisonomía del rostro, y luego descendieron examinando las proporciones del pecho, las caderas y las piernas.
“No puede ser verdad… ¡Lo hemos encontrado!”…

A partir de este episodio que forma parte del prólogo, la ACCIÓN se traslada a la Cancillería del Führer en Berlín, ocho meses después, y a mil y un lugares más. Y escribo ACCIÓN con mayúsculas porque esta novela te deja sin aliento, no da tregua alguna, desde la primera frase hasta la última.

Pocas veces me he enfrentado a una novela en la que acabo golpeado, tiroteado, traicionado o detenido, mientras vuelo en avión, corro por la campiña, conduzco o paseo por las calles desiertas y bombardeadas, tomo un café con una desconocida, falsifico documentos e investigo otros, me uno a grupos de paracaidistas y soldados de élite, soy atendido por la Resistencia… y todo ello en un sinfín de escenarios diurnos y nocturnos entre la Francia ocupada y Alemania.

Falsos dioses
Peter Joseph, con una escritura completa, elegante, culta, fácil de seguir, amena y variada, nos sumerge en la miserable condición nazi, pero sin entrar a describir los detalles escabrosos y demoníacos que abundaron en este lamentable episodio de la historia humana y que son frecuentes en literatura similar, en una obra primorosamente maquetada y corregida (parece mentira que se trate del primer trabajo de este autor).

Utilizando un buen número de personajes e historias independientes, el autor nos pasea por los años más dramáticos de la II Guerra Mundial, hasta que todo ello confluye en un espectacular desenlace que pone el punto final a una historia que hunde sus raíces en una terrible verdad ocurrida y sacada a la luz pública solo a medias.

Quienes amen la literatura negra, bélica y de espionaje, encontrarán en Falsos Dioses el libro ideal para estas vacaciones. Puedes descargar este magnífico trabajo haciendo clic sobre la imagen de la portada.

Recomiendo encarecidamente su lectura, mientras deseo a Peter Joseph una larga y próspera pluma.


Así lo pienso y así lo escribo.

miércoles, 31 de julio de 2013

LLEGAR A VIEJO

Tengo 46 años y desde hace tres días soy abuelo.
Me dicen que eso es un grado, casi un título, que tengo la posibilidad de convertirme en alguien inolvidable para el niño, incluso que ya soy oficialmente viejo.

Es posible que todo eso sea cierto. La verdad es que mi abuelo materno resultó ser la persona más influyente de mi infancia y pre-adolescencia. Recuerdo cierto día de colegio. Estábamos estudiando lo que los libros de texto de entonces titulaban “Alzamiento Nacional”. Después de dar aquella lección, teníamos que preparar una redacción sobre el asunto. Y yo busqué la ayuda de alguien que estuvo allí: mi abuelo.
Él, que perdió la guerra, leyó atentamente el contenido del libro y después me dijo: “Coge papel y lápiz y apunta. Voy a contarte lo que de verdad sucedió”. Comenzó cambiando el título por “Rebelión militar”. Ya podéis imaginar el resto.
Al día siguiente, mi profesor, que a juzgar por su reacción debía ser hijo de quienes ganaron la guerra, tuvo la desafortunada idea de pedirme que leyese en voz alta mi trabajo antes de revisarlo él. Y aunque tuvo la educación de escuchar hasta el final (Franco había muerto y las cosas parecía que tendrían que cambiar), me cascó un “cero” tan glorioso como el libro aseguraba que fue el dichoso alzamiento.
Regresé a casa sorprendentemente satisfecho, convencido de haber sido valiente y hacer lo que era correcto. Y mi abuelo, después de escuchar mi historia, me dio un abrazo sincero. Ya disfrutábamos de una relación especial, pero desde ese día me sentí irremediablemente unido a él…

¡Cómo han pasado estos últimos ocho meses y medio! Parece que fue ayer cuando nos convocaron a los cuatro abuelos para darnos la noticia. Y ahí estábamos la madrugada del pasado domingo en el área de obstetricia, en completo silencio, tratando de escuchar el llanto de Pablo. Jamás tantos ojos se posaron estáticos durante interminables minutos sobre la manivela de la puerta, detrás de la que se estaba produciendo el maravilloso acontecimiento.
Lloramos, reímos, volvimos a llorar y a reír… Veía a mi yerno y me veía a mí mismo 25 años atrás. Una generación viene y otra se va. Así es la vida.

