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lunes, 24 de marzo de 2014

LAS BASES DE LA NOVELA: LOS PUNTOS DE GIRO

Tal como un menisco facilita el movimiento articular entre dos huesos, así los puntos de giro actúan en un texto como módulos transicionales.

En la estructura básica de la novela solo hay dos puntos de giro: el primero se encuentra entre el planteamiento y el nudo, y el segundo entre el nudo y el desenlace.


Estos dos movimientos hacen que la transición de una sección a otra se produzca sin regresiones, es decir, que una vez iniciada la historia, esta sea conducida inevitablemente hacia su desenvolvimiento, evolucionando siempre hacia su final.

¿Qué podría impulsar la historia, evitar que se estanque? Un quiebro en los acontecimientos, la aparición de situaciones no previstas, un nuevo escenario de suspense, una acción inesperada que reavive la cuestión sobre la que da vueltas la historia, la decisión arriesgada de uno de los protagonistas, una sorpresa que provoque dudas, incluso una palabra que eleve la tensión y la conduzca hacia una nueva dirección… Todo esto son PUNTOS DE GIRO, sucesos que mueven la historia.

Regresemos a La dama del perrito. Puesto que ya conocemos este cuento, tratemos ahora de descubrir los dos puntos de giro que contiene.
Si retomamos la historia desde el principio, encontramos a los dos protagonistas (Ana y Dmitri) viéndose, paseando juntos, etc.
Aparentemente el cuento podría tratar de la amistad entre dos personas de sexos contrarios, hasta que llega el primer punto de giro. Ocurre en el embarcadero y se trata de un beso. Pregunta: ¿estamos ante una aventura?

Recordemos que los puntos de giro impulsan la historia hacia alguna parte. El transcurrir de los acontecimientos durante ocho días podría alargarse nueve, diez, once… Pero ese beso eleva la tensión y el riesgo de los personajes. Y sobre todo, obliga al lector a preguntarse: “¿qué ocurre después?”
Además, Chejov alarga este primer punto de giro, como si ocurriese en dos fases: primero con el beso propiamente dicho y después, y reforzando a este, la frase que Dmitri pronuncia nada más separar sus labios de los de ella: “Vamos a tu cuarto”. Ahora ya no hay duda: tenemos aventura. Entramos de lleno en el desarrollo. Y el relato avanza.

¿Dónde está el segundo punto de giro?
A lo largo del desarrollo, la relación de los protagonistas va evolucionando, les ocurren cosas. Pero solo una de esas cosas será la que provoque el aceleramiento de la historia hacia su inevitable desenlace. Ocurre en la habitación del hotel en Moscú donde Ana y Dmitri han tenido un encuentro más. Allí tienen que suceder algo diferente, pues La dama del perrito no es un cuento erótico.
El caso es que esa relación ya no les aporta el vértigo de lo prohibido. Incluso sus sentimientos han cambiado y están mucho más maduros y menos impetuosos. Así que Chejov provoca la circunstancia que les obligará a tomar una decisión trascendental: Dmitri, el seductor profesional que aprovecha cualquier oportunidad que una mujer le presente, se ha enamorado. Y como ambos comprenden que tal y como iban no pueden continuar, la historia gira hacia su desenlace, que en este caso es abierto.

Como vemos, los dos puntos de giro han impulsado la acción, asunto fundamental si se desea convertir una novela o cuento en una corriente fresca de agua y no en una charca inerte.

Pero a lo largo de cualquier narración que se precie, es necesario incluir lo que algunos estudiosos llaman PUNTOS DE ACCIÓN o TENSIÓN, distintos de los de giro, pues no sirven para hacer la transición entre los tres bloques (planteamiento, nudo y desenlace).
Puede ser cualquier suceso que aliente la acción y se puede dar en cualquier parte del texto y en la cantidad que su autor decida.
Para entender la diferencia entre ambos tipos de “puntos”, te invito a repasar por tu cuenta el cuento (valga la redundancia) de Chejov. Busca aquellas reacciones, respuestas o situaciones que ocurren a lo largo de la narración. Verás que son muchos los elementos que la refuerzan, manteniéndola con vida.

