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lunes, 3 de junio de 2013

FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Mucho ha llovido desde aquel 23 de abril de 1933, día en que se celebró por primera vez el evento cultural que hoy conocemos como la Feria del Libro de Madrid. Nada menos que 72 ediciones contemplan un acontecimiento que sirve como test de la salud económica de los libreros... y de los lectores.
Ubicado como viene siendo habitual en el paseo de coches del incomparable Parque del Retiro, este año estará en funcionamiento hasta el día 16 de junio.

Cartel oficial
A juzgar por los primeros datos, que se refieren a las bolsas publicitarias de papel en las que los comerciantes introducen los libros que venden y que los lectores pasean orgullosos por todo el recorrido, los resultados están superando las expectativas más optimistas. Después de tres días de feria se han agotado las primeras 100.000 bolsas, lo que ha obligado a hacer una segunda edición, (todo esto según lo que se está publicando). Al final se verá si solo es un espejismo o de verdad empieza a repuntar el presupuesto que los madrileños y quienes nos visitan dedicamos a alimentar el alma. Aunque esto de las cifras resulta siempre sorprendente; depende de quién te "cuente" la historia. Es como cuando hay una huelga o manifestación: jamás he oído aproximarse las cifras de los bandos en cuestión.
En cualquier caso, como autor deseo fervientemente que las estadísticas sonrían a los que viven de la literatura. Eso será bueno para quienes queremos subir al tren. De hecho, desde hace unos años las casetas incorporan a algunos escritores independientes que comparten protagonismo con los ineludibles monstruos de la pluma y con otros "famosillos" que nada tienen que ver con este mundo, pero que venden sus memorias a quien se preste a leerlas.

Yo visité la feria el día de su inauguración. Sabía que en una de las casetas estaba un amigo indie firmando ejemplares de su libro. Y convencido como estoy de apoyar a los que pelean sin las mismas oportunidades pero con las mismas credenciales que los "grandes", ahí fui.
Después descubrí innumerables autores repartidos aquí y allá intentando firmar libros, nombres que jamás había escuchado. No sabía si eran independientes o iban de la mano de una editorial. El caso es que raro era el stand en el que no hubiese uno. Pero me sorprendió lo estático de la situación. Parecían los curas que tocan las campanas y esperan que los fieles vengan a ellos, cuando creo que debe ser justo al revés.

Aún no he tenido el privilegio de participar en algo así, pero descubrí cómo un autor desconocido no debe presentar su libro. Los lectores que no han oído hablar del escritor en cuestión (como me estaba ocurriendo a mí caseta tras caseta) tienen cierto reparo a acercarse.
¿Por qué los autores no salen del escaparate y se convierten en verdaderos protagonistas? ¿Qué les sujeta al otro lado de un mostrador? ¿Tienen miedo de salir y mostrarse tal y como son? En la era de eso tan sobado que se llama interacción, ¿dónde están los que lo predican? Me quedé perplejo. Si de verdad quieres que la gente lea tu trabajo, lo normal es comenzar prestándote a que te conozcan de cerca, ¿no? A ver si es que las normas de la feria impiden que un escritor se coloque en el mismo lado del mostrador que los visitantes...
Aviso a navegantes: así no se vende, amigos.
De modo que anoté unas cuantas ideas que espero poner en práctica algún día; por imaginación no será. E invito a los autores desconocidos a que cambien la manera de promocionarse. Los autores independientes, indies o como queramos denominarnos, presumimos de estar más cerca de los lectores que los escritores de renombre. Nos sentimos orgullosos de ser diferentes en este asunto y pregonamos mediante las redes sociales nuestra cercanía con quienes nos honran leyéndonos. ¡Demostrémoslo dejándonos tocar!

Entretanto, desde aquí invito a quienes anden por Madrid a acercarse a su Feria del Libro y comprar aunque sea uno, aportando un granito de arena a quienes hacen de los libros su vida. Recuerda que estará funcionando hasta el día 16 de junio. Felices lecturas.
Así lo pienso y así lo escribo.