En fin, yo no he vivido una experiencia tan terrible como debió ser la guerra civil española, así que no creo que se repita una escena como aquella que viví en mi infancia. Pero he sido testigo de tremendos sucesos que creo que han cambiado el mundo tal y como era antes: la caída del telón de acero, el 11-S, el 11-M, la crisis económica global, incluso la renuncia de un Papa en vida. De modo que tal vez me encuentre contándole a mi nieto cómo fueron de verdad las cosas, sin la asquerosa manipulación de la información que sobrevive a generaciones y gobiernos.

En cualquier caso, lo que sí podré transmitir a Pablo es mi pasión por la lectura y la escritura (le regalaré mi libro “La isla del tesoro” en cuanto sea capaz de leerlo, a ver si también esa historia despierta su lado creativo, como ocurrió en mi caso). También le enseñaré a bucear, buscaré tesoros en la orilla del mar o pasearé por el campo descubriéndole sus secretos. ¡Quién sabe! A lo mejor la nueva generación sigue tras los pasos de este pequeño escritor aficionado que hoy se siente sumamente feliz. Aunque lo que de verdad deseo es que Pablo llegue a convertirse en una buena persona.


Así lo pienso y así lo escribo.

lunes, 17 de junio de 2013

XAVIER BADIA

Ha concluido la Feria del Libro de Madrid 2013. Y a juzgar por los artículos de opinión que abundan en datos, este año ha sido un buen año. Esperemos que este éxito se prolongue más allá de 2013, por el bien de los lectores y de quienes pretendemos entretenerles con nuestros escritos.

Pero desde hace algún tiempo, estas (me refiero a las editoriales) han visto amenazada su hegemonía en el mundo literario por la aparición y buen funcionamiento de distintas plataformas que facilitan al escritor novel su acercamiento a lo que hoy llamamos autopublicación, una buena manera de hacer que su trabajo, que la mayoría de las veces jamás vería la luz, pueda hacerlo. Y en muchos casos con total merecimiento.

La más conocida y poderosa es sin duda Amazon, con tentáculos por todo el mundo y una biblioteca de dos millones de ejemplares (este dato fue transmitido por Amazon en un evento reciente en Madrid). Pero hay otros nombres que están ahí, como Amabook, Itunes, La Casa del Libro o Bubok.
Con relación a esta última, he recibido una invitación para que periódicamente cuelgue en este blog algunas novedades sobre autores que publican sus obras con ellos. Y puesto que trato de demostrar cada día mi compromiso con los noveles como yo, no tengo inconveniente en hacerlo. Al fin y al cabo, lo que pretendo con este blog es acercar la cultura en sus distintas formas a quienes me honran leyéndolo.
Así que hoy presento a Xavier Badia.


Xavier Badia
Nacido en Barcelona en 1983, es diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Barcelona y Técnico Superior en Gestión Comercial y Marketing. Actualmente desarrolla esta función en una multinacional alemana mientras forma parte del Órgano Asesor de Lavanguardia.com como miembro del consejo editorial.
Escribe artículos sobre marketing en diferentes webs, aunque viene a este blog presentando su primera obra titulada ¿Empezamos a tomar La Bastilla?


¿Empezamos a tomar La Bastilla?
Se trata de un ensayo que plantea pensamientos sobre la sociedad actual, reflexiones sobre el sistema político y un análisis del sistema de valores.

"... Últimamente tenía sueños de su juventud y de su época dorada. Se acordaba que cuando tenía cuarenta y cuatro años, su primo Jesús le ofreció formar parte del grupo, que al final fue ganador, para la alcaldía de su ciudad. 'Si llego a aceptar esa oferta, quizá hubiera podido cambiar algo en algún aspecto, ya que tres personas de esa alcaldía llegaron al Congreso de los Diputados, pero ni supe ni quise decir nada...'"

Este ensayo está disponible en formato digital, en PDF y en papel (acabado en rústica con solapas).
Si pinchas sobre la portada enlazarás con la página donde empezar su lectura y, si te gusta, adquirirlo.
Puedes acercarte a Xavier a través de Twitter y Facebook donde te espera para recibir tus opiniones.

