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viernes, 15 de julio de 2016

EL POZO DE HAROD. RUTA 12: Monasterio de El Escorial (1ª parte)

Estamos ante uno de los caminos contenidos en El pozo de Harod que más me gusta.

Esta primera entrega de las dos que componen la ruta es un clásico en mi repertorio de “profe” de albañilería. Cada promoción de alumnos que tengo pasa por esta excursión gratuita, en la que les enseño Arquitectura y Magia en los exteriores del Monasterio. La mayoría de ellos, hasta quienes ya habían visitado el monumento, quedan gratamente sorprendidos al reparar en los detalles que nadie les contó.

Bueno, antes de visitar de cerca este enclave, me gustaría enseñaros un par de vistas del recinto y contaros en cada una de ellas una de las muchas leyendas que se narran sobre este maravilloso y misterioso lugar, cuentos que con el paso del tiempo y el boca a boca han ido modificando algunas pinceladas.

La primera vista es la “clásica”: desde la Silla de Felipe II.

Silla de Felipe II
Para llegar a este punto hay que conducir en el sentido natural de la carretera que pasa por delante del Monasterio, la carretera de Robledo, que termina cruzando con la M-505, que tomaremos en dirección a Madrid.
Enseguida, a la vuelta de una de las curvas, aparece una magnífica pero efímera imagen del edificio con la Sierra de Madrid al fondo.

Pero ese no es nuestro destino.
Hay que recorrer 2 km. por dicha carretera hasta llegar al desvío a la Silla, que está perfectamente señalizado. Giramos a la derecha y continuamos de frente hasta el final de la carretera, pues esta finaliza allí.
Podemos sentarnos en la silla de Su Majestad, pero lo que veremos del Monasterio es una imagen lejana que alimenta la sensación de que es imposible que desde allí Felipe II dirigiese las obras. Ahora bien, no menospreciéis la impagable visión del Bosque de la Herrería que circunda todo. Es precioso en cualquier época del año.


Y mientras recreáis la vista en semejante fondo, os cuento la primera leyenda: las tejas de oro…

Cuando el sol se posa sobre las torres del Monasterio, en su huida hacia el ocaso, se puede ver un fuerte brillo dorado en la cubierta de varias de ellas, dando la sensación de que hay piezas de oro en la construcción.
Pues bien, al tiempo de las obras, el embajador de Francia le preguntó a Felipe II si le sería sencillo terminar una obra tan grande o si por falta de medios se quedaría como muchas otras, sin terminar. En respuesta, el rey ordenó colocar una teja de oro en la torre central y dos más en las torres laterales que se ven desde la entrada a la basílica.

Ahora bien, puesto que el brillo dorado es completamente real, ¿será verdad que hay tejas de oro?
Pues lo cierto es que no. Lo que produce el brillo es la tapa de bronce dorado de las tres cajas que guardan las reliquias de Santa Bárbara, ya sabéis, aquella de la que nos acordamos solo cuando truena y que resulta ser (según la tradición religiosa católica) la protectora de los rayos y los truenos.
Felipe II ordenó situar dichos cofres ahí para proteger el recinto de las tormentas.



Y yo me planteo una cuestión: ¿cómo es posible que haya reliquias de esta señora repartidas por tantos lugares del mundo? Porque son unos cuantos los edificios religiosos europeos que dicen disponer de sus restos mortales. Digo yo que debía ser una “gran” mujer, ¿no?

Pues mientras decidimos si creer la verdad histórica de las cosas o dejar que la magia de la historia siga relatando sus leyendas, os invito a seguirme a mi lugar favorito, donde veremos desde arriba el Monasterio de El Escorial.


Para llegar hay que coger la carretera que une San Lorenzo de El Escorial con Guadarrama (M-600) hasta el km. 5,800. Ahí hay un desvío hacia el Arboreto Luis Ceballos, en la subida al monte Abantos, un lugar, por cierto, digno de visitar en otro momento. Te dejo el enlace a su página oficial.
A 1,5 km. se divisa por primera vez la figura inconfundible del Monasterio. Pero para disfrutar de la VISTA, aún debemos recorrer la pista forestal que hay debajo de nuestras ruedas y que se conserva en este tramo en buenas condiciones. Disfruta del viaje, pues encontrarás rincones como los que te muestro.