26 comentarios:

  1. Yo no sé, Eduardo, pero el sábado por la tarde eso era de locos. Es cierto lo que dices, algunos autores no me sonaban, pocos, pero claro, al ser sábado firmaban más nombres conocidos. Tuve problemas para "ver" a Chicote (mira que es difícil) al presentador de Pasapalabra ni por asomo pero son los mediáticos, los que venden porque sí, lleven lo que lleven. En cambio no me costó acercarme a Angeles Mastreta, una de las más grandes autoras mexicanas e incluso una amiga nuestra, Antonia Corrales, firmó en la misma caseta y a la misma hora que María Dueñas. Y no creas, yo las vi de tú a tú.
    Contribuí con un par de libros a que esto no se muera. Sólo fueron dos, pero es que pienso volver.

    Besos

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    1. Con relación a los conocidos, nada que decir. Su caché habla por ellos. En cuanto a los menos conocidos, hay que tener en cuenta al grueso del público, que no nos incluye a quienes de algún modo estamos relacionados con este mundillo y tenemos más fácil reconocer a algunos autores. La inmensa mayoría de la gente, cuando no conoce a un autor ni su obra, ni se acercan. Ahí es donde los autores deberían hacer algo. Y claro, hay escritores independientes con carisma suficiente para marcar las diferencias.
      Muchas gracias por tu comentario, Mayte. Un beso.

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  2. YO no he podido ir este año pero creo que Eduardo lleva algo de razón, sobre todo el autores desconocidos. Creo que eso tiene que ver con lo que tantas veces he hablado de la marca personal. Las autoras que ha nombrado Mayte las tienen y aunque no fuesen tan conocidas seguro que la gente las reconocería.
    Esto es cuestion de marketing, tenemos que hacerlo bien.
    Un beso

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    1. Completamente de acuerdo, María José. Tenemos deberes pendientes...
      Muchas gracias por tu comentario. Un beso.

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  3. Julio García Castillo3 de junio de 2013, 23:03

    Creo, Eduardo, que la feria madrileña no es un barómetro del negocio. Mucha gente lleva bolsas, pero repletas de catálogos. Hace unos cuantos años firmé ejemplares para una editorial mediana. Era un día caluroso, elegí ropa inadecuada y sudé lo que no está escrito. No ha cambiado con los tiempos. Un escenario de casetas inhóspitas, expuesto al sol o a la lluvia. Merecería un recinto más adecuado, como los de Ifema, fácil de transitar, con soportes virtuales y salas de debate. Esta feria me parece una reliquia del pasado, como tantos aspectos editoriales.

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    1. Pues no puedo argumentar nada, Julio. La experiencia es un grado. Y la tuya, muy elevada, contrastada y tremendamente respetable. Imagino que el motivo de hacerlo en un parque es facilitar el acceso de todos (los recintos feriales, sus parking y las medidas de seguridad disuaden a muchos). También es verdad que los que "saltan" esas barreras llevarán en las bolsas libros, no catálogos. En fin, el debate está abierto: ¿más visitantes o más clientes? ¿Acercar la cultura al pueblo desde sus niveles más bajos o hacerlo algo elitista?...
      Muchas gracias por aportar un enfoque distinto, Julio. Un enorme abrazo.

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    2. Julio García Castillo4 de junio de 2013, 8:54

      No tanta mi experiencia en este caso, Eduardo. Ha sido sólo una vez. Tienes razón en la apertura que supone un parque. Y reconozco que las ferias tipo Ifema son para profesionales, al igual que la Liber de Barcelona. En el caso de Madrid, el propio espacio obliga a esas casetas tan angostas y a un recorrido arriba-abajo algo agotador. Me refería más bien al escenario que al espíritu. Por otra parte me gusta mucho frecuentar el Retiro.Pero para ver libros prefiero una buena librería. A nuestra Feria le falta modernizarse.

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    3. Es verdad que la Feria tiene un ligero tufo rancio, Julio, por lo que debe modernizarse sin duda. Lo ideal sería un espacio a medio camino entre un parque y un recinto ferial, un lugar de fácil acceso que simplificase el esfuerzo de asistir. Pero tal y como están las cosas, y habiendo frecuentado un sinfín de ferias de vinos en recintos profesionales en mis días de sumiller, me quedo con lo que tenemos. Eso sí, insistiendo en que los autores se acerquen más al público. Un abrazo, Julio y muchas gracias por debatir. A ver si se nos ocurre una idea genial y se la vendemos a la alcaldesa.

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  4. Es complicado, Eduardo, te lo digo desde la experiencia. El año pasado firmé dos veces en la Feria de Madrid, una junto a los compañeros tras la presentación de los 5 de B de Books, y otra en solitario en la conocida librería Antonio Machado.