Desde aquí le deseo a su autor mucho éxito.
Así lo pienso y así lo escribo.

domingo, 9 de junio de 2013

MIS AMIGOS LOS INDIES: MARÍA JOSÉ MORENO

Algo extraordinario flota en el ambiente.
Una historia de más de dos mil años tiene que haber dejado una profunda e indeleble huella. Sobre todo cultural, pues el progresivo discurrir de las civilizaciones más avanzadas: la romana, la judía, la musulmana y la cristiana, ha dejado ese poso suave y a la vez poderoso. Estoy hablando de Córdoba (España).
Una ciudad donde florecieron las letras y las ciencias, que tuvo el orgullo de ser de las más pobladas, cultas y ricas de la tierra, con bibliotecas únicas, con monumentos que se enseñoreaban por ser ejecutados con las técnicas constructivas y arquitectónicas más evolucionadas y desafiantes, cuna de Averroes, Séneca, Maimónides, Juan de Mena, Góngora, Ibn Hazm, Lucano y el Duque de Rivas… los genes de esta ciudad, que se mueven entre las callejuelas de su casco antiguo, llevan transmitiendo durante incontables generaciones la pasión, el misterio y la certeza de la cultura en forma de libros.

Y he venido hasta aquí para conocer a alguien que lleva esa herencia, una hija de la tierra que no avergüenza a sus antepasados, sino que mantiene como ellos el estandarte de las letras con la dignidad de los fundadores de al-Ándalus: María José Moreno, escritora.
He quedado con ella a medio camino de la leyenda, en el centro del túnel que une Medina Azahara y la Mezquita, un lugar impregnado de la magia de lo no descubierto, pero presente, oculto a los ojos de la mayoría, pero real para quienes sueñan.

Hola, María José. ¿Cómo estás?
Encantada de saludarte.

Es un placer y un honor tenerte aquí. Así que, desde el principio, muchas gracias.
Dime, ¿quién es María José Moreno?
Una mujer de 55 años como tantas, dedicada a la familia y entusiasmada con mi trabajo.

María José Moreno

¿A qué te dedicas profesionalmente?
Soy psiquiatra y profesora de universidad.

Magnífico currículum, en la estela que decía antes sobre la ciudad que tenemos sobre nuestras cabezas, con las ciencias a flor de piel. Pero hoy estás aquí para mostrarnos tu otra cara, la que se relaciona con las letras. ¿Qué puedes decirnos de eso?
Me considero una lectora empedernida, aprendiz de todo, ilusionada con la vida. Creo que estas cosas son las que sentaron las bases de lo que desde hace muy poquito hago: escribir. Lo único que lamento es no haber empezado a hacerlo mucho antes.

Hablemos acerca de esto. ¿Cuándo supiste que deseabas ser escritora?
Fue el día en que una historia que tenía en mi cabeza me atrapó. Comencé a darle vueltas, a imaginar escenas, a poner nombre y características a los personajes… ese día supe que  tenía que ponerle palabras escritas o no me dejaría en paz.

Bueno, y lo has logrado. Tienes publicadas tres novelas en formato electrónico, ¿verdad?
Así es.

Háblanos de ellas, por favor.
Verás, Eduardo, en 2010 publiqué Vida y milagros de un ex.

Vida y milagros de un ex
Es una novela corta, divertida, fresca, amena, intrigante, tierna… con personajes muy cercanos, muy reales. Lo curioso de esta obra es que fue creada para un certamen de novela por entregas, en la web de ediciones Fergutson, donde durante siete semanas había que colgar un capítulo con un número limitado de palabras.  El personaje, Baldomero, ya existía en mi mente, así que lo único que hice fue meterlo en una trama amena al uso de las antiguas novelas por entregas.

¿Y cómo le fue en el concurso?
Pues quedó finalista y tuvo mucha aceptación. Los lectores se encariñaron con el protagonista y tiene un grupo en Facebook llamado Amigos de Baldomero.
Compartí gratuitamente esta novela corta y llegó a más de 40.000 descargas en internet.  Ahora se puede encontrar en Amazon.

Aprovecho para recordar a los lectores que pinchando en la imagen de la portada de cada obra de María José Moreno se accede directamente a la página de Amazon donde poder descargarla.
Bueno, háblanos ahora de la segunda novela.
Se titula Bajo los Tilos y la publiqué en 2012.

