NÚMERO DE VISITAS

sábado, 2 de mayo de 2015

404 DÍAS SIN LIMPIAR EL POLVO

Hace 404 días que publiqué la última entrada en este blog. Pertenecía a una serie que pretendía ayudar a quienes se plantean escribir una novela, y quedó interrumpida cuando me programé un descanso. Al final, la tregua se enlazó con mucho trabajo, crecieron las preocupaciones, cambiaron las prioridades, camuflé mis ilusiones y… aquí estoy 404 días más tarde, paño en mano.

Esta noche he soñado con mi amiga Mercedes Gallego, la reina indie de la novela negra. En mi sueño se había convertido en una aristócrata mujer que se ponía en contacto conmigo para encargarme la escritura de una novela: ella ponía la historia y yo mi “arte”. Me excusé diciendo que no podría atender el encargo, que tengo mucho trabajo, que se acerca un nuevo proyecto educativo y de nuevo consumirá la mayor parte de mi tiempo…
Mientras me iba (no tengo ni idea de adónde, porque no me he movido del sofá), me invadió un terrible sentimiento de frustración. Siendo la escritura una de mis pasiones, llevo más de un año obligándome a sacrificarla en aras de responsabilidades serias, olvidándome del hecho probado de que rindo mucho mejor cuando soy capaz de desintoxicarme de la realidad a través de dicha pasión, sin obviar que parece haber una extraña relación entre la frustración y el insomnio. Así que regresé a su mansión (Mercedes Gallego vivía en una, como no podía ser de otra manera) y no la encontré. Había pasado la oportunidad, y me desperté asaltado por multitud de sentimientos que ya no me han permitido hallar a Morfeo.

Entre las reflexiones que me conquistaban a oscuras estaba la que me produjo una situación un tanto surrealista: hace unas semanas estaba recomendando a una persona la escritura como terapia para el alma. Y ahí estaba empleando todo mi entusiasmo convenciéndola del bálsamo que supone escribir… yo, que he abandonado todo lo que me importaba y llenaba literariamente, que he dejado de leer, que no he sido capaz de continuar mis proyectos, entre los que están dos novelas y este blog. ¡Qué hipócrita!, ¿no?

Así que acabo de decidir ponerme al teclado para otra cosa que no sea solo preparar cursos. Y como creo que he perdido el ritmo, empezaré por aquí mismo.
A partir de este momento volveré a publicar desde esta tribuna. Y advierto que puede ser sobre cualquier cosa, pues se trata de engrasar la maquinaria, de romper la tediosa inercia de la falta de letras que se ha apoderado de mí.
Además, cuando cierro los ojos y me concentro, parece que escucho como hace años a los personajes pendientes exigiendo que les presente a mis amigos y lectores.
¿Se estará aproximando un cambio? ¿Serán las musas que han dejado de pasar de mí?

Bueno, quiero disculparme por aburriros con mis fantasmas. Necesitaba ponerme otra vez delante de una hoja en blanco. En realidad, todo lo que acabo de escribir me lo estoy diciendo a mí mismo; se trata de una autoregañina que espero provoque un giro interesante en la estructura de mi novela vital.


Así lo pienso y así lo escribo.