    La primera vez no dio tiempo a nada, éramos 4 a firmar en un mini espacio, la gente ya salía de la presentación y se nos pasó el tiempo volando. La segunda vez estaba solo pero fue una tarde entretenida, me pasó de todo. No creo que a los de la librería les hiciera gracia que salieras afuera a hablar con la gente, pero yo intenté ser proactivo.

    Hablaba con la gente que se acercaba a la caseta, aunque pensaran al principio que estaba allí como empleado de la librería, y aprovechaba la coyuntura. En ocasiones gente que paseaba cerca, pero sin mirar hacia nuestro sitio, y yo les llamaba la atención de alguna manera. Soy vergonzoso, pero una vez puestos ya me daba igual todo. Además, he trabajado muchos años de comercial, así que había que vender también el producto del mejor modo posible.

    Quizás debería modernizarse la feria, es cierto, pero para los que hemos paseado tantos años por allí supone un regalo poder disfrutar de esa experiencia, firmando en una caseta del Retiro. Y yo iba de verano, pero os aseguro que pasé un calor inmenso allí dentro.

    Interesante entrada, de todas formas. El sector editorial sigue evolucionando, e imagino que algún año de estos cambiará también el formato de estas ferias.

    Un abrazo.

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    1. Encantado de leer tu comentario, Armando. Bueno, tal y como dices, pusiste en marcha algunos resortes más allá de simplemente esperar a que la gente se acercase. De eso se trata. Y los "propietarios" de las casetas deberían organizar mucho mejor sus eventos, hacerlos más atractivos, echarle imaginación, pero nunca masificar como tú padeciste. Sin duda debe ser una extraordinaria experiencia. A ver si un día...
      Un enorme y sincero abrazo.

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  5. Complicado asunto, Eduardo. El año pasado estuve firmando el día de Sant Jordi en un pueblo y la verdad es que la gente no se presta demasiado al diálogo a no ser que seas mediático. Una chica me compró un libro y me pidió que se lo dedicase a su marido. Recuerdo que le di un par de besos y se me quedó a cuadros.
    Un abrazo.

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    1. Me encanta, jajaja. Jamás lo olvidará.
      No sé si se trata de dar besos, ni siquiera de enrollarse demasiado con la gente (yo soy muy tímido y reconozco que sería un desafío para mí). Tiene que haber una manera equilibrada de aproximarse a los lectores sin parecer un pesado ni forzar demasiado la situación. ¿Sabes? Ideal sería tener un stand indie y hacer cosas diferentes al resto. Habrá que pensarlo, ¿verdad?
      Un abrazo, Capi.

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  6. Bueno, yo tengo que contar alguna cosa. He visto en una caseta, como una escritora algo conocida en Valencia, metía el libro por los ojos a todo aquel que se acercaba a la caseta; al final mucha gente por compromiso compraban el libro; jamás ví tanta agresividad en un vendedor de enciclopedias a domicilio... como esa mujer que en todas las ediciones de la Fira del Llibre hace su particular agosto. Me dió verguenza ajena, para que mentir.

    Mas verguenza ajena, me dan esos famosillos de Telecinco principalmente, metidos a saco a escritores; todos han escrito su libro para forrarse literalmente, valiendose de la competencia desleal que le da la cadena con la publicidad que le hace de su obra.

    Pero repito, más vale la pena no firmar pero con honra, que firmar dando sablazos a los visitantes de la caseta, eso si que es patético.

    Abelardo Martínez

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    1. Claro que sí, Abelardo. Mi mujer también padeció en dos casetas la excesiva agresividad del escritor/a (por cierto, una de ellas era una autora valenciana presentando su novela). Y en ambos casos rechazó la oferta precisamente por sentirse presionada al máximo. Como vengo diciendo más arriba, creo que es cuestión de equilibrio. Los autores de verdad, aunque sean independientes (y descartando a los oportunistas de turno cuyo máximo logro es ser famosos de profesión) deben hallar la fórmula intermedia que los aproxime al "pueblo llano". Estoy seguro que hay maneras de hacerlo. No sabes cómo agradezco que me honres aportando tu comentario en el blog.
      Un afectuoso saludo.

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  7. En la feria del libro o en Sant Jordi o en lo que sea, se trata básicamente de vender. Y como cada quien es de su padre y de su madre nunca sabes qué es mejor, si "atacar" o mantenerte a la espera.