Bajo los Tilos
Esta novela es la que me ha dado más alegría hasta ahora.  Después de subirla a Amazon y pasar unos cuatro meses en el "inframundo", comenzó a despegar hasta llegar a ser el número 1 de ventas en cuatro ocasiones. Según un informe de Amazon fue la novela más vendida de las Navidades pasadas.

Recuerdo haberla visto por delante de las dichosas 50 sombras…
¡Y menuda ilusión me hizo!

¿Y cómo está ahora?
En este momento lleva 320 días en el Top de Amazon, manteniéndose entre los 20 primeros.

¿Nos cuentas algo más sobre ella? Por ejemplo, ¿de qué trata?
Es una novela intimista, en la que se retratan los ambivalentes sentimientos de una hija hacia su madre después de un trágico suceso, y a partir de cual se obliga a bucear en la vida de su madre para explicarse ciertos hechos que descubre.
¿Te cuento un “secreto”?
¡Por favor!
Que saldrá en papel en el primer trimestre de 2014, bajo el sello Ediciones B.

¡Enhorabuena, Maria José! Imposible mejor premio a un buen trabajo.
Ahora quiero que nos hables de tu última novela, una que me impactó desde su portada.

Es La Caricia de Tánatos.
La Caricia de Tánatos
Ha sido la primera novela que escribí y guardé en un cajón hasta ahora. Es un thriller psicológico. Una novela larga y dura, que tiene como tema principal el mal en distintas formas. Una partida de ajedrez entre la protagonista y su antagonista, a vida o muerte. En ella vamos a descubrir cómo funciona la mente de un maltratador psicológico, lo vamos a vivir en primera persona  y cómo hace para vampirizar a su víctima.  También iremos de la mano con su protagonista, Mercedes, una psicóloga, por los vericuetos de una mente enferma y el daño que puede ocasionar y, todo ello aderezado por unos toques de amor…

Imagino que tu profesión te habrá ayudado a dar credibilidad a los personajes.
Bueno, como te dije antes, soy psiquiatra…

¿Cómo le va a la obra?
Esta recién publicada en Amazon y aún no tiene muchos lectores ni reseñas. Pero lo que me cuentan hasta ahora quienes la han leído es que está gustando.

Me llama mucho la atención. Yo hace varias semanas que la descargué y está en la parrilla de lecturas inminentes.
Para abrirnos las ganas de leerla, ¿puedes leernos un párrafo que sea representativo o llamativo?

Te leo varios cortitos:

“Son personas corrientes; si me apuras, incluso más amables que la mayoría, de los que no te puedes imaginar que sean capaces de hacer nada malo. Caes en sus redes y colaboras sin ser consciente de tu propia destrucción”.

“La encontraba tan asquerosamente segura que deseaba divertirme viendo cómo respondía ante mis agresiones verbales. ¿Se revolvería como una gata en celo? ¿Se las tragaría sin más? ¿Me devolvería la agresión? Me sorprendió la manera que tuvo de esquivar mi ataque directo a su persona, haciéndome ver que estaba consumiendo parte de mi tiempo”.

“Tiernamente, respondió a mis besos hasta que se fueron haciendo cada vez más apasionados. Su amargura se convirtió en placer y, cuando nos fundimos en un sólo cuerpo, vibró en mis brazos y entonces supe con absoluta certeza que yo estaba enamorada de ese hombre, pero que no sería capaz de retenerlo a mi lado”.

¡Guau! Creo que no me equivoqué al descargarla. ¡Atención lector@s! ¡Tenemos lectura para este verano!
Ahora, volviendo a la entrevista: Cuando escribes, ¿en qué te inspiras? ¿Tienes alguna rutina u horario establecidos?
Me sirve de inspiración cualquier percepción que tenga, una representación, un recuerdo… Desde que me dedico a escribir voy por la vida con los sentidos abiertos al máximo.  A ello me ayuda mucho mi afición a la fotografía. Caminas entre la gente con una cámara de fotos o sin ella, pero llevas ojos de fotógrafo y captas cosas en las que normalmente no te fijas.
En cuanto a mis horarios para escribir, suelo decir que soy una escritora de fin de semana y vacaciones. Intento hacerlo todos los días, pero no siempre lo consigo. A veces entre semana dedico el poco tiempo que me queda a escribir en el blog o entrar en las redes sociales. Cuando llega el viernes me centro de nuevo en lo que estaba escribiendo y avanzo un poco más.

