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domingo, 16 de marzo de 2014

LAS BASES DE LA NOVELA: EL DESENLACE

Las pasadas semanas hemos estado insistiendo en la importancia de hacer un buen planteamiento y un gran nudo para nuestra novela. Y con esfuerzo es posible que lo hayamos logrado. Pero ahora llega el momento crucial: o rematamos bien la faena o todo quedará en un “pudo haber sido y no fue”.

Si al leer la palabra fin el lector dibuja en su rostro una sonrisa, sacude la cabeza de un lado a otro, exclama: “¡Madre mía!”, manifiesta sorpresa y respeto, resopla por no quitarse el sombrero, se emociona o se ríe… cualquier cosa menos una expresión de incredulidad o desengaño, entonces habremos alcanzado el objetivo: la satisfacción del que nos honra leyendo nuestro trabajo.

Desenlace significa literalmente “deshacer el lazo, el nudo”. Así que la sola expresión ya resulta suficientemente esclarecedora, ¿verdad?

Manteniendo la fórmula que expliqué en las dos entradas anteriores, esta sección de la estructura de una novela o cuento ocupará aproximadamente un 13 % del total de la obra (en una novela de 30 páginas, el desenlace se presentará durante las últimas 4), claramente identificada entre el segundo punto de giro y el final de la historia.



Vamos a retomar el cuento La dama del perrito, de Chejov.
En el último post dejamos a Ana y Dmitri en la habitación de un hotel moscovita, en uno de tantos encuentros furtivos. Pero en esta ocasión va a ocurrir algo que precipitará la historia hacia su final: el segundo punto de giro, asunto que trataremos la semana que viene.

Esta situación pone a los protagonistas ante una decisión trascendental: o continúan tal y como están, o sea, encontrándose a escondidas, o abandonan la relación o la consolidan con todas las consecuencias. El caso es que se ha iniciado una cuenta atrás imparable.

Escrito esto, no podemos caer en el tópico de cerrar la historia con un final feliz del tipo y fueron felices y comieron perdices. Tampoco conviene alimentar las emociones negativas del lector que mencionaba en el segundo párrafo resolviendo la historia con un vinieron los extraterrestres y lo arreglaron todo.

El desenlace debe ser tan creíble como lo fue el nudo, sino más.
Cuidado con apretar tanto el nudo que luego no seamos capaces de deshacerlo. Ojo también con precipitarlo como si al día siguiente nos esperasen en un concurso literario. A mí me ocurrió esto último con No a nosotros, Señor. Después de haber trabajado bastante correctamente el nudo, solucioné los problemas que yo mismo había creado de una manera completamente inverosímil y apresurada, como algunos lectores a quienes respeto me hicieron notar.
Por cierto, el otro día me sorprendió encontrar en Amazon esta novela (que yo mismo retiré de la circulación hace años) a la venta en una especie de mercado de segunda mano... a 49,50 euros más 2,99 euros por gastos de envío.
¡Por Dios! ¡Si está fatalmente escrita! Aunque, pensándolo bien, a lo mejor es justo por eso. En fin, aún conservo varios centenares en un sótano a la espera de una hoguera. Si alguno quiere ver cómo no se debe escribir ni maquetar una obra, solo tiene que pedirme un ejemplar que le enviaré con gusto por solo 10 euros más gastos de envío, jejeje.

Volviendo a lo que nos ocupa, podemos decir que hay dos maneras generales de resolver un desenlace:

- DESENLACE CERRADO
La historia no tiene más recorrido y finaliza de manera clara y evidente para el lector.
Esto ocurre si muere el protagonista, se soluciona de manera definitiva el problema que se planteó en el nudo, el que cuenta la historia la concluye, y así por el estilo.
Un ejemplo de final cerrado es La isla del tesoro, de Robert. L. Stevenson.

- DESENLACE ABIERTO
En este caso, la historia no tiene una resolución clara, por lo que le corresponde al lector suponerla o imaginarla.
En mi modesta opinión, esta opción es la más utilizada actualmente, sobre todo desde que el llamado “realismo sucio” norteamericano sustituyó al estilo clásico del siglo XIX que no contaba con los lectores y se lo daba todo hecho.
Esta corriente literaria, cuyos padres reconocen haberse inspirado en Antón Chejov, no solo presenta como protagonistas a gente “corriente” apartada del tipo que alcanza y vive el sueño americano, sino que emplea desenlaces abiertos, conscientes de la inclinación natural del lector a terminar las historias según su interpretación personal.
En este caso, un final abierto en el que no se explique todo, no solo concede al lector la importancia que tiene, sino que le concede el maravilloso privilegio de interpretar.


Así lo pienso y así lo escribo.

10 comentarios:

  1. Que buenos consejos das, gracias.

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  2. Te olvidaste, en la lista de lo que no se debe hacer 'el protagonista se despertó y todo había sido un sueño'. Se lleva mucho. No seas tonto y vete vendiendo el libro uno de vez en cuando si te dan 50 euros, y alguien los quiere pagar, será que los vale. Es la ley del mercado. Yo también prefiero los finales abiertos, aunque reconozco que estas novelas (y películas) que de repente se paran, y no hay resolución ninguna, son frustantes. Me quedo con la impresión de que al creador no se le ocurrió un final.

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    1. Es verdad, Olga. Ese final tipo "Los Serrano" es terrible. Como dices, sugiere falta de imaginación o escasos recursos. Muchas gracias por participar. Un beso.

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  3. Dicen que según la historia puede venir bien un final abierto o cerrado. A mí me gustan más los finales abiertos, soy carveriano. Gracias por la entrada.

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    1. Estoy de acuerdo, Manuel. La historia puede condicionar su desenlace. A mi tambien me gustan abiertos. Le da juego al lector. Gracias a ti por seguir la serie. Un abrazo.

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  4. Interesante entrada, Eduardo.
    Yo también soy más de finales abiertos. Lo que no significa, como dice Olga, que se pare la historia de repente, sino que hay un desenlace que resuelve el conflicto (o no), pero la novela podría continuar y el lector puede jugar a imaginar como sigue.
    Saludos!

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    1. ¿Ves cómo sabes mucho? Ratifico cada palabra, Lola. Un besazo, guapa. Y muchas gracias por honrar este humilde blog.

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  5. Muy bueno amigo Eduardo, siempre das una cátedra de literatura de una clara y sencilla!! felicitaciones y muchas gracias por tus artículos.

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    1. Me ruborizo al leer tu comentario. Muchas gracias, compi. Un abrazo sincero.

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