    Yo he estado en una Feria del Libro de Madrid y en tres Sant Jordis y todavía no sé a qué atenerme. Pero creo que es mejor que la gente se acerque con libertad y no se sienta acosada, en ese caso, suelen huir.

    Por mi parte solo he intervenido haciendo algún tipo de comentario cuando he visto que se entretenían mucho mirando alguno de mis libros o que dudaban. Y aún así, a veces se han decidido a compra y otras han salido por piernas, ¡jajaja!

    Pero no creo que haya que salir a perseguir a la gente por la feria, creo que eso desmerece al autor, hay que mantener una cierta compostura.

    Es mi punto de vista.

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    1. ¡Claro que no se puede perseguir a la gente, Lola! Pero si simplemente esperamos a que se acerquen, muchos, la mayoría, diría yo, no lo harán y perderemos la oportunidad de que nos conozcan. Pero fíjate en esta escena inventada a vuela pluma: imagina un/a chico/a simpático (no estoy diciendo necesariamente que esté buenísimo/a) con unas hojas bien impresas en las que se vea la portada de tu obra y tu foto y al otro lado, la sinopsis. Se pasea por toda la feria entregando una a cada persona que pueda e invitando a acercarse al stand X donde está tú. Durante las varias horas que estuve paseando la feria, nadie hizo eso tan sencillo, que es marketing de manual. Encima, lamentablemente, muchos escritores estaban presentados con un cartel cutre escrito a rotulador con cada letra de un tamaño y sin mantener el "renglón".
      En fin, creo que se pueden hacer cosas siempre demostrando equilibrio, educación y saber estar.
      Mil gracias por acercarte hasta aquí y dejar tu opinión. Un besazo.

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  8. Es curioso que los dos hayamos pensado lo mismo. Yo también estuve el viernes por la tarde, y compré el libro de Ezequiel Teodoro, "El manuscrito de Avicena". Como ya nos conocemos de otras ocasiones, el hombre estaba fuera, de pie, y estuvo un rato charlando con mi chica y conmigo. En ese momento pensé lo mismo que tú, y lo corroboré cuando vi a otros cuantos, desconocidos, agazapados tras el mostrador, encogidos, esperando esa cola que nunca se iba a producir. Es verdad, es más cercano palpar allector, y se firma lo mismo, pero al que compra la sensación le parece más de cercanía, digo yo.

    Yo cuando firme lo quiero hacer como Ezequiel, así, a pie firme, fuera del mostrador, como un torero. Y si para firmar me tengo que vestir de lagarterana, pues también, que el caso es firmar de una puñetera vez, coño, que tanto digital y tanta leche, y lo bonito es firmar en el Retiro un día de solete como el viernes pasado.

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    1. Tendría que copiar cada palabra, Félix. Estoy completamente de acuerdo. Y no te preocupes, ya nos vengaremos...
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

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  9. Hola! como autora de mi primera novela, firmé el sábado. Yo soy partidaria de la cercanía, pero cuando se acercaban a ver mi libro, les dejaba en paz, que es lo que me gusta que hagan conmigo, darme libertad. La de elegir entre comprar o irme sin presiones. Eso sí, cuando se iban les regalaba una tarjeta promocional de recuerdo.. por si les apetece en otro momento comprar o para tener un punto de libro más. Estoy de acuerdo en que la feria huele a rancio. A mí Planeta me puso detrás del mostrador y allí me quedé junto a mis libros. Menos mal que iban viniendo amigos a saludar, porque se siente uno como un mono en un zoo. Agradezco también a los desconocidos que compraron mi libro sin presiones y me pidieron la dedicatoria. Fue una experiencia agridulce.. siempre queremos más. Y estoy de acuerdo, los famosos nos hacen sombra con falsa literatura, lo que no es justo de cara al mercado. Copan muchos compradores potenciales. EN fin, un saludo a todos.

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    1. En cuanto a lo de los famosos, poco se puede añadir. Es una lástima que la gente dé cancha a tanta tontería como tienen alrededor. Pero, ¡qué le vamos a hacer! Somos nosotros mismos (me refiero a la gente en general) quienes les hemos puesto donde están, así que tenemos cierta culpa. Si nadie comprase sus paridas, otro gallo cantaría.
      Sobre el asunto importante, no sabes cómo me alegro que seas una más de las que tratan de poner contrapeso a los veteranos. Yo espero un día hacerlo también. Y tu "técnica" me parece perfecta. A eso me refería en mi post.
      Muchas gracias por tu comentario, felicidades por tu experiencia y un beso, Cecilia.