¿Has intentado publicar tu trabajo por los medios tradicionales: agentes literarios, editores, distribuidoras…? ¿Cuál ha sido tu experiencia al respecto?
Cuando comencé, llamé a la puerta de editoriales, de agentes, editores… y la mayoría ni siquiera me respondieron. Mi experiencia por tanto es mala, sobre todo decepcionante.

¿Cómo llegaste a publicar en Amazon y de qué manera valoras tu experiencia ahí?
Una editorial pequeña, El desván de la memoria, que surge en el seno de un taller de escritura del mismo nombre en el que yo me formé, me ofreció sacar en ebook Bajo los Tilos, y acepté. Era una experiencia nueva para Ramón Alcaraz, el editor, y para mí.  De esa manera llegué al mundo de Amazon.
Ahora, tras el éxito de Bajo los Tilos, me han salido un montón de novios. Es así de triste, pero es la verdad. A muchos de los que estamos ahí nos ha sucedido simplemente por estar en los primeros puestos de ventas muchos días y, sin embargo, todos sabemos que hay muy buenos escritores con excelentes novelas que no llegan al top y que por ello no serán tocados con la varita.

Es verdad, María José. Muchos de ellos se unen en grupos “indies” tratando de conseguir la fuerza de la unión. Por cierto, casi todo el mundo habla de este término: “indie”. ¿Cómo definirías este movimiento? ¿Qué te aporta y qué le aportas?
Mira, Eduardo, creo que el mundo de Amazon es desolador. Cuando publicas por primera vez te hace mucha ilusión ver tu novela en el catálogo. Luego llega la realidad; miras a cada momento si te han comprado alguna novela y, si no es así, poco a poco te vas viniendo abajo. Por suerte hay mucha gente pasando por lo mismo que tú, con ganas de trabajar por su novela y a quienes no les importa ayudarte con la tuya, con lo que la promoción aumenta. Es gente con la que compartes lo que sientes, puesto que ellos sienten lo mismo. Gente que se alegra con tus alegrías y viceversa.  Gente que te enseña lo que no sabes y a la que simplemente le regalas un “buenos días” o “buenas noches” en un tuit. 
Para mí, el movimiento indie siempre ha estado encaminado en la mutua cooperación y ayuda, no sólo mediante la utilización de cualquier tipo de promoción, sino porque tenía un fin común:  mejorar nuestras novelas para que tengan la mayor calidad posible y ofrecer un producto excelente al lector, que es el último destinatario. Sin embargo, en un principio parecía que todos teníamos más o menos el mismo fin y realmente no era así. Creo que donde se reúnen muchas personas, como decimos en mi tierra: “cada uno de su padre y de su madre”, es difícil mantener una homogeneidad de pensamiento. Y esto nos lleva a disonancias que terminan en ruptura.
Yo me siento muy agradecida, y siempre se lo hago saber a los que me han ayudado. Creo que me puedo considerar buena amiga de mis amigos, dispuesta a ayudar a cualquiera, aunque a estas alturas ya no a cualquier precio. Me han hecho daño y la herida aún está abierta.

Comprendo perfectamente lo que dices. ¿Qué crees que le falta a este movimiento para despegar definitivamente y plantarle cara de manera seria al mundo editorial tradicional?
Eduardo, sé que lo que voy a decir no va a gustar, pero tengo argumentos personales y conocimientos por mi profesión suficientes para decirlo: Lo primero que debe desaparecer es la envidia. Sólo partiendo de esa base se puede crear un movimiento potente. Pero lamento decirte que el hombre es envidioso por naturaleza, por lo que realmente considero imposible que ese movimiento triunfe tanto como para plantar cara al mundo editorial.

Es una lástima, María José.
Pero no quiero que esta sensación negativa sea la que nos quede en esta cita. Así que hablemos de cómo promocionas tu trabajo.
Hago lo que puedo y mi tiempo me deja. Intento mantener al día mi blog, participo en grupos de facebook, tengo fanpage de mis novelas, acepto entrevistas en otros blog, como esta que estoy realizando, entrevistas de radio, solicito a blogs de reseñas que lean mi novela y la reseñen, twiter… y todo lo que vaya viniendo.

