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sábado, 23 de abril de 2016

EL POZO DE HAROD. RUTA 1: Algún lugar de Toledo

El destino que os propongo se relaciona directamente con las primeras letras de la novela...


Como planteo en este apartado de mi página web, cuando escribí El pozo de Harod no tenía en mente ningún lugar de Toledo en concreto. Sí quería que fuese un lugar de inviernos extremos, sobre todo para la fecha que se indica, con el fin de predisponer al lector a seguir leyendo con una sensación de recelo, que esperaba acrecentar con la aparición de Torquemada y lo que se narra después.


Por cierto, algunos lectores me han indicado que la historia contada en la primera parte del prólogo resulta demasiado explícita. Sin embargo, como indico en las notas finales: “siendo consciente de la dureza de las escenas, se ciñen por completo a la terrible y lamentable realidad de un pasado no tan lejano y son el resultado de estudiar una enorme cantidad de documentos de la Inquisición, ya desclasificados”.

Este personaje fue nombrado Inquisidor General por el papa Sixto IV a petición de la reina Isabel la Católica cuya imagen, escrito sea de paso, se ha querido adornar con la interpretación de la guapa Michelle Jenner en la serie que lleva su nombre, pero que en realidad era tan fea de apariencia como de alma, pues colocar a semejante fanático al servicio de la Iglesia solo podía traer las consecuencias que sabemos.

El caso es que históricamente Tomás de Torquemada andaba por Toledo al tiempo de la narración. Y puesto que el pueblo que os propongo, Caudilla, está ubicado en un terreno llano y expuesto al clima intenso, y dista alrededor de “un día de carreta” de la capital, Toledo, creo que puede reunir suficientes avales para ser nombrado oficialmente el “Algún lugar de Toledo” de El pozo de Harod.

La imagen del destino enlaza con la entrada del blog de Faustino Calderón, experto en pueblos deshabitados, con Caudilla como protagonista, donde veréis fotografías del lugar mientras os cuenta su historia real mejor que yo. 
Además, si os gustan los relatos sobre este tipo de pueblos, ahí hay para dar y tomar.

Pero si alguna vez lo visitas personalmente, mientras paseas por sus ruinas, intenta imaginar a Pedro de Villanueva y a su esposa separados a la fuerza de sus hijos y montados en una carreta de camino a Toledo donde ni se imaginan lo que les espera. ¿O tal vez sí?

Así lo pienso y así lo escribo.

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