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miércoles, 29 de mayo de 2013

MIS AMIGOS, LOS INDIES

Voy a contaros un cuento, que no por sabido deja de ser absolutamente aplicativo:

“Érase una vez un rey que tenía treinta hijos, todos guerreros. Estando ya en su lecho de muerte, los reunió a todos y pidió a cada uno que sacase una flecha de su aljaba. Entonces el rey les dijo que la quebrasen, y sus hijos así lo hicieron. Después de esto, les mandó sacar una nueva flecha y entregársela al hijo mayor. Cuando este tuvo las treinta en sus manos, el padre ordenó que las rompiese todas juntas a la vez, y no pudo hacerlo. Así fueron pasando el manojo de saetas de las manos de un hijo a otro, hasta que todos comprobaron el fracaso de sus intentos. El rey les dijo: ‘Aprendan la lección, hijos míos. Esa es la fuerza de la unidad. Si permanecéis unidos, no habrá enemigo que os derribe. Pero si estáis divididos, la victoria huirá de vuestras manos.’”

Vivimos tiempos convulsos.
La crisis económica, la aumentante y maloliente corrupción de las clases política, religiosa, económica, judicial y civil, el radical cercenado de los derechos fundamentales recogidos en la mayoría de las Cartas Magnas que “garantizan” una vivienda y un trabajo dignos… cada una de estas situaciones y muchas más nos explotan a diario en las narices, cambiando nuestro look por una cara de tonto o la sonrisa de un demente. Y vez de aunar esfuerzos, de pelear por los mismos intereses, aquí estamos haciéndonos cada día más pequeños y, por lo tanto, más vulnerables.
Ciudadanos de un país que no se sienten ciudadanos del país, a menudo ni siquiera de su región o provincia, de su ciudad, comunidad de vecinos o familia. Los que ya peinamos algunas canas y conservamos nuestro atlas del colegio, nos sorprendemos cuando lo comparamos con los que manejan hoy nuestros hijos y nietos. Es como si el mundo que conocimos no hace tanto tiempo ya no existiese. Cada año aparecen nuevos países, todos surgidos a partir de rupturas de otros más grandes, porque el planeta no esconde nuevos territorios sin explorar ni reclamar. Y todos y cada uno de ellos “orgullosos” de ser más pequeños y débiles. ¡Qué pena!

En contraste con esta significativa tendencia mundial, desde hace meses un variopinto grupo de escritores de orígenes, clases sociales, niveles culturales, inquietudes, edades y capacidades diferentes, andan por ahí activos aportando cada uno su flecha con la intención de construir un manojo de ilusiones y metas comunes que los mantienen con un razonable éxito en la senda de la palabra. Este grupo de “treinta hijos” (son muchos más y eso significa que su unidad es más gruesa), orgullosos de ser conocidos como “los indies”, forman un equipo en el que cada uno contribuye con lo que sabe, tiene o puede para el bien común.

Resulta emocionante comprobar que solidaridad es mucho más que un obsoleto sindicato polaco, o que reciprocidad no solo es una palabra digna de un trabalenguas.
Es sorprendente que, con el tiempo que eso consume y lo necesitados del mismo que están para imaginar las historias que después millones de personas leerán, se esfuercen por promocionar el trabajo literario de los demás a través de las redes sociales, eso que tanta rabia da a algunos y que, no obstante, es un canto a la fuerza de la unidad más plena.
Es impagable que tengan un punto de encuentro en eso tan etéreo como Facebook donde volcar sus alegrías, sus frustraciones, sus problemas técnicos, sus bromas… con la plena seguridad de que allí estarán los otros de manera activa.
Es magnífico que uno de ellos sea entrevistado y todos los demás empujen hacia arriba a su compañero a través del teléfono o el ordenador, que estén deseosos de transmitirle una palabra de estímulo, una frase cariñosa, un comentario respetuoso.
No deja indiferente a nadie saber que hay quienes son muy conocidos y venden miles de libros y, sin embargo, gastan recursos valiosos de tiempo y quién sabe qué otras cosas para promover iniciativas que ayuden a dejar de ser invisibles a sus hermanos más pequeños.
Provoca una sonrisa de admiración conocer a algunos que tienen en funcionamiento o participan en revistas digitales, programas radiofónicos, ferias, eventos o blogs, y ponen a disposición de sus colegas de ilusión tales medios divulgativos.
O que se propongan colaborar para mejorar los formatos, maquetaciones y portadas de sus libros, amén de maneras de promocionarlos.
Deja boquiabierto que alguno descubra un nuevo modo más sencillo o útil de llegar a potenciales lectores y no se lo guarde para sí, sino que lo comparta con gusto.
Eso tan lamentablemente raro que es que uno se alegre sinceramente del éxito de otro, es algo completamente natural y normal.
El que no sabe de Word, sabe de informática o de música o de imágenes o de gramática... cada flecha que unen a la anterior va conformando una estructura más y más fuerte.