¿Tienes entre manos algún proyecto? ¿Puedes compartir algo de él?
Ahora mismo tengo entre manos dos proyectos:
La continuación de La caricia de Tánatos, que se titula En brazos de Sísifo, con la misma protagonista, Mercedes, esta vez inmersa en un caso de una asesina múltiple.
Y una novela intimista ambientada en la Europa de 1993, después de la demolición del telón de acero, que regresa al pasado, hasta la segunda guerra mundial.

¿Qué recomendación le harías a un escritor novel?
Tres: Que se forme bien; para eso hay excelentes talleres y libros. Que mantenga la ilusión, porque el camino es largo. Y lo más importante: que se deje aconsejar.

Sé que para un autor independiente la relación con sus lectores es de suma importancia. ¿Cómo puede contactar contigo uno de ellos?
Mediante email: mariajosemoreno1958@gmail.com
En mi blog Lugar de encuentro.
En Twiter: @mjmoreno010
Y en Facebook, tanto en mi lugar como en las fan page de mis novelas Bajo los Tilos

María José, ¿qué esperas del futuro?
Seguir escribiendo y hacerlo cada vez mejor. Aprender, aprender y aprender.

Tengo la sensación de que se acerca una nueva expedición con la intención de descubrir por fin este túnel que solo algunos conocemos. Así que hemos de ir terminando. Pero antes de despedirme de ti me gustaría que me dieses una respuesta rápida a las siguientes preguntas:

¿Un color? El rosa.
¿Por qué ese color? Soy una chica.
¿Un cantante, grupo o tipo de música preferido? Música celta. Me relaja y me ayuda escribir.
¿Tu comida favorita? Huevos fritos con patatas y pimientos.
¿Un libro imprescindible? Cuerpos y almas, de Maxence van der Meersch. Me marcó en mi juventud.
¿Un autor/autora a quien admires? Cualquier autor indie.
¿Una frase o cita que te guste especialmente? “Lo que tenga que suceder, sucederá”. Creo que es de Virgilio.
¿Un deseo? Seguir teniendo ilusión por todo.

Bueno, si no queremos que nos descubran debemos irnos. Quería darte de nuevo las gracias por pasar por aquí y aportar tu punto de vista sobre algunos asuntos importantes. Estoy seguro que los lectores descubrirán a una magnífica escritora de quien tengo el gusto de ser amigo.
Normalmente suelo despedir a quienes honran este blog con su música favorita. Pero si lo hago, nos encontrarán. Así que, ¿qué te parece si te invito a comer unos huevos fritos con patatas y pimientos? Creo que en el casco antiguo hay un buen lugar para hacerlo…
Así lo pienso y así lo escribo.

lunes, 3 de junio de 2013

FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Mucho ha llovido desde aquel 23 de abril de 1933, día en que se celebró por primera vez el evento cultural que hoy conocemos como la Feria del Libro de Madrid. Nada menos que 72 ediciones contemplan un acontecimiento que sirve como test de la salud económica de los libreros... y de los lectores.
Ubicado como viene siendo habitual en el paseo de coches del incomparable Parque del Retiro, este año estará en funcionamiento hasta el día 16 de junio.

Cartel oficial
A juzgar por los primeros datos, que se refieren a las bolsas publicitarias de papel en las que los comerciantes introducen los libros que venden y que los lectores pasean orgullosos por todo el recorrido, los resultados están superando las expectativas más optimistas. Después de tres días de feria se han agotado las primeras 100.000 bolsas, lo que ha obligado a hacer una segunda edición, (todo esto según lo que se está publicando). Al final se verá si solo es un espejismo o de verdad empieza a repuntar el presupuesto que los madrileños y quienes nos visitan dedicamos a alimentar el alma. Aunque esto de las cifras resulta siempre sorprendente; depende de quién te "cuente" la historia. Es como cuando hay una huelga o manifestación: jamás he oído aproximarse las cifras de los bandos en cuestión.
En cualquier caso, como autor deseo fervientemente que las estadísticas sonrían a los que viven de la literatura. Eso será bueno para quienes queremos subir al tren. De hecho, desde hace unos años las casetas incorporan a algunos escritores independientes que comparten protagonismo con los ineludibles monstruos de la pluma y con otros "famosillos" que nada tienen que ver con este mundo, pero que venden sus memorias a quien se preste a leerlas.

