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sábado, 17 de agosto de 2013

FALSOS DIOSES, DE PETER JOSEPH

No conocía a Peter Joseph ni había oído nada de su trabajo. Fue pura casualidad que me topase en Facebook con un hilo particular en el que no sé de qué se hablaba, pues solo me fijé en un par de comentarios de dos personas a quienes respeto: Blanca Miosi y Jordi Díez. El segundo le decía a la primera algo así como “por cierto, tenías razón cuando me recomendaste Falsos Dioses”.

Peter Joseph
Sabiendo que Blanca no recomienda nada que no le haya gustado, me puse a buscar en Amazon el título. Como el nombre del autor no me sonaba de ningún grupo de autores de los que formo parte, supuse que sería un escritor consagrado, ni siquiera español (su nombre no me dejaba ni la más mínima duda sobre ambas cosas. Felicidades por cierto al autor en este sentido).
Dispuesto a descargar la novela sin conocer su temática (no había visto la portada) y sin cuestionarme la decisión en función de su coste, me llevé una sorpresa mayúscula cuando comprobé de qué trataba y su precio: 0,95 €. Hice clic y me dispuse a leer.
Falsos Dioses, de Peter Joseph comienza así:



Al suroeste de Lhasa, Tíbet
12 de febrero de 1939

El grito del sherpa retumbó en las paredes de roca gris.
Había encontrado la entrada.
Hizo un gesto a los seis extranjeros para que avivaran el paso. La tormenta de hielo que ennegrecía el horizonte estaba a punto de engullirlos. Sin el equipo necesario y a esa altura tardarían cinco minutos en perder la coordinación muscular, diez en que se les petrificaran los órganos vitales y poco más en sufrir la muerte cerebral. Nawang había aprendido todo eso después de haber visto congelarse a media docena de escaladores.
Formaban una caravana insólita: abriendo la marcha, el hombrecillo de rostro tostado y cola de pelo negro subido a un yak cargado de bultos; y unos metros más atrás, a lomos de caballos tibetanos, la fila de barbas rubias, abrigos de piel y sombreros con la insignia de las SS...

… Lo despertó la voz.
Aturdido y escupiendo escarcha, el antropólogo consiguió estirar el brazo y agarrar la linterna. La voz pertenecía al sherpa. Estaba sentado con las piernas entrecruzadas, recitando alguna clase de oración, la vista fija en la oscuridad.
─Nawang, ve a buscar ayuda. Creo que tengo la espalda rota… ─Pero el sherpa no le oía. Parecía estar en trance─. ¡Nawang!
El antropólogo movió el haz de luz siguiendo la mirada del sherpa.
“¿Pero qué…?”
A unos tres metros de distancia, incrustado en la pared, había un enorme bloque de hielo y en su interior, el cuerpo momificado de un hombre.
En un rápido vistazo, sus ojos expertos en anatomía humana estudiaron la fisonomía del rostro, y luego descendieron examinando las proporciones del pecho, las caderas y las piernas.
“No puede ser verdad… ¡Lo hemos encontrado!”…

A partir de este episodio que forma parte del prólogo, la ACCIÓN se traslada a la Cancillería del Führer en Berlín, ocho meses después, y a mil y un lugares más. Y escribo ACCIÓN con mayúsculas porque esta novela te deja sin aliento, no da tregua alguna, desde la primera frase hasta la última.

Pocas veces me he enfrentado a una novela en la que acabo golpeado, tiroteado, traicionado o detenido, mientras vuelo en avión, corro por la campiña, conduzco o paseo por las calles desiertas y bombardeadas, tomo un café con una desconocida, falsifico documentos e investigo otros, me uno a grupos de paracaidistas y soldados de élite, soy atendido por la Resistencia… y todo ello en un sinfín de escenarios diurnos y nocturnos entre la Francia ocupada y Alemania.

Falsos dioses
Peter Joseph, con una escritura completa, elegante, culta, fácil de seguir, amena y variada, nos sumerge en la miserable condición nazi, pero sin entrar a describir los detalles escabrosos y demoníacos que abundaron en este lamentable episodio de la historia humana y que son frecuentes en literatura similar, en una obra primorosamente maquetada y corregida (parece mentira que se trate del primer trabajo de este autor).

Utilizando un buen número de personajes e historias independientes, el autor nos pasea por los años más dramáticos de la II Guerra Mundial, hasta que todo ello confluye en un espectacular desenlace que pone el punto final a una historia que hunde sus raíces en una terrible verdad ocurrida y sacada a la luz pública solo a medias.

Quienes amen la literatura negra, bélica y de espionaje, encontrarán en Falsos Dioses el libro ideal para estas vacaciones. Puedes descargar este magnífico trabajo haciendo clic sobre la imagen de la portada.

Recomiendo encarecidamente su lectura, mientras deseo a Peter Joseph una larga y próspera pluma.


Así lo pienso y así lo escribo.