Y aquí está mi flecha. No me considero un gran escritor (en realidad, ¿qué es lo que otorga semejante título y responsabilidad?), y mis conocimientos y habilidades técnicas son más bien discretos. Los contactos y el tiempo de los que dispongo son limitados. Lo que tengo es lo que doy: de momento, este blog.
Quienes me leen aquí seguramente recuerdan la serie de entrevistas a autores independientes que durante semanas publiqué con considerable éxito, a juzgar por las centenares de visitas que recibía. Ahora, después de un tiempo de reorganización, retomaré aquello y continuarán honrando este sitio otros apreciados colegas. He tenido que estirar las lonas y cuerdas con el fin de crear un espacio amplio, pues son unos cuantos los que ya están y otros los que irán llegando.

Sí, el poder está en la unidad. Mis amigos, los indies, lo demuestran cada día. Un grupo que asombra y provoca envidia.

Así lo pienso y así lo escribo.

16 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tu exposición, describes perfectamente lo que son los autores indies, quizás lo único que le falta al grupo es un plan concreto de marketing para alcanzar objetivos. Yo también quiero contar un cuento: Había una fuente con tres caños de agua, una era de máxima calidad pero su chorro era lento, otra era de calidad media y su chorro lanzaba agua a una velocidad media, y otro tenia un chorro con agua normal y su chorro era muy fuerte y rápido, una mujer fue con un cántaro para llenarlo de agua, primero se fue al chorro de máxima calidad y comenzó a llenarlo, como iba muy lento con un cuarto completado se pasó al de calidad media, pero seguía siendo lento, al final se situó en el de agua normal que era el más rápido, y se le desbordó parte del agua que llevaba en el cántaro. Moraleja: cuando se derrama el agua del cántaro, se esta derramando tanto el agua buena, la media y la normal.
    Lo que quiero decir con esto es simplemente que a veces se pierden ideas buenas por las prisas, habría que seleccionar ideas y objetivos, conseguir estos y pasar a los siguientes, de otra forma se derraman muchas ideas por el camino. Un abrazo Eduardo y felicidades por tu post.

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    1. Tienes toda la razón, amigo. Creo que ambos tenemos en la cabeza la misma experiencia. Pero de todo se aprende, especialmente de los errores. Y los indies somos gente con muchas ganas de hacer cosas, meternos en proyectos y crear. No podemos evitarlo.
      Un abrazo, Javier.

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  2. Pues sí, me parece un análisis muy certero de la realidad. Por lo que desde este mismo momento sigo el blog :)

    Es curioso que ante un mundo que tiende a disgregarse (pienso que en una busqueda ociosa de una identidad personal) como un grupo de personas que comparten afición se unen. En muchos casos, parecería que el camino más eficaz hacia el éxito sería aquel que te permite auparte sobre los demás. Sin embargo, siguiendo la metáfora anterior, los autores autopublicados han optado por impulsarse unos a otros, juntando todas su flechas, de tal forma que de una u otra forma alguna de ellas consiga acertar en la pequeña diana editorial.

    Lo que me resulta más admirable de este comportamiento es que otra vez se demuestra que el ser humano es un animal social, que necesita de otros para progresar y alcanzar sus mejores virtudes. Por ello, las divisiones artificiales a las que algunos quieren someternos es verdaderamente inoportuna.

    Desde que autopubliqué mi primera novela esta unión es una de las cosas que más me ha impresionado.