Pista forestal, km. 4,400.
Justo en este punto, en el mismísimo desvío azul hacia el Arboreto, la pista gira bruscamente a la derecha. Estamos en el lugar donde os recomiendo aparcar, pues es un ancho anticipo del posterior estrechamiento y grave deterioro del estado de la pista. Además, hay que regresar sobre nuestros pasos (a menos que conozcas bien la zona y sepas callejear por la carretera) para continuar el viaje hacia el Monasterio, por lo que conviene tener el coche en un lugar de fácil maniobra.
Caminamos hacia arriba 400 metros hasta el mirador de piedra. Si lo paseas en primavera-verano, déjate seducir por el intenso aroma de la jara y el canto de los pájaros.
Y ahora, contempla la imagen del edificio desde el mirador y dime si no te parece que Felipe II debería haber subido hasta aquí para dirigir mejor las obras.
Estás ante un complejo construido a mediados del siglo XVI. Aunque no lo veas con claridad, incluye un palacio, residencia de la familia real española. Dispone de una basílica con panteón, lugar de sepultura de todos los reyes de España de los Austrias y los Borbones excepto Felipe V y Fernando VI. Tiene un monasterio, originalmente atendido por monjes de la Orden de San Jerónimo y ocupado en la actualidad por frailes de la Orden de San Agustín. Y, por supuesto, alberga una extraordinaria biblioteca.

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid)

¿Por qué razón eligió Felipe II este entorno para su gran proyecto? Además de por el clima (la zona es fresca en verano) y por la proximidad de los materiales necesarios para la obra, algunos historiadores han apuntado una posible razón más espiritual. Y aquí es donde comienza la leyenda…

Cuando el Diablo fue expulsado del cielo, vivió algún tiempo en una cueva situada a los pies de este monte. Mientras tanto, anduvo por la Tierra creando siete puertas para acceder al infierno.
Puesto que los terrenos donde se levantó el conjunto ocupaban una mina de cobre que expulsaba azufre, la gente creyó que una de aquellas puertas estaba ahí.
Felipe II no era ajeno a esta leyenda medieval. Así que convocó a una comisión de expertos que aglutinaba filósofos, arquitectos, canteros, teólogos y el cronista real, a la sazón, el padre Sigüenza.
Según la crónica que él escribió, el grupo fue asaltado por un fuerte viento, casi huracanado, que les impedía llegar hasta la mina. Este fenómeno fue interpretado por el fraile como una respuesta demoníaca que pretendía disuadirles de situar allí un edificio religioso. Con todo, el rey ordenó la construcción con el fin de tapar la puerta al infierno.

Como posiblemente sepáis, hay quien sostiene la relación de esta edificación con el Templo de Salomón, cuyos planos, según la Biblia, fueron entregados por Dios mismo. Así que la idea de sellar la dichosa puerta con un templo debió parecerle al rey una misión encomendada por el Altísimo. Y esta es la razón de que el Monasterio esté plagado de referencias al rey Salomón, como iremos descubriendo.

Cuando hagáis las oportunas fotos, nos vamos.


Ya conocemos la ubicación del Monasterio, exactamente a 62 leguas y 1.191 varas de Madrid, así que vamos hacia allí y buscamos aparcamiento, siendo conscientes de dos cosas:



-   Los lunes está cerrado, así que mejor visitarlo cualquier otro día.
- El aparcamiento vigilado situado justo enfrente es carísimo, por lo que buscaremos dónde dejar el coche en la carretera, nada más pasar el edificio, a la derecha. Excepto en días de fiesta, en aquella zona es sencillo aparcar, aunque nos toque regresar a pie.

Bueno, al acercarnos por ese lado del Monasterio, podemos contemplar la fachada sur, dicen que la más bella de las cuatro. Pincha aquí para leer acerca de las cuatro caras de esta maravilla arquitectónica.

En esa zona está el acceso al Jardín de los Frailes, nuestro primer destino. Y nada más entrar, a la derecha, hallamos un pequeño patio, el Patio de la Botica. Como podéis imaginar, encima de él estaba la Farmacia Real.
Felipe II concibió este jardín como un huerto donde cultivar plantas y hortalizas, pero también como un lugar de placer, de ahí su repertorio de estanques y fuentes.

Para diseñar este paisaje, el rey estudió proyectos de jardines de España, Italia, Inglaterra, Francia y los Países Bajos y contrató aquí y allá los servicios de los jardineros más reconocidos.
Esto hizo que el jardín que hoy luce austero fuese en su origen un tapiz tan espectacular que en su día se comparó a las alfombras procedentes de Damasco o Turquía.

El entorno era en sí mismo un jardín botánico que incorporaba 70 variedades de flores y 400 de plantas, muchas medicinales y traídas del Nuevo Mundo.