Yo visité la feria el día de su inauguración. Sabía que en una de las casetas estaba un amigo indie firmando ejemplares de su libro. Y convencido como estoy de apoyar a los que pelean sin las mismas oportunidades pero con las mismas credenciales que los "grandes", ahí fui.
Después descubrí innumerables autores repartidos aquí y allá intentando firmar libros, nombres que jamás había escuchado. No sabía si eran independientes o iban de la mano de una editorial. El caso es que raro era el stand en el que no hubiese uno. Pero me sorprendió lo estático de la situación. Parecían los curas que tocan las campanas y esperan que los fieles vengan a ellos, cuando creo que debe ser justo al revés.

Aún no he tenido el privilegio de participar en algo así, pero descubrí cómo un autor desconocido no debe presentar su libro. Los lectores que no han oído hablar del escritor en cuestión (como me estaba ocurriendo a mí caseta tras caseta) tienen cierto reparo a acercarse.
¿Por qué los autores no salen del escaparate y se convierten en verdaderos protagonistas? ¿Qué les sujeta al otro lado de un mostrador? ¿Tienen miedo de salir y mostrarse tal y como son? En la era de eso tan sobado que se llama interacción, ¿dónde están los que lo predican? Me quedé perplejo. Si de verdad quieres que la gente lea tu trabajo, lo normal es comenzar prestándote a que te conozcan de cerca, ¿no? A ver si es que las normas de la feria impiden que un escritor se coloque en el mismo lado del mostrador que los visitantes...
Aviso a navegantes: así no se vende, amigos.
De modo que anoté unas cuantas ideas que espero poner en práctica algún día; por imaginación no será. E invito a los autores desconocidos a que cambien la manera de promocionarse. Los autores independientes, indies o como queramos denominarnos, presumimos de estar más cerca de los lectores que los escritores de renombre. Nos sentimos orgullosos de ser diferentes en este asunto y pregonamos mediante las redes sociales nuestra cercanía con quienes nos honran leyéndonos. ¡Demostrémoslo dejándonos tocar!

Entretanto, desde aquí invito a quienes anden por Madrid a acercarse a su Feria del Libro y comprar aunque sea uno, aportando un granito de arena a quienes hacen de los libros su vida. Recuerda que estará funcionando hasta el día 16 de junio. Felices lecturas.
Así lo pienso y así lo escribo.

miércoles, 29 de mayo de 2013

MIS AMIGOS, LOS INDIES

Voy a contaros un cuento, que no por sabido deja de ser absolutamente aplicativo:

“Érase una vez un rey que tenía treinta hijos, todos guerreros. Estando ya en su lecho de muerte, los reunió a todos y pidió a cada uno que sacase una flecha de su aljaba. Entonces el rey les dijo que la quebrasen, y sus hijos así lo hicieron. Después de esto, les mandó sacar una nueva flecha y entregársela al hijo mayor. Cuando este tuvo las treinta en sus manos, el padre ordenó que las rompiese todas juntas a la vez, y no pudo hacerlo. Así fueron pasando el manojo de saetas de las manos de un hijo a otro, hasta que todos comprobaron el fracaso de sus intentos. El rey les dijo: ‘Aprendan la lección, hijos míos. Esa es la fuerza de la unidad. Si permanecéis unidos, no habrá enemigo que os derribe. Pero si estáis divididos, la victoria huirá de vuestras manos.’”

