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martes, 27 de septiembre de 2016

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2016

“Nunca es tarde si la dicha es buena”.

Aunque no soy muy aficionado al refranero popular, tiro de esta conocida frase para justificar mi tardanza en publicar este post.
Tarde, porque tiene como referencia la pasada… pasadísima Feria del Libro de Madrid a la que, como suelo hacer estos últimos años, invité a acompañarme a varios “niños” que espero que un día sean los autores del momento.

Cartel 2016
Unos días antes del evento, paseaba por el pueblo donde vivo desde hace un montón de años y pasé junto a un grupo de chicos y chicas que estaban consumiendo su tiempo en una actividad ociosa como estar sentados en dos bancos de un parque, comiendo pipas, chocolatinas, bollitos industriales y bebidas, sembrando todo el suelo a su alrededor de los correspondientes envases y restos, sin mayor conversación que un "¡Mira!" señalando a su teléfono móvil y haciendo planes para el siguiente botellón en el que, según decían, buscarían emborracharse más deprisa que la vez anterior.
Ni se me ocurrió decirles algo, pues ya he visto otras veces cómo se enfrentan con un descaro absoluto y una medida de agresividad sorprendente a cualquier tipo de autoridad (léase alguien mayor que reprende su comportamiento y actitud nada cívicos), aunque yo, que he dado clase a chavales de esa edad, siento una inmensa tristeza por ellos y sus padres.

Entonces pensé en la suerte que tengo de tener como amigos a los mencionados “niños”, grupo al que cada año se suma alguno más.
Se trata de gente de edades entre los 15 y los 19 años, más o menos como los del parque, pero con las ideas clarísimas como consecuencia, a mi modo de entender, de leer. Bueno, de leer y escribir, porque todos ellos hacen sus pinitos en esto de compartir emociones mediante las letras.


El caso es que este año la Feria incorporaba una actividad que a todos les encantó: un Concurso de Microliteratura organizado por el periódico El País.
Aquí pudieron escribir un cuento o un poema con un máximo de 200 caracteres.
El premio era lo de menos, sobre todo porque había cola cada día para entregar el trabajo, lo cual debía elevar a decenas de miles la cantidad de posibilidades de no salir ganador.


El caso es que este año compraron libros, leyeron, conocieron autores y escribieron. No se podía pedir más a una tarde de literatura pura.

Tengo en mente varios proyectos. Actualmente trabajo en la creación de un curso de escritura creativa, un taller de relato y novela que ocupa la mayor parte de mi tiempo libre. Pero voy a explorar la posibilidad de hacer una revista literaria mensual, y es ahí donde contaré con mis “niños” y con muchos más.

Entretanto, en las próximas semanas, tengo la intención de ceder esta humilde tribuna a cada uno de ellos para que escriban lo que les dé la gana, con el propósito de que sus capacidades alcancen a más personas, y sus nombres comiencen a ser visibles.

Espero seguir compartiendo noticias sobre estos proyectos literarios…

En fin, menos mal que hay jóvenes que saben divertirse sin ensuciar el entorno y ser desagradables desde casi todo punto de vista. Menos mal que hay jóvenes comprometidos con la cultura. Menos mal que hay jóvenes que no serán manipulados, pues tendrán la mente clara cuando el futuro demande su talento.
Eso indica que no todo está perdido.

Así lo pienso y así lo escribo.

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