Recorriendo hasta el final el Jardín de los Frailes, dejando a nuestro paso infinidad de accesos subterráneos que conducen hasta donde tu imaginación los lleve,  nos encontramos con los jardines privados del rey y de la reina. Pasamos a ellos por los accesos adintelados de piedra.

Jardines privados

Estos dos sub-recintos eran independientes en su génesis y permitían que Sus Majestades despachasen en privado con quien les apeteciese.
Como nota curiosa, hay una lápida en uno de los paramentos del jardín del rey a la memoria del general inglés William Wheatley. En ella se cita a lord Wellington, que no es otro que el duque que ayudó a los españoles a expulsar a Napoleón de España. Y es que esta parte del Monasterio hizo las veces de hospital durante buena parte de su historia, (véase la Galería de los Convalecientes en el enlace de las fachadas antes indicado) llegando soldados procedentes de los distintos frentes, algunos de los cuales murieron aquí, como es el caso del tal Wheatley.

Ahora es tiempo de acercarnos al edificio propiamente dicho, por el acceso principal de la fachada oeste.

Estás ante una de las arquitecturas renacentistas más singulares de Europa. De hecho, desde finales del siglo XVI se considera la octava maravilla del mundo, alcanzando en 1984 la categoría de Patrimonio de la Humanidad.

Juan Bautista de Toledo
La obra, conocida como “La Traza Universal”, fue ideada por el arquitecto real Juan Bautista de Toledo, que falleció cuatro años después de comenzar la construcción.

Sería un discípulo suyo, Juan de Herrera, el arquitecto que continuaría las obras hasta su conclusión, dejando unas maneras constructivas por todo el recinto que acabaron convirtiéndose en su sello personal.

Juan de Herrera
Si pinchas en la imagen de Juan de Herrera descubrirás algunos detalles del “estilo herreriano” presentes en la edificación y que de manera sorprendente pasan desapercibidos a la mayoría de sus visitantes.

Pero este edificio no solo es un icono arquitectónico único en Europa, sino que con el tiempo acabó convirtiéndose, y así sigue siendo hoy más que nunca, en depósito de las demás artes. Las pinturas, esculturas, cantorales, pergaminos, libros y demás objetos contenidos aquí hacen del Monasterio de El Escorial un impresionante museo digno de ser visitado con calma.


Felipe II
Escultura frente al Jardín
Además de para cumplir la misión divina de tapar una de las bocas del infierno, Felipe II levantó esta construcción para conmemorar su victoria militar contra los franceses en la batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557, día de san Lorenzo.

El origen arquitectónico de su planta, que mide nada menos que 33.327 m2., es muy controvertido.

Aunque hay quienes aseguran que tiene la forma de una parrilla invertida en honor a su patrón, que fue invitado forzoso a una barbacoa que dudo mucho que acabase siendo de su agrado, parece que la idea del rey partía de su obsesión con el Antiguo Testamento y con el Templo de Salomón en particular, como comenté antes.


Plano de la planta
Así, aunque las medidas no se corresponden entre sí, el modelo arquitectónico original de este edificio pretendía basarse en aquel.

Sin embargo, desmitificando la relación entre el santo y la parrilla en el concepto original del proyecto, lo cierto es que fue Juan de Herrera quien cambió el diseño una vez se hizo cargo de las obras, eliminando seis torres interiores, levantando una en cada esquina y cerrando los patios. De modo que la forma del edificio y la muerte del santo titular es solo una casualidad, bien aprovechada durante siglos, desde luego.


Todas las cubiertas del conjunto están realizadas con ladrillos montados sobre estructuras de madera y, sobre ellos, planchas de plomo y teja de pizarra.

Incendio Monasterio de El Escorial
Óleo en Museo del Prado
No es de extrañar que el incendio que sufrió el edificio en 1671 acabase con gran parte de su estructura, obligando a rehacerla con maderas traídas del Nuevo Mundo.


Que esta edificación es extraordinaria se sabe nada más verla. Pero os aporto algunos datos que apoyan esa sensación "a lo bestia":

Chimeneas
- 4.000 habitaciones y salas.
- 2.673 ventanas.
- 1.250 puertas.
- 86 escaleras (que no escalones).
- 11 aljibes.
- 88 fuentes.
- 9 torres.

Y ahora, antes de concluir esta ruta, dejadme que os descubra otros dos espacios incluidos en la visita gratuita: el Patio de los Reyes y la Basílica, pinchando en sus correspondientes enlaces.