Vivimos tiempos convulsos.
La crisis económica, la aumentante y maloliente corrupción de las clases política, religiosa, económica, judicial y civil, el radical cercenado de los derechos fundamentales recogidos en la mayoría de las Cartas Magnas que “garantizan” una vivienda y un trabajo dignos… cada una de estas situaciones y muchas más nos explotan a diario en las narices, cambiando nuestro look por una cara de tonto o la sonrisa de un demente. Y vez de aunar esfuerzos, de pelear por los mismos intereses, aquí estamos haciéndonos cada día más pequeños y, por lo tanto, más vulnerables.
Ciudadanos de un país que no se sienten ciudadanos del país, a menudo ni siquiera de su región o provincia, de su ciudad, comunidad de vecinos o familia. Los que ya peinamos algunas canas y conservamos nuestro atlas del colegio, nos sorprendemos cuando lo comparamos con los que manejan hoy nuestros hijos y nietos. Es como si el mundo que conocimos no hace tanto tiempo ya no existiese. Cada año aparecen nuevos países, todos surgidos a partir de rupturas de otros más grandes, porque el planeta no esconde nuevos territorios sin explorar ni reclamar. Y todos y cada uno de ellos “orgullosos” de ser más pequeños y débiles. ¡Qué pena!

En contraste con esta significativa tendencia mundial, desde hace meses un variopinto grupo de escritores de orígenes, clases sociales, niveles culturales, inquietudes, edades y capacidades diferentes, andan por ahí activos aportando cada uno su flecha con la intención de construir un manojo de ilusiones y metas comunes que los mantienen con un razonable éxito en la senda de la palabra. Este grupo de “treinta hijos” (son muchos más y eso significa que su unidad es más gruesa), orgullosos de ser conocidos como “los indies”, forman un equipo en el que cada uno contribuye con lo que sabe, tiene o puede para el bien común.

Resulta emocionante comprobar que solidaridad es mucho más que un obsoleto sindicato polaco, o que reciprocidad no solo es una palabra digna de un trabalenguas.
Es sorprendente que, con el tiempo que eso consume y lo necesitados del mismo que están para imaginar las historias que después millones de personas leerán, se esfuercen por promocionar el trabajo literario de los demás a través de las redes sociales, eso que tanta rabia da a algunos y que, no obstante, es un canto a la fuerza de la unidad más plena.
Es impagable que tengan un punto de encuentro en eso tan etéreo como Facebook donde volcar sus alegrías, sus frustraciones, sus problemas técnicos, sus bromas… con la plena seguridad de que allí estarán los otros de manera activa.
Es magnífico que uno de ellos sea entrevistado y todos los demás empujen hacia arriba a su compañero a través del teléfono o el ordenador, que estén deseosos de transmitirle una palabra de estímulo, una frase cariñosa, un comentario respetuoso.
No deja indiferente a nadie saber que hay quienes son muy conocidos y venden miles de libros y, sin embargo, gastan recursos valiosos de tiempo y quién sabe qué otras cosas para promover iniciativas que ayuden a dejar de ser invisibles a sus hermanos más pequeños.
Provoca una sonrisa de admiración conocer a algunos que tienen en funcionamiento o participan en revistas digitales, programas radiofónicos, ferias, eventos o blogs, y ponen a disposición de sus colegas de ilusión tales medios divulgativos.
O que se propongan colaborar para mejorar los formatos, maquetaciones y portadas de sus libros, amén de maneras de promocionarlos.
Deja boquiabierto que alguno descubra un nuevo modo más sencillo o útil de llegar a potenciales lectores y no se lo guarde para sí, sino que lo comparta con gusto.
Eso tan lamentablemente raro que es que uno se alegre sinceramente del éxito de otro, es algo completamente natural y normal.
El que no sabe de Word, sabe de informática o de música o de imágenes o de gramática... cada flecha que unen a la anterior va conformando una estructura más y más fuerte.

Y aquí está mi flecha. No me considero un gran escritor (en realidad, ¿qué es lo que otorga semejante título y responsabilidad?), y mis conocimientos y habilidades técnicas son más bien discretos. Los contactos y el tiempo de los que dispongo son limitados. Lo que tengo es lo que doy: de momento, este blog.
Quienes me leen aquí seguramente recuerdan la serie de entrevistas a autores independientes que durante semanas publiqué con considerable éxito, a juzgar por las centenares de visitas que recibía. Ahora, después de un tiempo de reorganización, retomaré aquello y continuarán honrando este sitio otros apreciados colegas. He tenido que estirar las lonas y cuerdas con el fin de crear un espacio amplio, pues son unos cuantos los que ya están y otros los que irán llegando.

Sí, el poder está en la unidad. Mis amigos, los indies, lo demuestran cada día. Un grupo que asombra y provoca envidia.

Así lo pienso y así lo escribo.