En resumen: utiliza bien la estructura básica de una novela (planteamiento, punto de giro, desarrollo, punto de giro y desenlace), con puntos de acción repartidos por aquí y allá. No olvides que si una historia es plana, lineal, sin “montañas”, sin tensión, entonces será un petardo mojado.

Y con este post cierro la primera parte de la serie LAS BASES DE LA NOVELA. Recuerda que aún queda un interesante camino por explorar:

- EL VIAJE DEL HÉROE
- EL NARRADOR
- EL RITMO
- LA CONSTRUCCIÓN DE LA ESCENA
- EL ORDEN DE LA ESCRITURA DE UNA NOVELA
- EL CUENTO INFANTIL
- ERRORES FRECUENTES Y SU CORRECCIÓN
- EL ENVÍO DEL MANUSCRITO A LA EDITORIAL

Pero eso será más adelante, pues debería avanzar mis dos proyectos literarios: El enigma de Calaf y Favia, que uno se convierte en escritor solo cuando escribe y publica. Además, poca credibilidad tendría como "profe" si mi currículum solo anota una novela publicada en condiciones, ¿no crees?
Os espero a la vuelta.

Así lo pienso y así lo escribo.

domingo, 16 de marzo de 2014

LAS BASES DE LA NOVELA: EL DESENLACE

Las pasadas semanas hemos estado insistiendo en la importancia de hacer un buen planteamiento y un gran nudo para nuestra novela. Y con esfuerzo es posible que lo hayamos logrado. Pero ahora llega el momento crucial: o rematamos bien la faena o todo quedará en un “pudo haber sido y no fue”.

Si al leer la palabra fin el lector dibuja en su rostro una sonrisa, sacude la cabeza de un lado a otro, exclama: “¡Madre mía!”, manifiesta sorpresa y respeto, resopla por no quitarse el sombrero, se emociona o se ríe… cualquier cosa menos una expresión de incredulidad o desengaño, entonces habremos alcanzado el objetivo: la satisfacción del que nos honra leyendo nuestro trabajo.

Desenlace significa literalmente “deshacer el lazo, el nudo”. Así que la sola expresión ya resulta suficientemente esclarecedora, ¿verdad?

Manteniendo la fórmula que expliqué en las dos entradas anteriores, esta sección de la estructura de una novela o cuento ocupará aproximadamente un 13 % del total de la obra (en una novela de 30 páginas, el desenlace se presentará durante las últimas 4), claramente identificada entre el segundo punto de giro y el final de la historia.



Vamos a retomar el cuento La dama del perrito, de Chejov.
En el último post dejamos a Ana y Dmitri en la habitación de un hotel moscovita, en uno de tantos encuentros furtivos. Pero en esta ocasión va a ocurrir algo que precipitará la historia hacia su final: el segundo punto de giro, asunto que trataremos la semana que viene.

Esta situación pone a los protagonistas ante una decisión trascendental: o continúan tal y como están, o sea, encontrándose a escondidas, o abandonan la relación o la consolidan con todas las consecuencias. El caso es que se ha iniciado una cuenta atrás imparable.

Escrito esto, no podemos caer en el tópico de cerrar la historia con un final feliz del tipo y fueron felices y comieron perdices. Tampoco conviene alimentar las emociones negativas del lector que mencionaba en el segundo párrafo resolviendo la historia con un vinieron los extraterrestres y lo arreglaron todo.

El desenlace debe ser tan creíble como lo fue el nudo, sino más.
Cuidado con apretar tanto el nudo que luego no seamos capaces de deshacerlo. Ojo también con precipitarlo como si al día siguiente nos esperasen en un concurso literario. A mí me ocurrió esto último con No a nosotros, Señor. Después de haber trabajado bastante correctamente el nudo, solucioné los problemas que yo mismo había creado de una manera completamente inverosímil y apresurada, como algunos lectores a quienes respeto me hicieron notar.
Por cierto, el otro día me sorprendió encontrar en Amazon esta novela (que yo mismo retiré de la circulación hace años) a la venta en una especie de mercado de segunda mano... a 49,50 euros más 2,99 euros por gastos de envío.
¡Por Dios! ¡Si está fatalmente escrita! Aunque, pensándolo bien, a lo mejor es justo por eso. En fin, aún conservo varios centenares en un sótano a la espera de una hoguera. Si alguno quiere ver cómo no se debe escribir ni maquetar una obra, solo tiene que pedirme un ejemplar que le enviaré con gusto por solo 10 euros más gastos de envío, jejeje.