Antes de irnos me gustaría dejar claro (pues hay mentes calenturientas que persiguen fantasmas), que la inmensa mayoría de los datos que aporto en la visita han sido estudiados directamente por mí, aprovechando mi condición de profesor de albañilería titulado, los contactos que poseo en Patrimonio Nacional y los seis años de investigación que realicé para escribir El pozo de Harod, novela en la que este edificio goza de un extraordinario protagonismo.
Ahora bien, hay un mínimo porcentaje que he extraído de Internet sin la más mínima intención de plagiar, copiar o hacer trampas. Si alguien se siente agraviado por esto, confío en que se ponga en contacto conmigo con el respeto que creo merecer. A cada uno lo suyo...

Espero que os haya gustado este recorrido parcial por la octava maravilla del mundo. Queda pendiente la visita interior, de pago. Pero eso será en la Ruta 13.

Así lo pienso y así lo escribo.

jueves, 14 de julio de 2016

MONASTERIO DE EL ESCORIAL. APUNTES DE ARQUITECTURA: El Patio de los Reyes

Para dar soporte a una de las rutas de El pozo de Harod, preparo este post en el que visitaremos el atrio de la Basílica del Monasterio de El Escorial (Madrid): el Patio de los Reyes.
Acedemos a esta zona atravesando la puerta principal del conjunto, pasando por debajo de la estatua de granito que representa a San Lorenzo.



Estás pisando un rectángulo de 64x38 m., lo que arroja una medida de superficie de 2.432 m2. con el sistema métrico que utilizamos hoy.
Aunque si aplicamos la historia de El pozo de Harod (no olvides que bajo tus pies está el espacio clave de la historia que allí se narra), medirá 685 (Bereshith).

Al echar un vistazo rápido alrededor, lo más probable será que te venga a la mente aquel acertijo:

“No existió jamás un tesoro como aquel. Era tan valioso y codiciado que su dueño no tuvo más remedio que esconderlo bajo el Bereshith de granito.
El hombre, que tenía que hacer un largo viaje, encargó su custodia a seis miembros de una noble familia y les prometió que, a su vuelta, lo repartiría…
Entonces le pidió al más viejo de los custodios que estuviese muy atento a la hora de su regreso, y partió."



Si miras la verdadera fachada de la Basílica verás las estatuas de 6 reyes de Judá, a saber (de izquierda a derecha): Josafat, Ezequías, David, Salomón, Josías y Manasés, una prueba más de la conexión que Felipe II buscaba con el Templo de Salomón…



En cuanto al acertijo, el rey David, el más viejo de los 6 por ser el primero, dirige la vista hacia un reloj situado en la fachada de la torre que se erige a su izquierda.
Sí, estás pisando la cubierta de la sala del tesoro de la Gran Orden del Ocho que está en algún lugar muy abajo… si te fías de la historia registrada en la novela, claro.

Ahora quiero enseñarte un detalle arquitectónico. Tiene que ver con las dos torres laterales que enmarcan esta fachada. Ambas son de planta cuadrada y se elevan nada menos que 72 m.
Si te fijas en el número de cuerpos que tienen cada una, verás dos. Pero en realidad son tres. El que no ves, el bajo, está incorporado en el interior de las edificaciones del convento que, por cierto, se iluminan de manera natural con el ventanal que rompe el centro del frontón triangular que remata la fachada.

Pero lo interesante y desgraciadamente poco conocido de este entorno está en la pared izquierda del Patio de los Reyes, según accedes a este.


Entre la octava y novena ventana, a la altura de la cornisa, se puede ver a duras penas una piedra con una cruz negra grabada sobre ella. Te ayuda a localizarla la figura de la cruz que hace la pizarra de la cubierta, pues está justo debajo.
Se trata, ni más ni menos, de la última piedra colocada en la construcción general, dando por finalizada la obra el 13 de septiembre de 1584, es decir, 21 años después de comenzar.

A este respecto no he comprendido a qué viene el dicho “dura más que las obras de El Escorial”, pues en aquel tiempo la edificación religiosa podía alargarse incluso siglos. No hay más que ver la duración de obras como las catedrales de Madrid o Barcelona…

He tratado de investigar el sentido del dicho, pero siempre me he topado con generalidades basadas en que los trabajos de ornamentación y los añadidos se prolongaron más allá del siglo XVII. En fin, ahí queda la frase…

Y colorín, colorado, el cuento del Patio de los Reyes ha terminado. Hay mucho más, pero espero que lo descubras en tu visita personal.

Así lo pienso y así lo escribo.