NÚMERO DE VISITAS

martes, 2 de junio de 2015

FERIA DEL LIBRO 2015. UNA CRÓNICA.

El cielo, con fama de un azul que no destiñe, se había tornado blanquecino. Los árboles del inmenso jardín balanceaban cada vez más deprisa sus palmas más altas, batiéndolas con violencia como si aplaudiesen la inminente llegada de la ansiada lluvia. Torbellinos de polvo de los caminos permanentemente paseados se arremolinaban donde hubiese un desnivel, dibujando con maestría el ambiente típico de una tormenta de verano.  El bochorno reinante ascendía en intensidad, y ese aroma único de la tierra mojada excitaba nuestros sentidos, obligándonos a buscar cobijo bajo el paraguas natural de un castaño veterano aunque aún no había caído ni una sola gota.
A menos de media hora de la apertura de la primera jornada de tarde de la Feria del Libro de Madrid, libreros y lectores miraban a lo alto con recelo, implorando una tregua…

Yo también lo hacía, especialmente porque estaba acompañado de dos niñas amantes de la literatura: Andrea y Sandra (15 y 18 años respectivamente), lectoras voraces de la mayoría de cosas escritas en la lengua de Cervantes, escritoras incipientes y una de las cuales no solo nunca había estado en la Feria del Libro, sino que era la primera vez que pisaba el pulmón de la ciudad. La verdad es que me habría fastidiado sobremanera la suspensión de la fiesta que al final significó para ambas la visita.
Pero Wenchang Wang (haré la pelota a los chinos, no sea que cuando acaben de comprar el mundo me deshereden) tuvo piedad y puso en orden las cosas, dejando en anécdota lo que aparentaba ser un suceso relevante.
En fin, alegorías al margen, esta edición de la Feria resultó muy especial para mí.

Inicié el recorrido con mis jóvenes acompañantes, que enseguida aceptaron el rol del visitante curtido, deteniéndose en todas y cada una de las casetas donde se exhibiese el cartel “juvenil e infantil”, investigando el género expuesto sobre los mostradores y solicitando con desparpajo que el librero de turno sacase lo que tenía en los estantes más lejanos, mientras yo permanecía en un segundo pero atento plano. Incluso llevaban una lista de títulos y autores de su interés, algo que yo no he hecho nunca.

Al final compraron media docena de libros. Y cuando leía las correspondientes sinopsis o les preguntaba de qué trataban, me iba convenciendo más y más de lo difícil que me resultaría escribir para esas edades.


Yo, por mi parte, también tenía un plan concreto: visitar la caseta 14, donde mi admirada amiga María José Moreno firmaba ejemplares de su último trabajo, un libro infantil con el cuento de Pepe Pepino, un “niño” que tiene la cabeza con dicho perfil porque así es la forma de su planeta.
Era la excusa ideal para reencontrarme con amigos escritores a quienes tengo el honor de contar entre mis compañeros de fatigas. Así, rindiendo pleitesía a la profesora de Psiquiatría en la Universidad de Medicina de Córdoba, me encontré con Mayte Esteban, Manuel Navarro y su esposa, Javier G. Valverde y Mercedes Gallego, con quien estuve charlando acerca de cómo deshacernos de un par de cadáveres que tenemos. Un verdadero lujo, en serio. Me siento privilegiado por poder acercarme a estas personas.


Y así fue acabando la jornada: un fantástico encuentro con los genios independientes, las niñas encantadas con la experiencia, mi nieto de dos años con un nuevo amigo verde y yo encantado de la vida por las tres cosas.

Así lo pienso y así lo escribo.

7 comentarios:

  1. Siempre es un gusto volver a verte, Eduardo. A mí me pasó este año lo que nunca, no pasé de la caseta 50 (y porque me acerqué a información a preguntar una cosa), porque la reunión improvisada alrededor de la 14, donde firmaba María José era para mí más fascinante que recorrer la Feria. Ya habrá otro día, el viernes era para disfrutar de vosotros.

    Un abrazo y cuidado a ver dónde dejas ese cadáver.

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    1. Yo hice de Cicerone y tampoco visité la Feria. Pero como tú dices, el encuentro de la caseta 14 me compensa con creces.
      Un beso, Mayte.

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  2. Y encadenada a tu encanto me quedé yo con la alegría de volver a verte y saber que pronto estarás en la misma lucha que todos. Ser visible. Te espero en este inacabable mundo de las letras en el que, para fastidiar a los mediocres, cabemos todos y nos apoyamos.

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    1. Precioso comentario, Mercedes. Aunque nos hemos visto en contadas ocasiones, quiero que sepas que eres una de las autoras que más respeto. Sigue pendiente ese vino en alguna taberna de Madrid (los modernos mentideros), donde seguiremos maquinando con nuestros cadáveres.
      Un beso.

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  3. Y tuvimos ocasión de comentar las cosas de la escritura y los avatares del trabajo, el tuyo, claro. Un reencuentro que promete nuevas quedadas para charlar y comer si se tercia, aunque, mirándome en la foto me temo que tendré que hacer la operación biquini. Abrazos.

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    1. No te mires tanto y quedemos para disfrutar de esos otros placeres de la vida que, como decía nuestro amigo común Julio, "tienen color rojo burdeos". Muchas gracias por tu comentario y por contarte entre mis amigos.
      Un abrazo.

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  4. Me encantó verte después de un año
    y me gustaría aún más verte a menudo por aquí, señal de que de nuevo andas entre palabras ;-) Un besote

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