NÚMERO DE VISITAS

lunes, 27 de enero de 2014

LAS BASES DE LA NOVELA: INTRODUCCIÓN II

Para que un motor funcione es imprescindible que esté alimentado. Puede ser mediante combustibles fósiles o con energía eólica, eléctrica, solar, nuclear, hidroeléctrica… Sin alimentación no hay motor, no importa qué bonito sea este o cuánto haya costado.

Pues bien, para que una historia funcione, es imprescindible que esté alimentada. Y aquí solo hay una cosa capaz de lograrlo: la curiosidad.
Vamos a ilustrarlo con “Las mil y una noches”.

Esta obra no solo resulta ser una metáfora de lo que es la literatura, es decir, algo capaz de curar, como le ocurre al rey del cuento, enfermo de odio por creer que todas las mujeres son infieles por naturaleza. Es que además, ejemplifica en la debilidad del rey la debilidad que tienen todos los lectores sin excepción: la curiosidad.

El libro es una recopilación de cuentos enlazados uno con el siguiente que obligan al rey a seguir escuchando cada noche de labios de Scheherezade, si es que quiere saber qué ocurre después, lo que impide que este la decapite como había hecho con las anteriores mujeres. Ella simplemente alimenta la curiosidad de su oyente.

Sencillo, ¿verdad? Pues no debe serlo tanto a juzgar por lo que muchas novelas publicadas transmiten.
Identificada con claridad la clave del éxito de una historia, llega la cuestión verdaderamente importante:

¿CÓMO CONSEGUIMOS NUTRIR
LA CURIOSIDAD DEL LECTOR?

Para responder a esta pregunta debemos comprender que hay 2 tipos de curiosidad, ambas relacionadas con la estructura de cualquier cuento o novela, algo de lo que escribiré dentro de dos semanas:

- PRIMARIA, relacionada con la escritura horizontal
- SECUNDARIA, relacionada con la escritura vertical

La curiosidad primaria se alimenta respondiendo a la pregunta: “¿Y qué pasó después?” De esta manera se desarrollan todos los cuentos infantiles desde el principio hasta el final, lo mismo que ocurre con las grandes obras de la literatura enmarcadas en el género que nos ocupa.

Por eso, cuando escribamos, hagamos que el lector se plantee esto permanentemente. Sin que se dé cuenta estaremos manteniendo su interés como escribí la semana pasada: desde “Érase una vez…” hasta “Y colorín colorado…”

En cuanto a la curiosidad secundaria, también se alimenta respondiendo preguntas. Pero estas ya no son tan simples como “¿Qué pasó después?” Aquí nos encontramos frente a frente con cuestiones de mayor calado o profundidad que desde luego deben ser contestadas: “¿Por qué?”, “¿Cómo?”, “¿Cuándo?”… La curiosidad secundaria concierne al significado de las cosas. Y satisfacer esta resulta indispensable si queremos escribir algo más que un cuento infantil (aunque la mayoría de ellos ocultan una profundidad considerable), pues a los niños les pasa como al rey de “Las mil y una noches”, que les suele bastar con saciar la curiosidad primaria.

Resumiendo: No hay historia sin curiosidad. Y solo alimentaremos esta haciendo que surjan preguntas, generando intriga sobre sus respuestas y alargando dicha intriga antes de satisfacer la curiosidad.



Así lo pienso y así lo escribo.

12 comentarios:

  1. Verdades como puños, amigo Eduardo. Cuando el recorrido de una historia te atrapa y no puedes dejar de leer capítulos, uno tras otro, es que la trama incluye todos esos elementos de curiosidad que citas.
    Excelente post!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Josep. Lo cierto es que ahí radica el quid de la cuestión. Un abrazo, amigo.

      Eliminar
  2. En los best seller, la curiosidad se alimenta capítulo a capítulo, con esas últimas líneas que te obligan a pasar página porque adelantan algo del siguiente.

    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Mayte. Si nos detuviésemos a estructurar de esta manera el final de cada capítulo, veríamos al lector pasando páginas sin poder detenerse. Muchas gracias por seguir aquí.
      Un beso.

      Eliminar
  3. Es curioso; llevo mucho años escribiendo, pero la inercia que me supone escribir nunca ha ido acompañada de la consciencia de estas cuestiones.

    Es cierto: leemos porque tenemos curiosidad y queremos saber más de la historia que nos están contando (o de los razonamientos que componen un ensayo o de los hallazgos en un artículo científico). Nunca me había planteando esas cuestiones, pero me parecen fundamentales y me alegro de haberlas descubierto.

    Muy interesante, sí sí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces damos por sentado que lo que escribimos es suficiente (al fin y al cabo nuestro "niño" siempre nos parecerá el más guapo). Pero detenernos por un instante y meditar en estas cosas es un ejercicio periódico que debemos no olvidar. Muchas gracias por tu comentario sincero.
      Un abrazo, Adri.

      Eliminar
  4. Es evidente que has sido profesor. Muy buen artículo!
    Muchos escritores no saben explicar estos "trucos" narrativos. Lo hacen de manera intuitiva sin preparación, a prueba y error.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, Marlene, un comentario como el tuyo me honra y ruboriza. Muchas gracias. Es verdad: antes de lanzar una "clase magistral" hay que prepararla. Te confieso que este post está escrito hace un mes y medio y lo he repasado y retocado varias veces desde entonces. Creo que el truco radica en comenzar entendiendo de qué se habla, asumirlo como propio y luego explicarlo con palabras y ejemplos sencillos.
      Un beso, amiga, y muchas gracias por estar aquí. Tu experiencia en el mundo comercial/literario es un aliciente para mí.

      Eliminar
  5. Me viene muy bien lo que dices, especialmente estos días que quiero dar un giro a mis novelas introduciendo aspectos que no tenían. Otroi más. Veré si esas preguntas se las haría alguien al leerlas. Gracias, maestro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Solo compañero, Mercedes. Maestro es una palabra muy grande y yo soy muy pequeño. Muchas gracias por seguir la serie. Un beso.

      Eliminar
  6. Buena arma, la curiosidad del lector.
    Enhorabuena Eduardo! Muy interesante!!

    Saludos!

    ResponderEliminar