Volviendo a lo que nos ocupa, podemos decir que hay dos maneras generales de resolver un desenlace:

- DESENLACE CERRADO
La historia no tiene más recorrido y finaliza de manera clara y evidente para el lector.
Esto ocurre si muere el protagonista, se soluciona de manera definitiva el problema que se planteó en el nudo, el que cuenta la historia la concluye, y así por el estilo.
Un ejemplo de final cerrado es La isla del tesoro, de Robert. L. Stevenson.

- DESENLACE ABIERTO
En este caso, la historia no tiene una resolución clara, por lo que le corresponde al lector suponerla o imaginarla.
En mi modesta opinión, esta opción es la más utilizada actualmente, sobre todo desde que el llamado “realismo sucio” norteamericano sustituyó al estilo clásico del siglo XIX que no contaba con los lectores y se lo daba todo hecho.
Esta corriente literaria, cuyos padres reconocen haberse inspirado en Antón Chejov, no solo presenta como protagonistas a gente “corriente” apartada del tipo que alcanza y vive el sueño americano, sino que emplea desenlaces abiertos, conscientes de la inclinación natural del lector a terminar las historias según su interpretación personal.
En este caso, un final abierto en el que no se explique todo, no solo concede al lector la importancia que tiene, sino que le concede el maravilloso privilegio de interpretar.


Así lo pienso y así lo escribo.

lunes, 3 de marzo de 2014

LAS BASES DE LA NOVELA: EL NUDO

El nudo o desarrollo es la parte de la novela que va desde el primer punto de giro hasta el segundo y último punto de giro.



Este sector de la estructura es el más amplio. Si tomamos como referencia la fórmula mencionada en el post anterior, el nudo ocuparía el 67 % de la obra. Así, en una novela de 30 páginas sería el equivalente a 20 de ellas.

Aquí es donde se aportan las soluciones a los problemas que se presentaron en el planteamiento. Se abren nuevos interrogantes. Algunos de ellos se solucionarán rápidamente, en tanto que otros servirán para alargar y elevar la tensión dramática que mantendrá al lector pegado a las páginas de nuestra obra.

Si tomamos como modelo La dama del perrito, de Chejov, (si pinchas en el título enlazarás con el cuento) su nudo se centra en los diversos vaivenes que sufre la relación entre Ana y Dmitri desde que ocurre el primer punto de giro: el beso, hasta el segundo punto de giro, ocurrido en la habitación de un hotel en Moscú. (De los puntos de giro escribiré dentro de dos semanas).

Durante este espacio de tiempo y páginas, Chejov logra alentar continuamente su historia, manteniendo al lector en vilo y haciendo que se pregunte “¿Cómo va a terminar esto?”

En el nudo hay que hacer un ejercicio de imaginación considerable, pues no podemos olvidar que se trata de la narración de una crisis donde la trama debe complicarse por momentos, un espacio en el que la tensión aumenta más y más. Es la acción, el cuerpo de la novela, el espacio en el que evolucionan los personajes, una carretera de una sola dirección que desemboca inevitablemente en el desenlace.

Si el desarrollo de la historia resulta previsible para el lector, será porque el escritor no supo ocultar su jugada. Entonces es mejor cambiar la estrategia, pues no hay nada más desalentador que la previsibilidad del argumento. Así que, mucho cuidado. Al ser la parte de la obra en la que ocurren más cosas, es la parte de la obra en la que podemos meter la pata más veces.

Por otro lado, y muy significativo, aunque se considera la sección argumental más importante por ser la que aguanta todo el peso de la historia, no sería nada si no se une bien con el planteamiento y el desenlace (del que escribiré la semana que viene).

Incluso podría contener un “falso desenlace”, como ocurre en El pozo de Harod, que sirva para aumentar el suspense y sorprender al lector en pleno nudo, que no desnudo.


Así lo pienso y así lo escribo.