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    1. Yo llevo casi un año frotándome los ojos ante esta muestra de unidad. Parecería contrario a todo lo que este mundo propone. Y sin embargo, aquí estamos. Solo nos falta unificar objetivos para ser más certeros. En cualquier caso, el ser humano es gregario por naturaleza, y como escribí en mi novela, formar parte de algo es lo que nos puede llevar a la inmortalidad. Solos, no...
      Muchas gracias por tu comentario, Juan. Un abrazo.

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  3. Suscribo cada una de tus palabras, actuar como el llanero solitario no conduce a nada, para que cada uno alcance su objetivo, se deben marcar metas comunes y todos debemos ayudar y apoyar. Pero también creo que se deben marcar pautas de actuación concretas, que todos respetemos y aceptemos como propias.
    Enhorabuena por tu entrada.

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    1. Tienes toda la razón, Alicia. De nada sirve estar todos juntos si no se sabe hacia dónde dirigir el paso. Y ese suele ser el problema, pero todo se andará.
      Muchas gracias por visitar el blog y dejar tu comentario. Un beso.

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  4. Hace años que no pensaba en el atlas del colegio, me resulta ahora una imagen entrañable. Es verdad que la soledad del escritor, al menos en mi caso, me conduce casi inconscientemente hacia la sensación de que soy yo solo contra el mundo. Gracias por tu mensaje y por recordarme que otras cosas son posibles. Y también por el apoyo que me has mostrado y que intentaré corresponder en ti o en quienes como nosotros se desvelan por conseguir sus sueños. Abrazos

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    1. Difícil suma: la soledad del escritor y la necesidad de unirnos... Pero los hechos demuestran que el resultado es bueno para escritor y lector. Así que este es el camino.
      Muchas gracias por tu comentario, José. Un abrazo.

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  5. Me alegra saber que vas a reanudar las entrevistas, Eduardo. Las leeré con mucho interés. Yo quiero seguir apoyando a los indies y no hay día que pase en que no piense en cómo hacerlo. Por otro lado, llevo unas semanas frecuentando un poco menos las redes sociales y dedicando más tiempo a escribir. El problema de los indies es que es un colectivo demasiado heterogéneo y casi todos buscamos algo diferente de esta aventura.

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    1. Tienes toda la razón, Carmen. Y aún así, merece la pena intentar colaborar con el grupo. Tú lo sabes bien, porque desde que te conozco has sido de las personas que siempre han aportado novedades. Espero que sigas teniendo éxito en los proyectos que estés desarrollando... y que los compartas, claro.
      Un beso enorme, amiga.

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  6. Lo realmente curioso es que de pasar a ser escritores que mayormente buscaban la soledad para escribir, hemos pasado a ser justo lo contrario, no hay tiempo para buscar esa soledad (o tranquilidad), ahora tenemos que escribir en los ratos que podemos, sea con niños, haciendo la comida o la cena, o de camino al trabajo con la ipod o móvil. (Y encima, sacar tiempo para publicitar nuestras obras en redes sociales como; twitter o Facebook). ¿Complicado? ¡Bastante sí señor! En fin, que tenemos que seguir luchando contra viento y marea con tal de que nos lean. Ja,ja,ja,ja

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    1. Decían un amigo mío que "las cosas valiosas requieren esfuerzo". Muy complicado compaginar tiempo para escribir y tiempo para apoyar a otros. Pero creo sinceramente que merece la pena, pues produce una sensación de orgullo y paz interior, por lo menos en mi caso.
      Un enorme abrazo, amigo.

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  7. Gran entrada. Yo siento lo mismo, y aprovecho para dar las gracias a todos los compañeros, x lo mucho que me han ayudado. Con el booktrailer, el índice, no sé que de formato, promociones, consejos, correcciones,,.. Y por soportarme y escucharme

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  8. Gracias, Almudena. La verdad es que formamos un gran colectivo. Ojalá y seamos capaces de articular proyectos de largo recorrido. Un beso.

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  9. Excelente descripción. Muy atinada sobre los avatares que implican aventurarse en el maravilloso mundo de la escritura. Saludos

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Facundo. Un placer ser digno de tu lectura y atención. Un saludo.

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