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  10. Hola Eduardo, en mi opinión creo que simplemente son fallos de marketing. Las editoriales han demostrado que están obsoletas en muchas cosas y una de ellas, es en saber vender. De hecho, su dependencia de las distribuidoras las ha marcado siempre en los resultados de venta de libros, fascículos, etc; fuera en librerias, quioscos u otras ubicaciones comerciales.
    Siempre he pensado que cuando han conseguido vender un millon de ejemplares a un best seller, probablemente han dejado de vender muchos más por el camino. De hecho muchas de ellas han rechazado best sellers que hoy vemos como inconcebible que fuera así (Código Da Vinci, rechazado por varios grandes y comprados muy económicos los derechos por una editorial modesta; Urano. Posteriormente Planeta enmendaría el error. De una forma muy cara, por cierto)
    No creo que en una feria el escritor deba mezclar su imagen con la de vendedor (otra cosa es saber tratar a los lectores con cercanía, esa que sobre todo dan las redes) Pero sí debería tener a su servicio un equipo COMERCIAL - no reparte folletos - comandados por un responsable del mismo y que fuera de la caseta interesaran a los compradores sobre la persona que está firmando, así como de su obra. Y LOS LLEVARAN HASTA EL AUTOR.
    Yo siempre lo he hecho así, independientemente del producto. Y funciona. Obviamente no tiene el mismo coste - ni resultados - que ver pasar a la gente sentado.
    Felicidades Eduardo. Muy interesante tu exposición. Un abrazo, amigo.

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    1. Claro, Enrique. A eso me refería con la idea de creer que se pueden hacer otras cosas que quiten el regusto rancio que la Feria tiene. Es muy interesante lo que dices de separar vendedor de escritor, personas que, aunque tienen que verse por el camino, no tienen los mismos objetivos (o por lo menos no deberían tenerlos).
      Muchas gracias por tu reflexión. Un abrazo.

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  11. Estimados amigos. No paro de leer opiniones por todos los lados sobre los escritores y las ferias de libros. Es cierto que desde hace algún tiempo, yo no acudo a ellas, quizás porque he perdido a media que perdía la juventud ese viejo romanticismo de soñar con estar ahí algún día, pero también con encontrar a escritores de altura y poder intercambiar alguna palabra con ellos. Si acudo, lo hago solamente para agenciarme algún libro un poco más económico y nada más. Todos los mundos (también el de los libros) necesitan de un momento estelar y mediático, aunque las casetas se llenen no de escritores (que todos los años van un puñado de los buenos), sino de celebrities que mueven el trasero en la tele, se tiran desde un trampolín o cuentan chistes con más escasa gracia que talento. En cualquier caso, bienvenidos sean los libros y las ferias. Faltaría más.

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    1. Pues sí, Luis.
      Si para ver libros tenemos que aguantar ciertos estigmas, habrá que conformarse... Bueno, no creo que haya que conformarse, sino reinventarse, ahora que esta dichosa palabra está en la boca de todos. Soy un soñador (por eso escribo novela) e imagino una Feria mejor.
      Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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  12. Pues si yo algún día tuviera oportunidad de presentar mis libros en una feria, o siquiera en una presentación, me gustaría que no fuese yo quien estuviera detrás de los lectores. Me gustan mucho las ideas de Enrique Ríos Ferrer. Debería de haber alguien en representación del autor repartiendo un folleto, hablándoles acerca del autor y de sus libros, y eso sí: muchas pancartas con enormes portadas e historial del autor. Es decir yo en ese caso. No me veo correteando a los lectores para que me compren. Una cosa es promocionar los libros en las redes sociales, alllí quien desee se detiene a leer de qué va el asunto, es diferente.Me ha encantado esta entrada, Eduardo. ¡No pierdo la esperanza de verme en una feria!

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    1. Claro, Blanca. Fíjate en mi respuesta rápida al comentario de Lola Mariné. Es a esas cosas a las que me refiero, a hacer algo distinto que aproxime lectores y autores sin que parezca que les perseguimos. En realidad ellos (me refiero a los lectores) lo agradecerían.
      Muchas gracias por tu comentario, Blanca. Siempre es un honor leer tus reflexiones. Por cierto, estaré encantado de llevar una pancarta enorme con tu nombre si alguna vez presentas un libro en Madrid.
      Un besazo, querida amiga.

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