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lunes, 11 de marzo de 2013

¿TIENES OPINIÓN? DEJA TU COMENTARIO


Los avances tecnológicos de los que disponemos han puesto el mundo boca arriba. Ya no hay casi nada que no esté al alcance de uno que se maneje bien entre las teclas de un ordenador conectado a internet.
Son muchas las cosas malas que se pueden hacer gracias a esto, pero son muchas más las buenas. Una de las mejores es la transmisión de la cultura como muchos no podíamos imaginar.
A mí, que aún me parece un milagro el funcionamiento de un fax, me admira cómo se han llegado a crear librerías virtuales y cómo gracias a estas, millones de personas de cualquier lugar del planeta hacen clic y descargan un libro de 500 páginas en un aparatillo del tamaño de un cuaderno pequeño, en el que pueden almacenar centenares o miles de libros. Y yo soy uno de los que se benefician, pues leo y publico en formato digital.

INTERACCIÓN. Esta palabra, que el diccionario vierte como “Acción que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, agentes, fuerzas, funciones, etcétera.”, se ha ido poniendo más y más de moda a medida que el progreso científico y tecnológico acercaba personas o cosas como antes resultaba impensable.

Hablando de esto y de la pasión por la escritura que me invade, hasta no hace demasiado tiempo era muy difícil unir la opinión de un lector anónimo sobre tal o cual obra literaria con el autor de la misma… Bueno, si se trata de uno de los grandes nombres de la literatura, creo que no ha cambiado mucho eso.
No me imagino a Ildefonso Falcones pendiente de los pésimos comentarios que se le acumulan en Amazon como consecuencia, no de su trabajo en sí, que es más que respetable y de una gran calidad como yo mismo he comprobado con La catedral del mar, sino del absurdo precio que tiene su última novela en formato electrónico. Hay quien piensa que tales increíbles precios son una maniobra para que los lectores compren en papel, que es donde las editoriales hacen su negocio. Pero esto es otro cantar.

El asunto sobre el que estoy reflexionando son los comentarios de lectores que Amazon permite añadir al historial del libro que sea. Para el señor Falcones resultará intrascendente esta cuestión, pues venderá miles y miles de libros en papel, alcanzará los titulillos de “Novela del año”, “Tantas ediciones agotadas”, etcétera, y lo que venda en la plataforma electrónica será pura anécdota.
Pero no es lo mismo en el caso de los escritores independientes, cuyo escaparate es precisamente la dichosa empresa digital. Para nosotros, los comentarios que se cuelgan ahí son de suma importancia, ya que son el único baremo que tiene el siguiente lector para decidir si hace clic o "cloc"… En teoría, porque eso es absolutamente manipulable, como desgraciadamente sabemos muchos que hemos visto como el gigante elimina buenos comentarios cuando le parece bien o no acepta aquellos que hacen quienes comparten apellido o quién sabe por qué otras razones que jamás explican, aunque tengan verificadas sus compras y, por tanto, derecho a opinar. Luego están aquellos que descargan la parte gratuita del libro o el libro completo, empiezan a leer, lo devuelven sin terminarlo y opinan.

Y todo esto es tan peligroso…
Imagina a supuestos lectores con mala baba. Digo y recalco “supuestos”, porque no entiendo bien la razón que lleva a alguien a ocultar su verdadera identidad cuando hace una mala crítica. Todos los que estamos en este mundillo sabemos lo retorcidos que pueden llegar a ser algunos lectores, incluso algunos escritores, sobre todo cuando ven a alguien ascender en el ranking (que resulta ser una chorrada sin demasiado rigor científico, pues ahora estás en el puesto 3000 y a la hora siguiente alcanzas el Top 100 con una sola venta, incluso con ninguna).
Los autores independientes tenemos una virtud: es posible que el lector se ponga directamente en contacto con nosotros. Puede ser mediante un blog abierto, como este. O por el sitio web personal donde, como ocurre en mi caso, se muestra con claridad una dirección electrónica directa. También están las redes sociales, con contactos permanentemente visibles para quien desee establecer comunicación.
Y dije y recalco “mala baba” porque este tipo de personas, cuya amargura y estreñimiento les lleva a esconderse justo después de lanzar una pedrada contra el trabajo de los demás, prefieren utilizar la posibilidad que ofrece Amazon para expresar opiniones sabiendo que nadie comprobará su identidad y siendo conscientes de la nula posibilidad de réplica que tiene el autor, dejándonos huérfanos de un debate que sería muy útil. Menos mal que son minoría.

Quiero dejar claro mi profundo respeto hacia las opiniones de mis lectores. No soy tan buen escritor como para merecer 5 estrellas de parte de cada uno de los más de 2000 que han descargado mi novela por los cauces legales más otros dos o tres mil que lo han hecho con un parche en el ojo y tecleando con la punta del garfio. De hecho, de muchos de esos comentarios es posible aprender, como ha ocurrido en mi caso. Además, me considero suficientemente inteligente como para distinguir una mala crítica de una crítica amarga.

De modo que, conscientes como somos de la indefensión que tenemos ante la losa que supone cosechar una estrella, quiero pedir a todos los lectores de los autores independientes dos cosas, y lo hago “por favor”:
- Si leíste un libro y te gustó, regresa y deja tu comentario. Dicen que si una novia tuvo tiempo de escribir 200 invitaciones de boda, sería lógico que hallase tiempo para escribir 163 tarjetas de agradecimiento por otros tantos regalos.
- Y si leíste el libro y no te gustó, regresa y deja tu comentario. Pero no digas “me parece una mierda” y ya está. Convierte tu crítica en algo productivo. Ponte en contacto con el autor por los medios que tienes a tu alcance y explícale “por qué” no te gustó, aceptando la posibilidad de réplica y sabiendo que agradecerá tu valentía. Sobre todo, no olvides que la cortesía es como una almohadilla; no tiene nada dentro, pero amortigua los golpes de la vida.
Así lo pienso y así lo escribo.