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miércoles, 19 de octubre de 2016

LA FUERZA DE EROS, de María José Moreno

Cada uno de los tres últimos años he leído cada una de las tres entregas de lo que María José Moreno denominó "La trilogía del mal".
Primero fue La caricia de Tánatos (de la que debí haber hecho una reseña), después El poder de la sombra y ahora La fuerza de Eros.
Me ha ocurrido con estas tres joyas de la literatura lo que es francamente difícil que ocurra. Se suele decir que “segundas partes nunca fueron buenas”. Y en este caso, no solo la segunda parte superó a la primera, sino que la tercera ha hecho lo propio con la segunda. Por tercer año consecutivo, la novela anual de María José Moreno ha conseguido convertirse en la mejor lectura del año en mi muy humilde pero realista ranking personal de lectura.

La fuerza de Eros
La fuerza de Eros me ha sobrecogido desde las primeras páginas.

Se trata de una novela tan adictiva como “gruesa”, que no resulta sencillo leer de una sentada (aunque he tardado en hacerlo solo seis horas en total).
La temática que aborda, siendo completa y desgraciadamente actual, no deja de afectar la sensibilidad del lector por su crudeza y realismo. Pero lo hace para bien, pues enseña por un lado y sobre todo, el arte de su autora para cazar sin remedio el interés del lector y, por otro, una realidad que pone los pelos de punta a quienes somos padres y abuelos.
En este punto recuerdo aquella frase conocida que incluí en El pozo de Harod: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, es decir, no podemos mirar hacia otro lado y pensar que el ser humano no puede ser tan malo.

Vuelvo a la obra en sí.
Un angustioso triángulo formado por un club de pedófilos con un poder casi infinito, el secuestro de una niña y la psicoterapeuta protagonista, es el esqueleto alrededor del cual María José Moreno teje una historia que tiene cerebro, cinco sentidos, músculos, vísceras, sangre y conciencia.

Se nota cómo la autora domina la teoría de la mente humana, haciendo súper creíble la trama. María José hace un uso del narrador desde varios puntos de vista digno de ser estudiado por los alumnos de cualquier taller de escritura creativa (eso pienso hacer cuando ponga en marcha dicho proyecto). El ritmo de la narración es vertiginoso y la descripción de los personajes, que han madurado igual que las relaciones entre ellos, hace de La fuerza de Eros una película.

Escribí más arriba que no resulta sencillo leerla de un tirón. Y quiero expresar con eso que el lector necesita ir haciendo la digestión del cuadro que presenta. El torbellino de emociones que provoca (para mí, sobre todo, el capítulo 49), obliga a parar y pasear diciéndote a ti mismo: “solo es ficción, solo es ficción…”. Pero no. Llegas de trabajar, pones las noticias y ahí está. Un caso, y otro, y otro. Negar la realidad es engañarse uno solo. Mercedes Lozano, la protagonista, lo explica muy bien cuando piensa: “La maldad tiene tantas caras con las que engañarnos, que la verdad puede ser una de ellas” (cita textual); atención al mensaje hacia quienes tutelamos menores. Y entonces regresas al libro y sigues siendo profundamente afectado.

En fin, La fuerza de Eros, una novela altamente recomendable, como sus dos hermanas mayores.

Así lo pienso y así lo escribo.